martes, 31 de marzo de 2009

Tristefeliz


Es hora de quitarse la careta. De reconocernos vulnerables, débiles. Basta ya de psicología barata, de libros de autoayuda, de Bucay y Coelho. El ser humano, nosotros aunque a veces no lo parezcamos, jamás logrará la estabilidad emocional. Aunque algunos, los más avispados, piensen que sí, y cobren treinta o cuarenta euros por media hora de felicidad, por una grajea de autoestima. Por un orgasmo mal echado.
No. No hay estabilidad que valga.

El ser humano es un balancín. Nuestra estructura, de hecho, es la de un columpio, que sube y baja, que toca techo y cae al suelo. De lo más alto a lo más hondo.
Porque nuestro sino, dígamoslo joder, es hundirnos, hasta casi la corteza de la tierra, y después, volver a escalar, a trepar. Y de nuevo, caer. Reír, y llorar, sonreír y gimotear. Es el precio que pagamos por el raciocinio.

Somos humanos, aunque se nos imponga ser máquinas. Aunque digan que los hombres, los machos, no lloran, y las mujeres, no deben llorar, mostrarse débiles frente al enemigo. Quien inventó esa mierda de filosofía, estoy seguro, fue un hombre que se ponía medias de rejilla y bragas negras en la intimidad, y lloraba viendo películas de Meg Ryan en el salón de su casa, a oscuras. Un hipócrita, vaya. Como tantos otros gurús.

El destino del hombre, y de todas las mujeres, es amar y despedirse. Lo escribió Neruda, pero lo podía haber escrito cualquier otra persona. Basta con lanzar una mirada a nuestro alrededor, y percatarse de ello. Ver las caras de los peatones, y mirarles a los ojos. ¿Es usted feliz en su vida? No. Enhorabuena forma usted parte de los 6.769.273.125 de seres humanos, que habitan la tierra.

Porque sufrir, padecer, es algo intrínseco a la raza (que me perdonen los marcianos, por esta salida racista) humana, como también lo es reír a carcajada limpia. Ahí radica nuestra complejidad, la que nos convierte, por ende, en humanos.
Pretender cambiar eso, es cómo intentar que el sol salga de noche, y la luna de día.
Es imposible ser feliz completamente y a todas horas, de la misma forma que se antoja fuera de órbita, estar triste de por vida. Son ciclos, rachas, momentos. No hay tantas sonrisas ni tantas lágrimas por persona. Los sentimientos también se desangran.

Por eso estoy harto de ver cómo decenas de engañabobos inventan fórmulas para la eterna felicidad. No, señor, eso que usted comercializa, es un placebo, y además va contra mi libertad. Mi libertad de estar triste, cuando a mi me plazca, cuando lo necesite, cuando quiera llorar.

No existe la estabilidad, ya digo. Es una putada darse cuenta de ello, pensar que toda la vida va a ser un continuo vaivén. Hoy arriba, mañana abajo. Hoy aquí, mañana allá. Pero es mejor saberlo, a vivir en la ignorancia, creo yo.
Dime la verdad, aunque me duela, que la mentira a la larga, me hará más daño.

Hoy ,por ejemplo, estoy feliz. Hace días, me sentía triste. ¿La razón? No lo sé.

La vida también es compleja, y no suele explicarte las cosas, a mí por lo menos no. Tienes que atar cabos tú mismo, y entremedias, seguir viviendo. Un follón.

Pero todo pasa, y todo llega. El dolor tampoco es estable.



-Para ti-



Imagen sacada de optimizandome.blogspot.com

3 comentarios:

Pintxo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo. Unos días me apetece escuchar "La vida es un carnaval" de Celia Cruz mientras bailo salsa y otras veces, me apetece cortarme las venas con Bunbury o Los Secretos. Es un ejemplo...

"La vida es como una caja de bombones..."

¡Un abrazo!

Rodrigo Casteleiro dijo...

Una canción triste, para los momentos bajos...

Toño dijo...

Le has cogido mania al Coelho eh. Eso te pasa por leer.JAJAJA

Es broma hombre. Por cierto el Libro de Diana aún no me lo he acabado. Cuando me imagino los asesinatos me dan bajones modelo "Kill Bill"