domingo, 26 de abril de 2009

Dependencia doméstica


Susana está embalando unas cajas, Javier le mira desde el quicio de la puerta y dice:

- Ayer me dio un ataque de nostalgia (el enésimo), y me infarté de ti. Estaba leyendo tranquilamente, y de repente, sentí un pinchazo muy fuerte en el pecho. No me circulaba la sangre, como te cuento, me faltaba el aire, el oxígeno. La vida. Notaba, además, todas mis arterias colapsadas, como si alguien estuviera estrangulándolas. Me había quedado en standby, casi en coma.
- Anda Javier, qué exagerado eres-contesta Susana sin levantar la vista de una de las cajas aún por precintar.
- No, no exagero. Al principio fue sólo un leve malestar, nada violento. Se me atragantaba tu cara mirándome desde el marco, eso es todo. Después, ya sí, vino lo peor. El mareo, los sudores fríos, el temblor de piernas. Y el saberte lejos, pero no lejos de distancia, sino de sentimientos. Eso, creo, fue lo que taponó mi aorta.
Susana le mira de súbito, con el eco de la palabra aorta resonando en su cabeza.
- Intenté sobreponerme, buscar algún disco que te insultara, llamarte puta, zorra a los cuatro vientos, decirte déjame en paz, vete a joderle la vida a otro. Pero todos mis discos te echaban de menos. Enrique Urquijo te decía "no me imagino cómo podré estar sin ti", Serrat "no hago otra cosa que pensar en ti, incluso el crápula de Sabina se deshacía en elogios: "Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres".
- ...
- No obstante, era yo el único que se moría, y tú ni siquiera tenías un mal ardor de estómago, ni un dolor de muelas, nada. No es que deseara verte pasándolo mal, entiéndeme, sólo buscaba que me entendieras, que te pusieses en mi lugar. Para ti todo esto es muy fácil. Has sido una invitada en mi casa, en mi vida. Y ahora te marchas, empaquetas todo, y me dejas toda tu ropa sucia amontonada en la lavadora, los platos sin fregar, y el corazón desecho.
- Javi...
- Yo no quiero fregarte, Susana, ni quitarte la roña, quiero que vivas todavía aquí, que tu ropa se pudra conmigo, y los platos donde comimos tantas veces juntos y cenamos a la luz de una vela, adquieran un color mohoso, como mi alma. No quiero cambiarle las sábanas a mi piel, porque entonces, tu olor (¡tu olor!) se perdería. Es de lo poco que me queda, y lo quiero conservar. Eso es en lo que pensaba cuando me dio el infarto. Me sujeté el pecho, como aquel que se agarra a un clavo ardiendo, y esperé así mi final, tirado en el suelo, llorando a lágrima viva. Y fue entonces cuando llamaste para decirme que vendrías esta tarde a por tus cosas. Y mi esperanza volvió a latir. Pom, pom, pom, pom. En el mismo día me mataste, y me diste la vida. Eso sólo pueden hacerlo los médicos y amantes.
- ...
- No te vayas, por favor. Quiero que sigas ensuciándome la casa. Manchando cada rincón de mi vida. No quiero que te vayas, y tener que pasarte el polvo.
Susana ,por favor, quédate conmigo.





Fotografía sacada de achan41.blogspot.com

6 comentarios:

Rodolfo Serrano dijo...

Manchando cada rincón de mi vida... Muy hermoso. Un abrazo

Anónimo dijo...

La roña también puede ser poética y bonita.

MiAu dijo...

Precioso Rodrigus....

Anónimo dijo...

"No te vayas, por favor. Quiero que sigas ensuciándome la casa. Manchando cada rincón de mi vida. No quiero que te vayas, y tener que pasarte el polvo.
Susana ,por favor, quédate conmigo".

El amor nos pringa de arriba a abajo hasta lo más profundo de nuestro alma y una vez se ha hecho fuerte la mancha, ya no hay manera de sacarla, ni con quitagrasas.

Desgarrador. Ojalá ella le escuchara.

Anónimo dijo...

"No te vayas, por favor. Quiero que sigas ensuciándome la casa. Manchando cada rincón de mi vida. No quiero que te vayas, y tener que pasarte el polvo.
Susana ,por favor, quédate conmigo".

El amor es así, nos pringa de arriba a abajo hasta lo más profundo, y una vez que se hace fuerte la mancha, ya no sale ni con quitagrasas.

Desgarrador, ojalá ella le haga caso.

Rodrigo Casteleiro dijo...

Me alegro que os haya gustado mi visión de la roña y la suciedad.


Quien sabe, tal vez ella al escucharle deshaga sus cosas y se quede, o quizás, se tape los oídos y se marche...