miércoles, 8 de abril de 2009

Semen


Justo en el momento de eyacular, se dio cuenta de una cosa: estaba perdidamente enamorado de ella. Aquel no era un orgasmo cualquiera, como los demás que había tenido a lo largo de su vida. No, aquello era un calambrazo en la espina dorsal, un infarto de miocardio, un tren cruzando a toda mecha su estómago, una bandada de mariposas aleteando en su garganta.
Hundió las yemas de sus manos en sus nalgas, y arrastró parte de su piel, de su vida, con él. Alcanzaron el clímax al unísono.
Mientras proyectaba su semen dentro de aquella vagina, comprendió de súbito que ya no habría marcha atrás.



Fotografía sacada de www.lablar.com

1 comentario:

eme dijo...

Es genial. Me ha encantado. Tanti auguri, Casteleiro.