viernes, 13 de marzo de 2009

Eloísa y Enrique


Voy a contarles una (bonita) historia de amor musicada:

Ocurrió hace mucho, mucho tiempo, concretamente en el otoño de 1980, en Madrid. Por aquel entonces, la capital era un hervidero musical, y de tendencias. Infinidad de grupos salían al paso de los nuevos tiempos, convirtiéndose, de la noche a la mañana, en prematuros biógrafos de una época. Todo el mundo tenía algo que decir, que cantar:



También Los Secretos, una banda ,por aquel entonces, de poco recorrido. El grupo, liderado por un chaval de 20 años llamado Enrique, había grabado un primer EP de cuatro canciones, que cosechó cierto éxito entre la crítica:



Dicho disco, anticipo de su primer elepé, llegó, además, al corazón de Eloísa, una muchacha de 17 años, que quedó fascinada por la personalidad de Enrique, sensible y melancólico. Así, ambos comenzaron a salir en el periodo otoñal de ese mismo año. Para él, aquella era su primera relación; estaba, por tanto, perdidamente enamorado. Eran jóvenes y se querían.


El padre de Eloísa, un psiquiatra de ideas muy conservadoras, no veía con buenos ojos su amor, y, lejos de entrar en razón, se opuso desde un principio a que estuvieran juntos: "¡Es un músico, por el amor de Dios!", le dijo a ella.
Este contratiempo hizo que Enrique y Eloísa tuvieran que ingeniárselas para verse a escondidas, y burlar, de este modo, el cerco paterno:



Sin embargo, y a pesar de esa magia inicial, la convivencia entre ambos fue deteriorándose, y no, precisamente, por causas familiares. Al poco tiempo, Enrique comenzó a consumir heroína, y se hizo adicto. Sus cambios de humor, y de ánimo fueron mermando la relación, hasta el punto de resultar, por momentos, tormentosa. Pese a todo, él seguía enganchado a ella:



Enrique sólo valía para quererla, pero aquello no bastó. Cuatro años más tarde, y viendo que la relación no tenía futuro, Eloísa, de 21 años, descolgó el telefóno y puso fin: "No puedo seguir contigo, esto se ha acabado, adiós".
Lo que más le dolió a él fue que ella se despidiera así. Sin darle ningún margen para poder explicarse, sin darle opción si quiera a recuperarla.

Estaba al borde de la locura. Necesitaba hablar con ella, excusarse. Por eso, Enrique trató desesperadamente de verla, pero el padre de Eloísa, esta vez sí, se lo impidó. Recluyó a su hija en una casa en mitad del campo y dispuso dos hombres en la puerta con sendas escopetas. No pasó de la entrada.
Tras la ruptura, quedó destrozado. Aquello "justificó su vida de corazón roto durante años", según palabras de su hermano Álvaro. Unos meses antes de que Eloísa le dejara, Enrique compuso este tema:



El tiempo, no obstante, fue pasando, y Enrique volvió a enamorarse, y hasta tuvo una hija, María. Aunque el recuerdo de aquel primer amor le siguió acompañando, como una letanía, toda su vida. No en vano, el destino le tenía reservado una última cita en su calendario.

15 años después de aquella traumática ruptura, Eloísa y Enrique se encontraron en un bar de Madrid. El reencuentro fue fugaz, y lacónico. Ella le preguntó qué tal estaba, y él le contestó que bien, que había tenido una hija. Entonces intercambiaron teléfonos, y Eloísa quedó en llamarle para ver a la niña. Se despidieron, y nunca más volvieron a verse. Ella no le llamó, y un mes más tarde, Enrique apareció muerto por sobredosis en un portal del barrio de Malasaña.
Antes, eso sí, dejó grabada la voz de esta canción, escrita el mismo día que volvió a ver a Elosísa, la chica del primer cruce:





Sinceramente, me parece una de las historias más bonitas que he escuchado.






Los detalles, aunque versionados, están tomados del libro Enrique Urquijo: Adiós Tristeza, de Miguel A. Bargueño.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te voy a contar yo otra historia. Un viernes un chico muy seguidor de Los Secretos me dijo: Esta noche a las 5 de la mañana te llamo por teléfono y nos cantamos una. Yo por supuesto sabía que no iba a hacerlo.
Esa noche iba yo en el coche de una amiga volviendo ya a casa cuando en la radio empezó a sonar Agarrate a mi María. Miré el reloj digital. Las 5:00.
No es un momento mágico?? Quien diga que la magia no existe miente como un bellaco.

Rodrigo Casteleiro dijo...

La verdad que la coincidencia es mágica...