miércoles, 15 de abril de 2009

Elefantes vs Conejo

Hay una manada de elefantes en el piso de arriba, bailando pogo. Tengo que entregar una transcripción de seis horas este viernes, y mis nervios están a flor de piel. Sólo llevo 61 minutos transcritos: hay un tipo que habla como Fraga, y me hace rebobinar constantemente. Nota para ponentes y conferenciantes: por favor, vocalicen.
Mi solvencia económica depende de esto. No tengo ahora mismo otra cosa con qué mantenerme. La crisis, ya saben.
Sin embargo, por culpa de los pisotones que vienen de arriba, no consigo concentrarme, y temo no acabar nunca.
Por momentos, me entran ganas de subir con un rifle cargado de dardos tranquilizantes, y abatirlos a todos, pero entonces, recuerdo, que soy pacifista, ecologista, no violento, y que sobre todo, no tengo un rifle cargado, a mano. Lástima.

Me contengo, mientras pienso cómo contraatacar. Esto es el puto arte de la guerra traído al ámbito vecinal. Pienso morir matando, cabronazos.
Doy vueltas por la casa, imaginando cómo putearles. Ya sé, ¡eureka! Pondré música a todo volumen, eso sé que les jode, y mucho. Mi lado hijoputesco se activa. Bip, bip, bip. Cargando mala ostia. Buffering de mala leche al 100%.

No puede ser un disco cualquiera, por supuesto que no, tiene que ser uno que les destroce los nervios. En Guantánamo, utilizaban esta técnica como método de tortura. Ponían canciones de Britney Spears, Magic Numbers, Rage Against the Machine o Metallica a todo volumen, sonando día y noche, para maltratar a los presos confinados en la isla. Ahí les pongan a ellos el Fary o María del Monte.
Aunque toda esta sarta de maldades, la verdad, me ha dado una idea. Me meteré, por un instante, en la piel de un sucio y vil militar estadounidense, y bombardearé a mi vecino con algún tema concreto, desquiciante; en vez de con un elepé entero, que lo mismo, hasta lo disfruta.
Busco, pues, en youtube alguna canción tortuosa, capaz de volver loco a cualquiera, y coloco los altavoces a todo trapo. Te vas a cagar:



Y la repito constantemente. Ahora él tiene un conejo con la voz pitufada dando brincos abajo.

A los diez minutos, los elefantes cesan. Y yo vuelvo a mi labor.

Gracias conejo.

2 comentarios:

~itziar~ dijo...

Uy! no quisiera yo tener algun vecino tan vengativo como tu! jajaja. Eso si,hay que reconocer que la táctica es de lo mas eficiente!
Y... algo masoca(yo no hubiera tenido las agallas suficientes de darle tantas veces seguidas al play)xD

Rodrigo Casteleiro dijo...

Podía más la sed de venganza, jeje

saludos!