viernes, 27 de marzo de 2009

Yo solía ligar usando cintas de música


Yo solía ligar usando cintas de música. No es que ligase mucho, la verdad, pero alguna vez sí que caía alguna. Como era vergonzoso, no me quedaba más remedio que ingeniármelas para desplegar todos mis encantos. El hambre, ya se sabe, agudiza el ingenio. Y como en aquella época sólo entendía de fútbol, y de música, pues, a falta de pan, buenas eran cintas. No conozco a nadie, de hecho, que haya ligado recitando la alineación de su equipo favorito. Aunque si me cantasen a mí la alineación del Barça de Romario, Laudrup, Koeman y Stoichkov, caería rendido a sus pies...aisss

Entonces, decía, usaba mis conocimientos musicales para perjeñarme algún tipo de cita, más o menos fructífera. Tenía un cierto bagaje cultural en grupos y cantantes melancólicos, así que no me costaba mucho seleccionar las canciones. Hacía, eso sí, una lista previa en mi cabeza, antes de pasarlas a limpio, por aquello de ordenar el material. No en vano, era mi futuro amoroso lo que estaba en juego, no podía dejar ningún tono suelto.
Después, ya sí, buscaba cassette por cassette, la canción que fuese y la 'volcaba' (play + rec) en una cinta virgen. No hacía esto para follar, que conste, sino para que me besara la chica que me gustaba. Los besos, en aquella época, no estaban tan devaluados como ahora. Sé de lo que hablo: pertenezco a esa generación de niños que a los 12-13 años, aún jugaban a las chapas, iban al Mcdonalds a relacionarse socialmente, y su falo, era el mando de la Super Nintendo. Dichosos los jóvenes de ahora, que son más adelantados.

Grababa unos 15 ó 16 temas, pirateados, en su mayoría, de la Cadena 40. Desde Alejandro Sanz, a Laura Pausini, pasando por los Backstreet Boys (lapidadme...), los Hombres G, Tam Tam Go; hasta canciones, incluso, de los Boyz II Men, Madonna, Roxette o Espend Lind. Naturalmente en aquellas cintas-cita, no faltaba el tema principal de la banda sonora de Titanic (volvedme a lapidar...).
Aquello era como mezclar tomates con fresas. Había un regusto raro en los oídos, pero a veces, ya digo, funcionaba.

Le daba la cinta a la chica, con algún tipo de excusa absurda -"No tenía nada mejor que hacer y te he grabado una cinta..."- y ella, que me sacaba dos años mentales y ,por tanto, sabía ya más que los ratones colorados, se hacía la tonta, la loca, o directamente, me ponía cara de asco. Hubo una que me dijo: "Lo siento, pero es que no escucho música". Fue la primera (gran) excusa que me dio una tía.

Tiempo después empecé a comprarme discos, cedés. Y aquella rutina de grabarlo todo en cinta, pasó a la historia. Cambiaron mis gustos musicales, y por ende, femeninos. Comencé a perseguir a punkis y rokeras, me fascinaba su visión de la vida. Pero eso ya lo cuento otro día.

El caso, y a lo que iba esta entrada que me enrollo, es que hoy revisitando mis años mozos, me he percatado de una cosa. En una de esas cintas (¿dónde estarán?) había una canción de Antonio Vega, que creía, ingenuo, que tenía una letra, críptica, pero romántica. Se dejaba llevar.
Yo me dejaba llevar por ella, y a ella se la dediqué con todo mi amor. Hoy, sin embargo, me he enterado de que esa canción habla de la heroína.

Nunca fue mi intención que te pinchases, o que fumases chinos. Discúlpame.



Fotografía sacada de higueramusic.blogspot.com

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