miércoles, 8 de abril de 2009

Cometas


Tengo una colega que dice que cuando uno o una conoce a una persona una noche, y le fascina, debe contemplarla como se vislumbra un cometa, es decir, con ojos momentáneos, sabedor, de que el instante, aunque mágico, no deja de ser puntual, efímero.
Debes saber, me dice siempre cuando estamos borrachos, que esa persona está cruzando tu vida, y ha llegado a ti a través del cielo, por suerte o por destino, para hacer que esa noche sea más especial, más bonita, pero también que al día siguiente se marchará. Y tiene que ser así, los cometas son fugaces.
Duran solo una noche.
De lo contrario, si lo congelas, si enjaulas ese cometa para hacerlo tuyo y poder verlo todas las noches, se acaba convirtiendo en una estrella, y con el tiempo estalla supernova. Pierde su halo, su magia, su brizna.

A mí me pasó una vez. Conocí a un cometa halley, que me cegó de amor. Ella, se iba al día siguiente a EE.UU., y aquello no podía durar más que una noche. Pasamos la madrugada bebiendo, bailando, hablando, y cuando por fin nos besamos, se desintegró. Se hizo de día, y ella desapareció en la bruma del amanecer. Ni siquiera nos despedimos.
Pasé ese largo verano mirando al cielo por si volvía a verla, pero Charlotte, que así se llamaba, debió perderse en el cosmos. O quedarse a vivir en Yanquilandia.

Quién sabe.



Fotografía sacada de tucan47.astronomia.edu.uy

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