jueves, 16 de abril de 2009

Propiedad privada



Pueden arrebatarnos todo. Las ganas, el ánimo, la libertad a punta de falacia, el trabajo, la casa, la memoria, la risa, la coherencia, la ideología, la idiosincrasia e incluso la vida; pero jamás podrán quitarnos nuestro legítimo derecho a soñar, a la esperanza, que es propiedad privada del alma y a nadie más le pertenece.

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