domingo, 8 de marzo de 2009

Posdata

Recupero este poema que escribí hace ya mucho tiempo:

El mundo se acaba
lo dicen los científicos
un meteorito se acerca
a la tierra
y se llevará consigo
el compás de nuestros pasos
sobre la arena del tiempo,
la sombra de las olas
que bañaron nuestra infancia,
el cemento que acaricia ahora
nuestros tobillos en la orilla
de la M-30,
el humo y la cerveza
que emborrachó mi lírica
cuando tenerte
era lo más preciado
y decirnos adiós, inevitable.

El mundo se agota y con él
las gotas de lluvia
que nadaron naufragas
sobre tu pelo y mi escarcha,
el sudor erizándote las ganas,
las promesas de contarte
todos los lunares y estrellas
que hay en el cielo de tu espalda,
el reflejo de tus pupilas
en mis párpados cerrados,
las huellas que nos delataron
ante la nostalgia,
los besos que se quedaron
sin conjugar en la palestra
de los labios,
las abrazos que murieron
carcomidos en un armario,
las heridas que colgamos
en el perchero de otros,
los miedos que agarramos
de la solapa,
los fracasos que cargamos
a la cuenta de Cupido,
las camas que nos servían
de excusa para dormir acompañados,
esta soledad de escribirte a diario
cuando otros te recitan versos.

El mundo se acaba y como él
los sueños que soñaron otros mundos,
los te quiero a pesar de todo,
la suerte de habernos conocido,
las butacas que se cansaron de esperarnos,
los lunes con cara de espejo,
las mentiras que sonaban a verdades,
las palabras que se quedaron sin tinta
para decirte lo mucho que te extraño,
los atardeceres bajo tu falda
robándote algún que otro suspiro,
las madrugadas en tu regazo
cuán feto, cuán pelusa,
acurrucado en tu ombligo
como se amolda ahora
la soledad a mi insomnio.

El mundo...se apaga
y todo se quedará en un verso
en un retazo, en un boceto.
Los trasiegos y las prisas,
la indolencia y el hastío,
la dictadura de lo mundano,
los orgasmos y adulterios,
las miradas que se buscan
como agujas perdidas
en los andenes de metro,
los atascos y embotellamientos,
los despertadores que taladran
los tímpanos de la rutina,
las legañas colgando de lianas,
los buzones exhumando avisos del banco,
los asesinos a sueldo, el cobrador del frac,
el trabajo y las hipotecas a cien años,
las nóminas en letra pequeña...todo
se irá al carajo.

Y a mí sólo se me ocurre dejarte un posdata
a franquear en destino
por si acaso cuando ese meteorito nos reduzca
a cenizas, tú sigas estando a años luz
de mi vera.

PD: no quiero irme de este mundo
sin decirte que te extrañaré también en la otra vida,
que te pensé cada noche de mi insomnio,
que te quise tanto como para tiritar en verano
y ahogarme en invierno,
que te lloré todo un otoño,
que me licencié en Filología Hispánica
para encontrar las palabras necesarias
con que pedirte disculpas y decirte, lo siento.

Que sin ti la tierra es sólo un planeta más
que gira inexorablemente alrededor de la nada
y el universo un valle de lágrimas
que ahora se deshace en pedazos...

2 comentarios:

eme dijo...

Preciosa declaración de amor. La destinataria debería sentirse más que orgullosa.

Rodrigo Casteleiro dijo...

Nunca hubo tal destinataria, no llegué a dárselo. Tampoco hoy se lo daría. Hay poemas que se escriben más que para una persona, para uno mismo.


saludos piticla