miércoles, 1 de abril de 2009

Goteras en casa



En esto del amor, yo solía saltar sin paracaídas. ¿Para qué? si total, la vida son dos días, y ella me quiere, no me voy a estrellar, pensaba.

Entonces, no tomaba ningún tipo de precaución, y sí mucho impulso: para alcanzar el cielo, para seguir flotando encima de mi nube. Ella, por su parte, se encargaba de cogerme, de abrazarme cuando empezaba a caer en picado. Así, nunca me pasaba nada, ni un mal rasguño me salía por tirarme al vacío a pelo. Por quererla ciego, vaya.

Hasta que un día, volví a saltar, como siempre, como todos los días, y ella se apartó, se quitó de en medio, y a mí se me rompió el corazón por tres partes distintas. Triple fractura craneosentimental, dijeron los médicos.

Hay personas que llegan a tu vida como se marchan. De improviso.
Se instalan en tu rutina, ocupan tu espacio, te vacían, incluso, el alma y la nevera; y después huyen a la carrera. Y a ti, tonto o tonta, te toca recoger todos sus restos orgánicos, y airear el olor a mentira-ese que no se va nunca-que queda en la casa.
Y el vecino de abajo, que no entiende de desamores, sube a quejarse porque tiene goteras en su vivienda. "Lo siento es que por más que intento cerrar el grifo, siguen saliendo más lágrimas".

Por eso, ahora, siempre que salto al vacío, lo hago con paracaídas. Ya no arriesgo tanto, todavía, de hecho, hasta me da un poco de miedo verme volando a ras de cielo. Pero entonces, palpo fuerte el arnés de seguridad que me sujeta, y me digo a mi mismo, muy convencido, que esta vez, todo va a salir bien.
"Todo irá bien, tranquilo".

Es más fría esta técnica lo sé, pero también más segura.




Que me disculpen aquellas que pagaron los platos rotos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Forma parte de hacernos viejos o mayores según se mire.
Perdemos la inocencia como perdemos la fe, se nos cae de los bolsillos.

mmg

eme dijo...

No tengas miedo, no dejes que el miedo conduzca tu vida. Regatéalo, tú eres más listo y rápido que él ;)