sábado, 4 de abril de 2009

El loco del barrio

Bajo a la compra. En la esquina de mi casa, grapados sobre una farola, dos carteles me seducen: clases de boxeo, y un curso de filosofía. Matrícula gratis, en ambos casos.
No sé qué me hace más falta, si darme de ostias contra un saco, o hallar mi espiritualidad interior, dudo camino del supermercado.

Doblo la calle y una señora de 200 años se me queda mirando como si tuviera una familia entera de monos anidándome en la cara. Casi. En uno de los escaparates, me miro de soslayo, y caigo en la cuenta de que ni siquiera me he aseado mínimamente para bajar a la calle. Tengo todavía la marca de la almohada en el pelo, la barba erizada, y dos legañas antisistema ocupando el solar vacío de mis ojos.

Mierda. Soy un cerdo, un desastre. Bueno, es igual. Es sábado y encima son las diez de la mañana, no puede haber mucha gente comprando. La gente normal está de resaca.
La gente normal madruga los sábados y hace la compra. Joder.
Bueno, ahora se lleva el ir desarreglao, informal. Es la moda, me convezco nuevamente en la puerta del Eroski. Tengo un Día, al lado, pero...la última vez que hice la compra ahí, me despacharon fatal, ni un buenos días (al menos como método publicitario), ni un adiós. Nada. Odio la gente que no saluda.

Cuando trabajaba de camarero pasaba largas horas detrás de la barra, sin nadie que entrara. Mi única ocupación era pasar el paño, una y otra vez por la encimera. Había veces, de hecho, que tiraba alguna caña por encima, para estar ocupado.
Así hasta que aparecía por fin algún cliente y le servía. Entonces ocurría: el muy cabrón no daba ni las buenas tardes.

- Un café con leche, y en vaso.

Glup, glup. Glup.

- ¿Cuánto?

- 1,20 (costaba uno con diez, pero la descortesía se la cobraba aparte).

Y el mamarracho agolpaba las monedas sobre la barra con mala leche, y se iba.
Ni un hola, qué tal, ni un por favor. Ni una palabra.

Busco los ajos, pero no los encuentro. Suena Hey Jude, de los Beatles. Tarareo la letra, me gusta esta canción, aunque no es de mis favoritas.
Hay un padre vestido, precisamente, de Ringo Starr, buscando "brochetas de cerdo". Sus hijos van igual. Gabardinas inglesas y mini corbatas a juego. Creo estar soñando, o drogado. Quizás he pasado demasiado tiempo con la cabeza metida en la sección de congelados, y ahora no me llega la sangre.

Cuando sea padre, vestiré a mis hijos igual que yo, crearé una familia de desarreglaos, imagino en voz alta. Y comienzo a reír solo. Una señora, que lleva media hora sujetando con la mirada dos tipos de panes distintos, me observa desconcertada y se aparta. Le doy miedo. Ella a mi más. La gente que no es capaz de decidir entre dos barras de pan, me asusta. Son personas que han perdido el norte por completo. Una cosa es no saber qué hacer con tu vida, bien, otra muy distinta es dudar entre qué tipo de pan escoger: si la barra de 50 céntimos, o la chapata de 80.

Reviso la compra que me falta: tomates, dos pollos limpios y con el culo en pompa, una bandeja de filetes de cerdo, y arroz largo.
Me propongo un juego mental. Debo hacerme con todos los ingredientes en un minuto exacto. Comienzo a andar apresurado por los pasillos, como si me estuviera meando.
¡Ja!, tengo los tomates, y aquí está el arroz, joder, no encuentro el pollo ni los filetes. Mierda, mierda, mierda, se acaba el tiempo. 10,9,8,7,6,5,4,3,2,1. ¡Los tengo! He ganado. ¿El qué? El título del loco del barrio.

Coloco la compra en la caja y espero a que me atiendan. La cajera, tiene las cejas despeinadas. Otra que hoy no se ha aseado, me digo a mi mismo, y una paz inmensa me invade por dentro. Pasa mis cosas por la ¿cinta registradora? y se dirige a mí sin levantar la cabeza.

- ¿Tarjeta travel tiene? 15.80. Adiós que tenga un buen día.

Ésta al menos me desea los buenos días. Aunque no me mire.

Es un avance.

Salgo, tarareando la canción de los Beatles, repetida dentro hasta la saciedad. El tío o la tía que ha programado la música, debe tener la misma patología que yo. Cuando me gusta mucho un tema, lo repito hasta que pierde su sentido inicial.

Monja, monja, monja, monja, monja, monja, monja...

Y con estas llego a casa, coloco la compra, y me pongo a escribir este post.



Buen sábado a todos y todas.

2 comentarios:

MiAu dijo...

Buenos días Rodrigus. Cuando yo era bollera y trabajaba de dependienta en una pasteleria-videoclub-tienda de frutos secos y chucherías era conocida por ser la más simpática del pueblo.
Yo también odio a la gente que no saluda.
tenga un buen día loco del barrio...

Me gustaría mucho más que te lavaras la cara sólo las mañanas que te diera la gana¡¡¡¡¡

eme dijo...

Como dice la canción: "Si alguno me llama loco, ¡dí que sí!". Mejor ser loc@ que una más, una persona gris más de este mundo...