domingo, 26 de abril de 2009

¿Me oye alguien?


El mejor de los pecados el haberte conocido, tú no eres sin mí, yo sólo soy.... Mierda, me he quedado sin pilas.
Alberto trata sin éxito de volver a encender el mp3, que agoniza sobre sus manos. Vamos, vamos, reacciona, cabrón, enciéndete, no me dejes así, le espeta sobre la vía. Pero la pantalla vuelve a difuminarse, y Fito es engullido hacia las profundidades abisales del litio.
¡Joder, y tenía que pasarme precisamente ahora, que tengo que coger el metro!
Alberto odia el ruido, y a la gente. Por eso siempre sale de casa con sus oídos taponados. Los cascos de su mp3 son para él una coraza frente al mundo, que le defienden de las amenazas externas y le dictan los pasos que ha de dar en la vida. Ahora, sin música, se siente desnudo, ignorante.
Oye caminares extraños, risas, taladradoras, cláxones, conversaciones ajenas. Y cree morir. No soporta a ningún ser humano, él, de siempre, ha evitado por todos los medios relacionarse. Para qué, si la amplia mayoría son imbéciles perdidos, y el pequeño montante de gente que sobra, con el tiempo se vuelven gilipollas.
Ahora está sentado en el andén de Callao. Mira nervioso a ambos lados, temiendo tener que seguir escuchando más tonterías. Detritus de palabras. Una mujer se sienta a su lado. Ladea la cabeza mientras escucha música. Hija de puta, dáme tu mp3, le dice. Pero ella no le oye. ¡Es que no me escuchas, zorra, he dicho que me des tu puto mp3! insiste colérico. La mujer contempla ensimismada un cartel situado en la vía de enfrente, y parece tararear una canción. Alberto reconoce enseguida la melodía de Oasis. Oh, Sally Can´t wait.
¡Y encima provocando, la tía guarra! ¡Eh, eh, eh, eh, tú, sí tú, dame ahora mismo tu mp3 si no quieres que te lo arranque de los tímpanos, me oyes!
Un hombre se posa a su lado. También escucha música. El corazón de Alberto se acelera. ¡Joder, esto es un cómplot contra mí, panda de cabrones, qué asco de humanos! Alberto requiere la atención del ejecutivo que le flanquea. Lo hace usando la misma tonadilla agresiva que ha empleado con la chica. Sin embargo, él tampoco le escucha. De hecho nadie en todo el andén puede oírle: todos tienen los cascos puestos.
Alberto se percata de la situación, y su cabeza se bloquea. Nadie atiende a sus súplicas, ya desesperadas, ni parece que vayan a prestarle un casco para saciar su ansia. Nadie le escucha ni le oye. Todo el mundo va a lo suyo. En el andén, Alberto grita, y maldice su vida y la de los viajeros, hasta quedarse afónico, pero ninguno se apiada de él, ni siente lástima por su situación. Tan sólo ven a un hombre de rodillas, que parece estar interpretando una saeta. Sonríen, le señalan mudos. Comentan su desvarío con gestos sordos.
Alberto está al borde de la locura. De súbito, comprende muchas cosas.
Sale a la calle totalmente colapsado, y se para en el primer kiosko que observa.

- Hábleme, por favor, hábleme, pregúnteme por el tiempo que hace, o por el tráfico, o por mi madre, pero hábleme por favor, dígame algo.- le dice angustiado al quiosquero.
- ¿Estás bien, chaval?
- Oh, menos mal, ah, por fin, alguien que me escucha.

Y se abraza a él llorando.



Imagen extraída de http://musicaparasordos.files.wordpress.com

8 comentarios:

Carolina dijo...

Me mató, al punto de no saber que decir...

abrazos

Rodrigo Casteleiro dijo...

Muchas gracias, carolina


abrazos

MiAu dijo...

A mi me pasa al revés. Me gusta oir las conversaciones de la gente, unas mas y otras menos interesantes,claro. Sólo me pongo los cascos cuando paseo sola y no voy a tener a nadie cerca...

Las putas musas vuelven amigo.... :)

Rodrigo Casteleiro dijo...

fíate de las putas musas y no corras...

~itziar~ dijo...

Menuda faena le ha hecho el mp3 al pobre...

Es una putada que la batería te deje colgado justo cuando estás saboreando esa canción que tanto te gusta!

Me pasa muy a menudo...

Rodrigo Casteleiro dijo...

ya es una putada, a mi me pasa siempre cuando voy a entrar al metro...


saludos itziar!

Anónimo dijo...

Una vez que te acostumbras al sonido de tu vida andando, no hay manera de volver al ensordecedor ruido del mundo.

¡No soporto cuando me quedo sin mi música! O un casco se me estropea...

Rodrigo Casteleiro dijo...

Veo que no soy el único al que le jode (y mucho) quedarse sin pilas, o que se le estropee el casco derecho...

saludos