domingo, 29 de marzo de 2009

Terapia de choque

La cajera te ha dado mal el cambio, y se te ha olvidado comprar, encima, los tomates. Al salir del súper, se te ha enganchado tu camiseta favorita con la puerta, y se ha roto por el costado. Además, has querido darle algo al pobre que está en la esquina, y se te ha caído el bolso al suelo, con tan mala suerte, de que el mismo pobre lo ha cogido y ha salido corriendo.
Un taxi pasa derrapando y te salpica, llenándote de mierda. Y tú piensas: "Qué más me puede suceder hoy".

Caminas dos calles hasta tu casa, y en el camino, maldita la coincidencia, ves a tu ex abrazado a otra chica. Es mucho más fea que tú. "¿Sí, de verdad ella es más fea que yo, sí, lo es, sí?".
Llegas a tu portal, y claro no tienes llaves, las llaves se las quedó ese sucio mendigo traidor. Llamas, pues, al telefonillo pero nadie te abre. No te queda más remedio que esperar abajo, hecha un cuadro. Para colmo, ahora, encima, se pone a llover. Cuando saliste hacía un sol resplandeciente, y no viste necesidad de abrigarte. Como nadie te abra, cogerás una pulmonía. Te entra el pánico, se te aceleran las pulsaciones. Notas, incluso, como comienza a faltarte el aire.

A los diez minutos, justo cuando estás a punto de desmayarte, ves aparecer al vecino que más odias, ése que sólo te saluda cuando vas arreglada, y altivo exclama: "Vaya te han dejado en la calle, pooobrecita". Abre y pasas agachando la cabeza, muerta de vergüenza. Vives en un quinto sin ascensor, y el carrito pesa el doble que tú, pero el vecino, obviamente, no se digna a ayudarte a subirlo. Simplemente te mira con indiferencia y pasa de largo. Hijo de puta. Cabrón. Desgraciao. Todos los insultos son pocos.

En el segundo, te tropiezas y el carro se derrama escaleras abajo. Ves tu vida rebotar una y otra vez contra las paredes. No puedes más. Y te pones a llorar, harta de todo. Hecha un ovillo, en un escalón. Balbuceas, y sollozas, dices por qué a mí, por qué todo lo malo me pasa a mí. Pero entonces, un fogonazo de autoestima te ciega y gritas: "¡A la mierda la compra, a la mierda los tomates, a la mierda el mendigo, a la mierda la cajera, a la mierda el vecino. A la mierda todo! Y subes campante hasta tu casa. Coges ese disco de Fito Paez que tanto te gusta y pones esta canción a todo volumen:



Y el mundo vuelve a girar sobre su eje. Y tú te sientes como si hubieras echado el mejor polvo de tu vida.

2 comentarios:

eme dijo...

No hay nada tan terrible que una buena canción no arregle (aunque sea por ese par de minutos).

Toño dijo...

Tio. Me mola la canción. Pero Fito Páez me pone de los putos nervios. Parece que se ha metido una raya (o dos).