sábado, 18 de abril de 2009

40 metros cuadrados de tristeza


Creo que uno habita en la tristeza, como lo hace en su casa. De forma personal, por costumbre. Uno se acostumbra a estar triste, como se acostumbra a estar en su casa, en su salón, por muy angosto y estrecho que este sea. Por eso, cuando se te presenta la oportunidad de mudarte a un habitáculo mucho más amplio, un chalet con jacuzzi y piscina -ser feliz, en definitiva- tardas en responder más de la cuenta. Te cuesta tomar una decisión. No hay nada qué pensar, te dicen, es tontería quedarse a vivir donde estás, cuando puedes vivir en una casa más grande y con jardín, en la montaña, y respirar aire puro, y no el humo viciado de la gran ciudad. ¿Qué te lo impide? La costumbre. Sé que ahí voy a estar mejor, sin duda, sé que voy a tener más espacio, y todo tipo de comodidades...Pero me he acostumbrado a mi diminuto piso de 40 metros cuadrados, qué quieres que le haga, es pequeño pero muy mono.
En la tristeza me siento confortable.




Foto sacada de www.skyscrapercity.com

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