lunes, 20 de abril de 2009

20 de abril del 09


Hace unos días me propuse hacer una lista con todas las cosas que aún me quedaban pendientes por hacer en la vida. Tal idea vino de una conversación, que tuve con cierta persona. Entonces ella me dijo: "Tienes casi 25 años, y parece que has vivido el doble". Mentira, le contesté, me quedan tantas, tantas, tantas cosas por hacer en la vida. Y lo peor es que sé que no me va a dar tiempo. Lo que pasa, es que, como Gil de Biedma, yo también "vine a llevarme la vida por delante". A comérmela con patatas, que para eso te la sirven en bandeja. Ella, al escucharme, me miró, y sonrió, como se sonríe a un niño, o a un loco. "Haré una lista con cosas que aún no he hecho, y te demostraré que no es así como dices", zanjé finalmente aquella madrugada. Y al día siguiente me puse a ello.

El resultado, como pudieron leer, fue una mezcla de planes a corto, medio y largo plazo; y deseos y sueños, que todavía hoy mantengo. Aunque algunos (como liberar a todos los animales del zoo, o hacer de Señor Lobo, en un remake de Pulp Fiction) sean más fantasía que otra cosa. Sin embargo, yo no pierdo la esperanza. No es necesario tener una enfermedad terminal para que te entren las prisas por hacer cosas -toquemos madera, por otro lado-, y se activen tus sueños, y defensas. La vida, en si misma, es una enfermedad terminal. Uno ya desde que nace, conoce el que va a ser su diagnóstico vital, el de todos. Hagas lo que hagas, no saldrás vivo de aquí. La vida son cuatro días. Y tres de ellos, ya pasaron. Estás jodido, amigo.

Vivimos de alquiler, de prestado. Pero, aunque el cuerpo que gozamos no sea nuestro, y pertenezca a otros, que sin duda alguna, lo (nos) subastarán cuando el tiempo nos deshaucie, tenemos la obligación moral, pienso, de hacer que esta hipoteca merezca la pena. Creo, que nunca en la vida podría suicidarme, sí que muchas veces lo he pensado, y hasta intentado, pero al final siempre prevalece la curiosidad: la curiosidad de saber qué pasará mañana. Eso es lo que me mantiene vivo. Conectado a la vida. Lo que hace que no me tire por la ventana, ni me corte de un tajo las venas. Es mi salvoconducto. Y sobre todo, los sueños. El soñar, hacer planes. Sé que del aire no se vive, y que los sueños, por si solos, no alimentan. Pero, al menos, "dan sabor a la vida". Como la sal, el ajo, o el perejil. Los condimentos son tan necesarios, como la carne o el pescado.

Pues bien, dicho esto, he de desvelar que ya he tachado uno de mis objetivos de la lista de marras. Una ilusión que guardaba en el cajón de mi alma, entre cuadernos, papeles, notas y recuerdos.
Le he escrito una carta a mi primera novia, preguntándole qué tal le va. Cómo le trata la vida, a qué se dedica, si a ella también le afecta la crisis, etc, etc.
Empezaba así: 20 de abril del 09. La coincidencia con la canción de Celtas Cortos es pura casualidad, pero al darme cuenta, he sonreído idiota. Me gustan estas cosas, qué quieren qué les diga.

Diré, además, que he tenido la tentación de poner: "Hola chata, ¿cómo estás?". Pero no me parecían formas, la verdad. Ella se llama Cristina, no diré aquí sus apellidos, lo mismo "hasta tiene críos". Y fue, como digo, mi primera novia. Si darse dos besos, y pasear de la mano, puede llamarse así, en los tiempos que corren.
La conocí en el verano del...96, creo. Yo tenía 12 años, pero decía que tenía 13, para parecer más mayor. En la misiva, le cuento un poco qué ha sido de mí en todo este tiempo. Puede que ella ni se acuerde de quién soy, o viva en otra ciudad, o haya cambiado de dirección. El destino dirá. Yo por mi parte, sigo a lo mío. Cumpliendo con mi oficio, con mi vocación tardía: vivir.

Se lo recomiendo encarecidamente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

mas vale tarde q nunca,no? si acepta mi compañia yo muy gustosa le honrare con mi presencia y ayuda en sus acciones restantes. cordiales y apretujados abrazos!
"begonia como la flor"