jueves, 30 de abril de 2009

Cerrado por (mini) vacaciones



Me voy de puente. A una casa rural, en mitad de la nada. Sin visos de civilización en siete kilómetros a la redonda. Quizás ni a siete, ni a ocho, ni a diez. Lo cual me aterra y me produce una tremenda satisfacción: odio a la gente casi tanto como la necesito.
Tampoco hay Internet, ni televisión, ni kioscos, ni coches, ni semáforos en ámbar, ni prisas, ni atascos, ni bares (oh mon dieu), ni librerías, ni maniquíes, ni escaparates, ni cagadas de paloma, ni nada de nada.
Por no haber, creo, no habrá ni vida inteligente. Yo me incluyo en el lote.

Me llevo, pues, lo imprescindible: cerveza, café, muda limpia, y un cuaderno para apuntar ideas, recuerdos, impresiones, y todo lo que se me venga a la cabeza, o a la nariz.

¿Por qué todavía sigo respirando tu olor, tu aroma?

Estos días no actualizaré. Pero antes de marchar, me encargaré de dejarles buena música girando en el tocadiscos, y la nevera llena.
Les dejo también las llaves en el buzón. Cuiden de esta mi(su)casa. Y riéguenme las penas de vez en cuando.


¡Salud, nos vemos a la vuelta!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Disfrútelo usted que puede.

Bartleby

Rodrigo Casteleiro dijo...

Muchas gracias