martes, 10 de marzo de 2009

Tregua

Me gusta estar en paz contigo:

No quiero a estas alturas
darnos de palabras
por un quítame allá
esas lágrimas.

No es esto una guerra
por ver quien tiene
más motivos para llorar.
Tu jamás entenderías
mis razones
ni yo las tuyas.

Porque el desamor
es personal e
intransferible
y cada cual lo vive
con celo y egoísmo.

No sólo tú
te has emborrachado
de olvido
y has despertado
con los mismos recuerdos,
no sólo tú has roto a gritos
los espejos y las farolas
gritando a pecho
descubierto.

Yo también me he partido
la cara con la vida
y a mi también
me han crujido
las entrañas,
yo también me he follado
a la nostalgia
y a mi también
me ha dejado a medias.

No es el león tan fiero
como lo pintan
ni yo tan cabrón
como te empeñas.

A mi también se me atraganta
el calendario
y mis sábanas vacías
se me anudan en el estómago.
A mi también me mira
el teléfono con esos ojos
los domingos por la tarde
cuando se desangran
las paredes
y el mundo
es todavía más infame.

A mi también me deben
días sueltos,
tardes y amaneceres
que nadie quiso devolverme.
No sólo tú hiciste horas extras.
Yo también me quedé
en números rojos
por apostar a ciegas.
A mí también
me vendieron la moto
de que el amor
no tiene cura
ni tampoco oftalmólogo.

Pero no es esto una guerra
por ver quien puede
sacarse más reproches
de la chistera
y convertir al otro, en sapo.
Yo no quiero más octubres
ni diciembres,
no quiero más trincheras
ni balas perdidas.
Yo no quiero más facturas
con iva
ni tampoco avales
con intereses
ni bienes gananciales
ni cuentas separadas.

Yo lo que quiero
es firmar una tregua,
un alto el fuego entre
tus ojos y los míos
y que se acabe por fin
esta guerra de guerrillas,
de desgaste
entre mi cuerpo y el tuyo,
esta manera de no decirnos
con la boca y sí con el odio,
yo también te he echado de menos.

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