viernes, 10 de abril de 2009

Lavadoras


Poner la lavadora tiene algo de purificante. No se trata de una simple acción mecánica, va más allá de lo doméstico. Es el milagro de los panes y los peces.
Uno mete dentro toda su ropa sucia y esta sale limpia, sin pecado alguno. Aunque antes estuviera manchada de sangre, o corrompida por la lujuria. Da igual, el detergente se encarga de absolvernos, y encoger, de nuevo, nuestras malas acciones. Nos redime de la culpa, hasta hacerla leve como una mota de polvo.

Lástima que los sentimientos destiñan, y haya que lavarlos a mano. Para las penas, no hay lavadora que valga; estaría bien que alguien inventase una máquina, que limpiara nuestra alma, por muy sucia que esta estuviera. Poder centrifugarnos por dentro, como lo hacemos por fuera.
Entonces, no me importaría mezclar en una misma colada mis penas y alegrías, y sacarle color a mis lágrimas.




-Para Bgo-



Fotografía sacada de auncentimetro.blogspot.com/