martes, 31 de marzo de 2009

Tristefeliz


Es hora de quitarse la careta. De reconocernos vulnerables, débiles. Basta ya de psicología barata, de libros de autoayuda, de Bucay y Coelho. El ser humano, nosotros aunque a veces no lo parezcamos, jamás logrará la estabilidad emocional. Aunque algunos, los más avispados, piensen que sí, y cobren treinta o cuarenta euros por media hora de felicidad, por una grajea de autoestima. Por un orgasmo mal echado.
No. No hay estabilidad que valga.

El ser humano es un balancín. Nuestra estructura, de hecho, es la de un columpio, que sube y baja, que toca techo y cae al suelo. De lo más alto a lo más hondo.
Porque nuestro sino, dígamoslo joder, es hundirnos, hasta casi la corteza de la tierra, y después, volver a escalar, a trepar. Y de nuevo, caer. Reír, y llorar, sonreír y gimotear. Es el precio que pagamos por el raciocinio.

Somos humanos, aunque se nos imponga ser máquinas. Aunque digan que los hombres, los machos, no lloran, y las mujeres, no deben llorar, mostrarse débiles frente al enemigo. Quien inventó esa mierda de filosofía, estoy seguro, fue un hombre que se ponía medias de rejilla y bragas negras en la intimidad, y lloraba viendo películas de Meg Ryan en el salón de su casa, a oscuras. Un hipócrita, vaya. Como tantos otros gurús.

El destino del hombre, y de todas las mujeres, es amar y despedirse. Lo escribió Neruda, pero lo podía haber escrito cualquier otra persona. Basta con lanzar una mirada a nuestro alrededor, y percatarse de ello. Ver las caras de los peatones, y mirarles a los ojos. ¿Es usted feliz en su vida? No. Enhorabuena forma usted parte de los 6.769.273.125 de seres humanos, que habitan la tierra.

Porque sufrir, padecer, es algo intrínseco a la raza (que me perdonen los marcianos, por esta salida racista) humana, como también lo es reír a carcajada limpia. Ahí radica nuestra complejidad, la que nos convierte, por ende, en humanos.
Pretender cambiar eso, es cómo intentar que el sol salga de noche, y la luna de día.
Es imposible ser feliz completamente y a todas horas, de la misma forma que se antoja fuera de órbita, estar triste de por vida. Son ciclos, rachas, momentos. No hay tantas sonrisas ni tantas lágrimas por persona. Los sentimientos también se desangran.

Por eso estoy harto de ver cómo decenas de engañabobos inventan fórmulas para la eterna felicidad. No, señor, eso que usted comercializa, es un placebo, y además va contra mi libertad. Mi libertad de estar triste, cuando a mi me plazca, cuando lo necesite, cuando quiera llorar.

No existe la estabilidad, ya digo. Es una putada darse cuenta de ello, pensar que toda la vida va a ser un continuo vaivén. Hoy arriba, mañana abajo. Hoy aquí, mañana allá. Pero es mejor saberlo, a vivir en la ignorancia, creo yo.
Dime la verdad, aunque me duela, que la mentira a la larga, me hará más daño.

Hoy ,por ejemplo, estoy feliz. Hace días, me sentía triste. ¿La razón? No lo sé.

La vida también es compleja, y no suele explicarte las cosas, a mí por lo menos no. Tienes que atar cabos tú mismo, y entremedias, seguir viviendo. Un follón.

Pero todo pasa, y todo llega. El dolor tampoco es estable.



-Para ti-



Imagen sacada de optimizandome.blogspot.com

lunes, 30 de marzo de 2009

La vecina del cuarto


En el piso donde vivía antes, había una señora, la vecina del cuarto, que todos los lunes, nevara o hiciese sol, salía al rellano a las siete en punto de la mañana y gritaba: "¡Hijos de puta, os voy a matar a todos, vecinos de mierda!".
Después, su hijo, muy diligente, se disculpaba: "Perdonar a mi madre, está loca".

Los demás días, la vecina en cuestión, no daba señales de vida. Sus impulsos homicidas iban de lunes a lunes, el resto de la semana, nos perdonaba la vida.

Ahora, ya no vivo allí, me mudé. Y aquí los lunes son más tibios. Hay un bebé que llora y un perro que ladra. No es lo mismo. No tiene la misma emoción.



Cómo echo de menos a la vecina del cuarto.


Fotografía sacada de vueltaabruselas.blogspot.com

Detalles

- Elige: o tu gata o yo. O duermes con ella, o conmigo.

Y se marchó de casa. Janis nunca me hubiera hecho elegir.
Lástima que no dejen entrar animales en los restaurantes. Hay veces que me gustaría tener algún detalle con mi gata e invitarla a cenar.

Dos en un andén

Os dejo este corto para aligerar el comienzo de semana. Es lunes y el cuerpo pesa el doble. Espero que lo disfrutéis tanto como yo:





En mi caso, prefiero siempre salir de dudas, a quedarme con las ganas.

domingo, 29 de marzo de 2009

Terapia de choque

La cajera te ha dado mal el cambio, y se te ha olvidado comprar, encima, los tomates. Al salir del súper, se te ha enganchado tu camiseta favorita con la puerta, y se ha roto por el costado. Además, has querido darle algo al pobre que está en la esquina, y se te ha caído el bolso al suelo, con tan mala suerte, de que el mismo pobre lo ha cogido y ha salido corriendo.
Un taxi pasa derrapando y te salpica, llenándote de mierda. Y tú piensas: "Qué más me puede suceder hoy".

Caminas dos calles hasta tu casa, y en el camino, maldita la coincidencia, ves a tu ex abrazado a otra chica. Es mucho más fea que tú. "¿Sí, de verdad ella es más fea que yo, sí, lo es, sí?".
Llegas a tu portal, y claro no tienes llaves, las llaves se las quedó ese sucio mendigo traidor. Llamas, pues, al telefonillo pero nadie te abre. No te queda más remedio que esperar abajo, hecha un cuadro. Para colmo, ahora, encima, se pone a llover. Cuando saliste hacía un sol resplandeciente, y no viste necesidad de abrigarte. Como nadie te abra, cogerás una pulmonía. Te entra el pánico, se te aceleran las pulsaciones. Notas, incluso, como comienza a faltarte el aire.

A los diez minutos, justo cuando estás a punto de desmayarte, ves aparecer al vecino que más odias, ése que sólo te saluda cuando vas arreglada, y altivo exclama: "Vaya te han dejado en la calle, pooobrecita". Abre y pasas agachando la cabeza, muerta de vergüenza. Vives en un quinto sin ascensor, y el carrito pesa el doble que tú, pero el vecino, obviamente, no se digna a ayudarte a subirlo. Simplemente te mira con indiferencia y pasa de largo. Hijo de puta. Cabrón. Desgraciao. Todos los insultos son pocos.

En el segundo, te tropiezas y el carro se derrama escaleras abajo. Ves tu vida rebotar una y otra vez contra las paredes. No puedes más. Y te pones a llorar, harta de todo. Hecha un ovillo, en un escalón. Balbuceas, y sollozas, dices por qué a mí, por qué todo lo malo me pasa a mí. Pero entonces, un fogonazo de autoestima te ciega y gritas: "¡A la mierda la compra, a la mierda los tomates, a la mierda el mendigo, a la mierda la cajera, a la mierda el vecino. A la mierda todo! Y subes campante hasta tu casa. Coges ese disco de Fito Paez que tanto te gusta y pones esta canción a todo volumen:



Y el mundo vuelve a girar sobre su eje. Y tú te sientes como si hubieras echado el mejor polvo de tu vida.

Doble o nada




Pero uno nunca sabe cómo van a rodar las cosas. Vivir es apostar a ciegas, meterse en una hipoteca sin aval ni nómina, conducir kamikaze hacia quién sabe dónde...

En eso consiste vivir. En correr un riesgo. En arriesgarse a estar vivos.

Yo por mi parte, acepto el reto. Y subo a doble o nada la apuesta.

Tantas cosas yo sería...

Me ha llegado este test, y no he podido resistirme. Me gustan demasiado estas tonterías.

Si fuera...sería...

Una canción: Pero a tu lado, de Los Secretos.
Un color: Azul.
Una palabra: Vida.
Un regalo: Un poema.
Un beso: El primero de todos. El que te das con 12 años.
Un cuento de hadas: En mi cuento, Blancanieves le diría al príncipe que le quiere solo como amigo.
Una parte del cuerpo: Los ojos.
Un sentimiento: Nostalgia.
Una materia: Aire.
Un coche: Alguno que hablase.
Un chocolate: Con leche y almendras.
Un zapato: Sería más bien una pantufla, de esas que tienen forma de perro orejotas.
Un día de la semana: El jueves.
Un accesorio: Una grabadora.
Un viaje: Alrededor del mundo.
Una flor: Una rosa muy muy roja.
Una ropa: Unos vaqueros.
Un pecado capital: La lujuria, por supuesto.
Un bofetón: Uno de mentira.
Una pregunta: ¿Te quedas a dormir?
Una bebida: La cerveza.
Un libro: Ensayo sobre la ceguera, de Saramago.
Una profesión: Periodista.
Una película: Martín (Hache).
Una frase: "Da igual, prueba otra vez, fracasa otra vez, fracasa mejor". Samuel Beckett.
Un animal: Mi gata Janis.
Un numero: El 8.
Una serie de TV: Cuestión de sexo.
Una comida: Arroz con chipirones.
Un árbol: Un Ent, del Señor de los anillos.
Un país: Nunca Jamás.
Un instrumento musical: El saxofón.
Un adorno: Una fotografía en blanco y negro.
Un edificio: Uno con buhardilla.
Un objetivo: Seguir soñando.
Una necesidad: Escribir.
Un arma: La risa.
Un mes: Octubre.
Una virtud: Empatía.
Un defecto: Desorden.
Un abrazo: De esos que no se piden.
Un personaje: Enjuto Mojamuto.
Un momento del día: La madrugada, claro.
Un ruego: No grites.
Un tesoro: El de Willy, el tuerto.
Un nombre: Duna.
Una mentira: No necesito a nadie.
Una verdad: Te echo de menos.
Una llamada: A las cinco de la mañana, borracho.
Una enfermedad: El amor.
Una muerte: De viejo.

sábado, 28 de marzo de 2009

Por causas familiares


- Ya ni vienes por casa. No se te ve el pelo, parece que no tuvieras padre.
- Llevo años viviendo sin padre, y no me ha ido tan mal.
- Cómo puedes decir eso.
- Porque es la verdad. Tú nunca has ejercido de padre, jamás me has preguntado qué tal estaba o porque lloraba. Nunca te has sentado conmigo a escucharme, a hablar. Sólo me regañabas por las notas, por llegar tarde, por estar borracho; nunca escuché de ti una palabra de apoyo, de ánimo.
- ...
- Tu falta de cariño la tapabas con dinero, como otros ocultan sus cadáveres con cal, creyendo, así, que el muerto no aflorará nunca. Pero sí que aflora, vaya que si aflora, al final todo sale a la superficie, todo queda en evidencia. Los años sacan a relucir muchas verdades.
- ...
- Nunca me ha faltado de nada mientras vivía con vosotros: comida, ropa, cama. Pero éso no te convierte en padre, lo siento mucho. Éso se llama manutención, que es algo bien distinto. Cualquier persona, de hecho, puede mantener a otra. Sólo hace falta una nómina. Y un supermercado cerca. Sin embargo, un niño, además de comer sólido, también necesita alimentarse a diario de caricias, abrazos, besos. Y tú jamás me has mantenido así.
- ...
- Al principio todo eso rollo me importaba, me hacía daño. Ahora ya no, que quieres que te diga, he aprendido a vivir con ello, me he acostumbrado, como otros se acostumbran a dormir con un extraño al lado.
- ...
- Simplemente, intento sacar de todo esto el lado positivo. Y es que si algún día tengo hijos, no cometeré el mismo error; me equivocaré en otras cosas, seguramente, pero no dejaré que a mi hijo le falte un plato de cariño en la mesa todos los días.
No quiero que te tomes lo que te digo como un reproche, no te estoy atacando. Te acepto, y te respeto. Cada cual es como es, y tú eres un magnífico trabajador, pero un pésimo padre. Es así. A estas alturas, yo ya no espero nada de ti, no quiero que cambies y que seas ahora el padre ejemplar que no fuiste. Eso resultaría patético, además de cínico. Si quieres lavar tu conciencia, hazlo, pero no a costa de ensuciar la mía. No a costa de intentar hacerme sentir culpable de tus errores. No me cargues ese muerto, papá, porque no me pertenece. Yo no cometí ese crimen.
- ...
- Por eso creo que este ataque de paternalitis que te ha dado, está fuera de lugar. Llega con muchos años de retraso. La confianza hay que ganársela día a día.
- ...
- Hay veces que es mejor dejar las cosas como están, y no hacer preguntas. Prefiero saberte en la distancia, como hasta ahora, y verte como mi padre, que no sentirte cerca y contemplarte como a un extraño.
- ...
- Estoy bien, no te preocupes. Te quiero, ciao.
- Yo también te quiero, hijo.

viernes, 27 de marzo de 2009

Yo solía ligar usando cintas de música


Yo solía ligar usando cintas de música. No es que ligase mucho, la verdad, pero alguna vez sí que caía alguna. Como era vergonzoso, no me quedaba más remedio que ingeniármelas para desplegar todos mis encantos. El hambre, ya se sabe, agudiza el ingenio. Y como en aquella época sólo entendía de fútbol, y de música, pues, a falta de pan, buenas eran cintas. No conozco a nadie, de hecho, que haya ligado recitando la alineación de su equipo favorito. Aunque si me cantasen a mí la alineación del Barça de Romario, Laudrup, Koeman y Stoichkov, caería rendido a sus pies...aisss

Entonces, decía, usaba mis conocimientos musicales para perjeñarme algún tipo de cita, más o menos fructífera. Tenía un cierto bagaje cultural en grupos y cantantes melancólicos, así que no me costaba mucho seleccionar las canciones. Hacía, eso sí, una lista previa en mi cabeza, antes de pasarlas a limpio, por aquello de ordenar el material. No en vano, era mi futuro amoroso lo que estaba en juego, no podía dejar ningún tono suelto.
Después, ya sí, buscaba cassette por cassette, la canción que fuese y la 'volcaba' (play + rec) en una cinta virgen. No hacía esto para follar, que conste, sino para que me besara la chica que me gustaba. Los besos, en aquella época, no estaban tan devaluados como ahora. Sé de lo que hablo: pertenezco a esa generación de niños que a los 12-13 años, aún jugaban a las chapas, iban al Mcdonalds a relacionarse socialmente, y su falo, era el mando de la Super Nintendo. Dichosos los jóvenes de ahora, que son más adelantados.

Grababa unos 15 ó 16 temas, pirateados, en su mayoría, de la Cadena 40. Desde Alejandro Sanz, a Laura Pausini, pasando por los Backstreet Boys (lapidadme...), los Hombres G, Tam Tam Go; hasta canciones, incluso, de los Boyz II Men, Madonna, Roxette o Espend Lind. Naturalmente en aquellas cintas-cita, no faltaba el tema principal de la banda sonora de Titanic (volvedme a lapidar...).
Aquello era como mezclar tomates con fresas. Había un regusto raro en los oídos, pero a veces, ya digo, funcionaba.

Le daba la cinta a la chica, con algún tipo de excusa absurda -"No tenía nada mejor que hacer y te he grabado una cinta..."- y ella, que me sacaba dos años mentales y ,por tanto, sabía ya más que los ratones colorados, se hacía la tonta, la loca, o directamente, me ponía cara de asco. Hubo una que me dijo: "Lo siento, pero es que no escucho música". Fue la primera (gran) excusa que me dio una tía.

Tiempo después empecé a comprarme discos, cedés. Y aquella rutina de grabarlo todo en cinta, pasó a la historia. Cambiaron mis gustos musicales, y por ende, femeninos. Comencé a perseguir a punkis y rokeras, me fascinaba su visión de la vida. Pero eso ya lo cuento otro día.

El caso, y a lo que iba esta entrada que me enrollo, es que hoy revisitando mis años mozos, me he percatado de una cosa. En una de esas cintas (¿dónde estarán?) había una canción de Antonio Vega, que creía, ingenuo, que tenía una letra, críptica, pero romántica. Se dejaba llevar.
Yo me dejaba llevar por ella, y a ella se la dediqué con todo mi amor. Hoy, sin embargo, me he enterado de que esa canción habla de la heroína.

Nunca fue mi intención que te pinchases, o que fumases chinos. Discúlpame.



Fotografía sacada de higueramusic.blogspot.com

jueves, 26 de marzo de 2009

Nunca te dije...



Que tu hermana era mi amor...


Qué joven, y qué planta tiene en el vídeo Bergia. Y ese solo de guitarra que se marca...
¡Que alguien le saque de las giras de Ismael Serrano y le devuelva a sus orígenes!

Gracias

Recuerdo que sonaba una canción de Laura Pausini en la radio. Entre tú y mil mares, para ser exactos. El coche se salió entonces de la carretera, y en apenas segundos, vi mi vida dando vueltas de campana por un descampado. Fueron siete en total, las conté una a una. Siete veces que el coche giró sobre si mismo. Siete movimientos de rotación consecutivos.
En ese instante deseé que aquel brusco vaivén se prolongara en el tiempo, y que el automóvil siguiera dando vueltas hasta el infinito. De lo contrario, pensaba, moriría. Mientras pudiese contar cada nuevo giro, seguiría consciente. Vivo. Por eso me acuerdo del número exacto de vueltas que di. 7, como las vidas de un gato.

Dentro, mi cuerpo se centrifugaba violentamente. Era un muñeco golpeándose contra todo.
Recuerdo también el ruido de la maleza aplastada por las embestidas de la carrocería. El crujir de las hierbas a su paso. Los parabrisas agitándose.
Me acuerdo que pensé muy nítido: "Voy a morir, y no puedo hacer nada para evitarlo". Fue lo primero que me vino a la cabeza. Suena absurdo, todos moriremos algún día sin poder remediarlo; aunque entonces, esa máxima cobró un sentido mundano, tangible. Terrorífico.
Pero no morí, y casi fue peor. El coche dejó de moverse, y yo caí temblando sobre el salpicadero, en un frenazo seco.
Después de eso, vinieron los gritos, el tacto áspero de los cristales rotos, la sangre cayendo a borbotones de mi cabeza. Y el miedo. Sobre todo, la profunda congoja.
Estaba encerrado dentro de un coche totalmente siniestrado, suspendido sobre dos de sus ruedas laterales. La única puerta que había quedado en pie, estaba atrancada, y yo no tenía fuerzas si quiera para forzarla, para luchar por mi vida. Me dolía todo, y sentía además, cómo me iba desangrando por fuera. Morirse de golpe aún tenía un pase, hacerlo lentamente se antojaba horroroso.
Notaba mi sangre espesa y caliente resbalar como en un manantial por mi cara, por mis manos, por todo mi ser, y pensaba en lo inevitable. No iba a salir vivo de ahí.

No obstante, sucedió algo: vi, asombrado, cómo mi compañero escapaba del amasijo de hierros por debajo del coche, sin ningún tipo de rasguño, desentendiéndose, por completo, de la situación, y me sentí profundamente indignado.
Lo veía afuera, dando patadas al aire, maldiciendo no sé qué, y no daba crédito: "Ayúdame a salir, joder, ayúdame", le gritaba yo desde dentro. Pero él seguía a lo suyo, de espaldas a todo.
Eso me llenó de rabia. Mucha rabia.
Conseguí abrir la puerta del copiloto de un puñetazo-que todavía hoy me duele- y saltar desde arriba. Entonces fui directo a por él. El energúmeno sollozaba porque su móvil de última generación y su cartera rebosante de billetes estaban dentro de la guantera, que había quedado, obviamente, inutilizable.
Quise pegarle, destrozarlo a golpes, lo juro. Decirle, cabrón, estoy sangrando como un cerdo y a ti sólo te preocupa tu puto teléfono. Deberías seguir ahí dentro, hijo de puta. Morirte tú, con tu móvil y tu dinero.

Pero en cambio le abracé aterrado y le pedí casi suplicando que me diera su camiseta para tapar la hemorragia. Me hice un nudo tipo, y apreté con todas las fuerzas que me quedaban.
Pese a todo, no logré que la sangre dejara de fluir, no había, de hecho, forma humana de cerrar aquella brecha. Aquello era una estampida de glóbulos rojos.
Empezaba a estar muy mareado.
La única opción que nos quedaba era pedir ayuda. Parar un coche y que llamaran a una ambulancia. Me encaminé como pude hacia la carretera y aguardé esperanzado.
Quince minutos después aún seguía esperando. Estábamos en un paraje perdido de la mano de dios, sin señalización alguna, y completamente a oscuras. Era verano. 17 de junio.
Antes de que nuestro coche empezara a dar vueltas, había mirado, instintivamente, la hora. 1.55 de la madrugada. Calculé el tiempo que podría haber pasado desde entonces. Quizás 15 ó 20 minutos. No tenía ni idea. Todo eran suposiciones.

Quise, por momentos, arrojar la toalla y evaporarme mirando las estrellas, cuando de pronto, oteé a lo lejos seis faros que venían hacia nosotros. 6 haces de luz. Tres coches, uno detrás de otro.
Me incorporé súbitamente y grité auxilio hasta quedarme afónico; también levanté los brazos y chillé, pero la vida pasó de largo.
En ese momento, viendo la situación, miré a mi compañero y le dije: "Me estoy mareando mucho, si caigo inconsciente, ten al menos la decencia de no dejarme tirado en este puto descampado". No supo qué contestar. Ni siquiera me mantuvo la mirada. Cobarde de mierda.
Pasaron algunos minutos más. Tiempo indeterminado. He de decir, que en ningún momento vi ninguna luz al final del túnel, ni se me agolpó toda mi vida en diapositivas. Pensé, eso sí, en las cosas que había hecho hasta entonces. Iba a cumplir 16 años, que es una edad ambigua. Resulta que eres demasiado mayor para ciertas cosas, pero, también, demasiado joven para otras. Es una putada de edad, la verdad. Yo no volvería a lo 16 por nada del mundo.
Pero entonces iba a cumplirlos, decía, y pensaba en las cosas que había hecho: me había enamorado, me habían roto el corazón, había roto yo también algún corazón que otro, me había emborrachado, había vomitado hasta la bilis, me había drogado, me habían expulsado del colegio, había vuelto, me había ido de casa, había llamado fascista a mi padre, había odiado, amado, había ido a cuatro conciertos, algún que otro bar y discoteca y a muchos más cumpleaños; había aprendido a nadar, a montar en bici, había escrito una novela corta, leído algunos libros interesantes, había...joder no había hecho nada. Me iba a morir sin haber hecho nada en la vida. Nada que fuera relevante, nada digno de ser mencionado en una (hipotética) biografía.
Me puse a llorar también a borbotones. De pena, de tristeza, de nostalgia, de enfado. Creo que nunca he llorado de forma tan hetereogénea, y a la vez, tan concreta.

Y sucedió, que la vida, me fió una segunda oportunidad. Vi de nuevo acercarse muy lento a otro coche, y volví a chillar: "¡Por favor, paren, hemos tenido un accidente, necesitamos ayuda!". Y el vehículo, esta vez sí, se detuvo. Eran una pareja joven, de unos treintaylargos. Se les había estropeado el aire acondicionado, y tenían las ventanillas bajadas. Por eso me oyeron.
Me dieron una manta y llamaron a una ambulancia.
Me salvaron la vida, vaya. Nunca supe sus nombres, tampoco sé cómo ponerme en contacto con ellos actualmente. Por eso quiero agradecérselo desde aquí. Aunque suene raro, y sea extravagente. Puede que algún día lean esto, y se pongan en contacto conmigo, o yo con ellos:

Gracias por darme aquella segunda oportunidad. Tampoco es que haya hecho muchas más cosas en la vida, pero sí que he adelantado trabajo.
Gracias, gracias, gracias. Infinitas e infinitas gracias.
De todo corazón.
Gracias.
Por todo, por parar,
por salvarme la vida,
gracias.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Yo también soy un asesino


Acabo de asesinar a 100 millones de personas. He tirado un condón usado a la basura.
Soy un asesino, no peor aún, un sanguinario genocida.

........

Leo las declaraciones de ciertos sectores de la Iglesia Católica, al respecto de la nueva ley del aborto, y me da urticaria.

Punto uno. La nueva ley no obliga a abortar a nadie, simplemente se está dando la opción de, en caso de. Como con el(¡oh cielos!) matrimonio homosexual.
Punto dos. La nueva ley aún tiene que ser votada en el Congreso, es decir, no está todavía aprobada. Así que dejen de intoxicar.
Y punto tres, y más importante. Las mujeres, aunque ustedes no lo contemplen, ni lo entiendan, ni lo incorporen, ni nada de nada, tienen derechos. Y hasta la fecha, y si la ciencia no lo remedia, son las únicas que paren, y, por ende, las que deben poder decidir si tener o no ese hijo; sin que por ello, se las meta en la cárcel, o, se las tache de asesinas. Para homicida, su comandante en jefe, que afirma, sin temblarle la voz frente a la población africana, que "los preservativos sólo aumentan el problema del sida". Amén.

.......

Si ellas por abortar son unas asesinas, yo por hacerme pajas, o follar (sí, follar) con condón (sí, con condón) soy un genocida.

Señores obispos, dejen de perseguir a la gente. La Santa Inquisición hace mucho que se abolió. Mal que les pese.

He dicho.



Viñeta sacada de 3debuche.files.wordpress.com

martes, 24 de marzo de 2009

El hastío de Larra




"Y yo que aspiraba a Mariano José de Larra, acabé en Mariñas".

Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Mariano José de Larra, para muchos el maestro del periodismo moderno. No sé si tanto, pero el tipo se convirtió en la época, en el periodista mejor pagado. Y eso, si que tiene mérito, viendo los sueldazos (¡Ja!) que cobramos, y la precariedad laboral del gremio.

Se acabó pegando un tiro, como Ernest Hemingway. Larra no soportaba el hastío vital que le producía España. Aunque otras lenguas hablan de un desengaño amoroso.
A mi me parecen bien ambas razones.
Yo hay días que no sé si me faltan balas o motivos, la verdad.
Va por rachas.

lunes, 23 de marzo de 2009

De pequeño soñaba con ser futbolista


De pequeño soñaba con ser futbolista. Creo, que como el 99% de los niños a esa edad. Pero el mío, como la rosa del principito, era un sueño único. Especial.
Como el protagonista del cuento de Saint-Exupéry, yo también regaba cada día aquella ilusión con celo y mimo: me vestía de corto, me subía los calcetines hasta las rodillas, me calzaba las botas, y bajaba a la plaza de mi casa a darle patadas al balón hasta que desfallecía.
Ya fuera verano o invierno, lloviese a mares o hiciera un viento más propio de Oz, que de Madrid. Daba igual. Jamás me perdía una tarde de fútbol, a menos que estuviera castigado, que no eran pocos los días.

Años más tarde comencé a fumar, y algo después a drogarme como un bendito. El fútbol en mi vida se redujo entonces a la mínima expresión. Ya sólo jugaba de vez en cuando, y no todo el encuentro. Era cómo ver a Maradona en un partido contra la droga. De risa.
Sin embargo, entre alucinación y alucinación, vislumbré otro sueño: ser estrella de rock Estaba colocado, sí. Pero no obstante, aquello no sonaba tan desafinado.
Otros grupos habían llegado a la gloria de la nada. ¿Por qué no nosotros?
Ocurrió lo que ya conté: aquel sueño también se diluyó en el tiempo, y me vi, ya digo, huérfano de ilusiones.

Los Primitivos, que así nos llamábamos, se deshicieron como una pastilla efervescente en un vaso de agua, miles de partículas espolvoreadas, arrancadas las unas de las otras. Cada cual siguió su camino.
De todo aquello me quedó un regusto en la memoria, y un puñado de letras de canciones, en donde estaba escrito, sin yo saberlo, mi destino más próximo. El siguiente trasbordo a mis sueños.
Quería ser poeta, como Bécquer, Lorca o Salinas.

Creía entonces, que había vivido lo suficiente para contarlo. Tenía 17-18 años y un currículum vitae lleno de aparentes desgracias y de amores imposibles. Me habían roto el corazón unas cuantas veces, y me había vengado otras tantas. Había tenido también un accidente de coche en el que salí vivo de puro milagro. Mis peleas con la vida eran constantes. ¿Por qué estoy vivo yo, maldita sea, y los demás no?
Todo aquello tenía un manto poético importante.
Escribí cerca de 500 poemas, a cada cual peor, que llevé a una editorial. Tras evaluarlos, me dieron un sí condicionado. Condicionado a que yo pagase medio kilo (¡500.000 pesetas de entonces!), por una tirada de 300 ejemplares. No tenía un duro, había dejado derecho y estaba sin trabajo. Me negué, llamé hija de puta a la tipa que,pensaba, me estaba estafando y me fui de ahí con mis poemas bajo el brazo.
Se los regalé a un amigo. Creo, de hecho, que aún los tiene.

A partir de ahí, continué escribiendo poesía, pero ya sin ningún tipo de pretensión artística. Ser poeta me había salido caro. Ahora sólo quería desahogame, eyacular mis miedos y querencias sobre el papel arrugado. Lo sé soy un caprichoso, no debí darme por vencido tan pronto, debí buscar otras editoriales, moverme más, llamar a más puertas...
Hay tantas cosas en mi vida que debí haber hecho y no hice...

Con estas acabé estudiando periodismo, y dejé por un rato la vida ociosa. Me centré un poco, y descubrí mi vocación tardía: ser corresponsal. Dar voz a gente que no tiene voz. Cambiar el mundo, en definitiva.
Quería mejorar su trazo. Escribir sobre las guerras olvidadas, sobre América Latina, África o Oriente Próximo.
De momento, es el sueño más largo que he tenido, quizás sea porque aún no he podido rozarlo si quiera con las yemas y paladearlo. Intentarlo y salir mal parado. Toda mi vida he tenido esa misma sensación, la del eterno perdedor, qué quieren que les diga.
Pero hasta que eso llegue, hasta que ese sueño se deshaga como todos los anteriores en un manojo de partículas, y vaya a parar al cajón del olvido, donde yacen mis botas de tacos, mis pentagramas o ese poemario sin nombre que escribí para ti sin conocerte de nada; hasta que eso pase, decía, me queda sueño para rato.

El otro día, sin ir más lejos, me preguntaron si yo creía en los sueños. Claro que sí, le dije, los sueños son necesarios. ¿Y tú con qué sueñas? Yo sueño con seguir soñando, con no quedarme nunca sin ilusiones, con tener siempre de sobra. Aunque sea ingenuo. ¿Y por qué, si los sueños sueños son? Porque los sueños como la sal, "no alimentan pero dan sabor a la vida". Son como la utopía de Eduardo Galeano: "Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar."


Para eso mismo sirve soñar, para caminar. Aunque a veces salgan ampollas.

domingo, 22 de marzo de 2009

Janis y Russian Red

Mi gata y yo solemos estar de acuerdo en muchas cosas. En el lado de la cama que preferimos, ella siempre duerme en el derecho y yo en el izquierdo. En que es mejor mear de pie, que sentado (cuando voy al baño, se asoma al retrete y me mira con ojos de envidia...); o que es infinitamente más placentero que te rasquen a tener que rascarte tú mismo.

En la música también compartimos gustos. No solamente nos atrae Janis Joplin, también Led Zeppelin o Cash son de nuestro agrado.
Con una excepción: a mi gata no le gusta en absoluto Russian Red. La odia. Cada vez que suena se retuerce, patalea, y maulla incómoda.

Yo todavía estoy descubriéndola. Me dolía la vista de ver su nombre escrito en todos los suplementos culturales. Así que busqué algo de ella, y me dejé hacer.
Hasta el momento, lo que he escuchado me gusta:



Mi gata, en cambio, prefiere a los clásicos. No se puede estar de acuerdo en todo.

El justiciero intelectual


- Pues a mí no me gustan los libros de poesía, no los entiendo.
- Hombre, depende del autor que leas, no es lo mismo Góngora que Luis García Montero.
- Para mí son todos iguales: poetas, ¿no? Pues eso.
- Ya, pero hay poetas más crípticos, y otros más fáciles de entender, de leer.
- No me convences, a mi todos me parecen iguales.
- ¿Cuántos libros de poesía has leído tú en tu vida, no sé, qué autores acostumbras a releer?
- Ninguno, pero no me hace falta lee...
- Creo que voy a tener que matarte.
- ¡¿Cómo?!
- Sí, no me dejas más remedio. No soporto a la gente que opina de las cosas sin tener ni puta idea, sin informarse si quiera un poco. Si no te gusta la poesía, vale, lo respeto. Pero si no has leído ningún libro de poesía en tu vida, no puedes emitir tal juicio y quedarte tan ancho. Es incongruente. Así que voy a darte muerte con un lirio cortado o con un golpe de oreja, a la manera de Neruda, uno de los mejores poetas que he leído, por cierto.
- ¡Estás loco!
- No, simplemente soy un tipo más o menos informado.

..............

- Agente, vengo a entregarme. He matado a un hombre.
- ¿Cómo dice?
- Sí, acabo de degollar a un tipo con un lirio cortado, y después, mientras agonizaba en el suelo, le he soltado un manotazo en el tímpano, que ha terminado por rematarle.
- ¡Pero qué cojones me está usted diciendo, se da cuenta de que lo que está declarando es muy grave, se está inculpando de asesinato!
- Sí, lo sé, por eso me entrego, porque he matado a un hombre, ya se lo he dicho.
- ¡¿Y por qué demonios le ha matado, qué le había hecho?!
- Opinar sin tener ni idea.
- Anda, tenemos a un castigador en la sala... ¡Un psicópata erudito, hay que joderse!
- ...
- Y dígame, señor intelectual, qué es lo que ese señor ha dicho para que usted lo rematase...
- Que todos los poetas son iguales.
- Me está usted tomando el pelo, ¿no?
- En absoluto. Él ha dicho eso, y no se había leído un libro de poesía en su vida. ¿Se da cuenta de la incongruencia?
- ¿Me está diciendo que ha matado usted a un señor porque no había leído ningún libro de poesía?
- Sí, eso es.
- ¡Pero vamos a ver, está usted majara! ¡Nadie en este mundo lee ya libros de poesía, son un tostón, qué se cree usted que aún seguimos en el Siglo de Oro! ¡Yo mismo jamás he leído un solo libro de poesía!
- ¿Y qué opina de los poetas que los escriben?
- Pues que son todos igua...

..........

Última hora:

Un anciano ha asesinado presuntamente a un hombre, de mediana edad, en una cafetería del barrio de las letras y a un agente de policía, en las inmediaciones de una comisaría del distrito centro. El hombre ha sido detenido de inmediato y puesto a disposición judicial.

Los hechos tuvieron lugar sobre las diez de la mañana de hoy. El homicida, que responde a las iniciales de M. C., se encontraba desayunando amistosamente con su primera víctima, en un bar cercano a su domicilio. En un momento de la conversación, ambos elevaron el tono y discutieron acaloradamente. Fue entonces cuando el anciano se abalanzó sobre él y, según testigos presenciales, le "rajó el cuello", para después asestarle "un manotazo" en la oreja.

Fuentes policiales confirmaron, que el mismo hombre se dirigió poco después a la comisaria más cercana con "intención de entregarse". Habló con uno de los policías de la puerta, y le contó lo sucedido. El agente- "que no daba crédito"- comenzó también a discutir con él. "Hablaron de poetas, y en un arrebato y sin mediar palabra, el anciano le clavó un arma punzante en el estómago", señalan las mismas fuentes.

El móvil el crimen habría sido, en sendos casos, la poesía. El homicida, ex poeta reconocido y jubilado, asesinó a ambas personas por "opinar de poesía, sin haberse leído un sólo libro", tal y como se sustrae de las primeras investigaciones. El arma del crimen, al parecer, podría tratarse de un lirio cortado, aunque todavía no se ha verificado.

Tras conocer la noticia, el sindicato de tertulianos ha expresado su creciente miedo. Temen que a raíz de este caso, salgan más "justicieros intelectuales". El colectivo de poetas, por su parte, se ha desmarcado de los hechos.

sábado, 21 de marzo de 2009

Claves de búsqueda

Acabo de descubrir una cosa hermosa. Estaba mirando las claves de búsqueda que escribe la gente en el google, y que enlazan, directa o indirectamente, a este blog, y entre la larga lista, aparecía la siguiente:

algún motivo que hace que la vida valga la pena?


Espero que al leer mi entrada, hayas encontrado, al menos, alguna razón.



Yo antes de conformar esa lista, también creía que no había motivos.

Machos


No me gustan los coches. No los encuentro ni atractivos ni útiles. Contaminan, se atascan y pitan. Un coñazo.
Prefiero ir andando a los sitios, o en tren, que es mucho más romántico. No en vano, en todos los viajes que he hecho a bordo de este medio, siempre me ha ocurrido algo. Siempre he conocido a alguien.
En el coche lo único que hago es vomitar.

Tampoco tengo carnet de conducir. No me lo he sacado, ni me interesa. Y si tuviera dinero, que no es el caso, no lo emplearía en apuntarme a una autoescuela, sino en viajar por el mundo: en barco, en elefante o, ya digo, en tren. Pero nunca en coche.

Dicen que los hombres encontramos en este medio de automoción, una motivación fálica. Que lo que conducimos, y metemos en túneles, es, en realidad, nuestra polla.

Soy un castrado, vaya por dios.

Tampoco sé arreglar enchufes, ni montar muebles.

Soy la vergüenza de los machos ibéricos.



Fotografía sacada de cgi.ebay.es

viernes, 20 de marzo de 2009

El hábito



La policía autonómica de Cataluña carga contra decenas de estudiantes, en el centro de Barcelona.

Intento, al ver este vídeo, ser objetivo con todas mis fuerzas. Intento no dejarme llevar por las (brutales) imágenes, no ceder a la rabia e indignación, y escribir una palabra más alta que otra.
Intento entender el trabajo de los antidisturbios. Ellos tienen que dominar una masa de gente que les supera en número y efectivos.
Intento también, en un ejercicio de empatía agotador, ponerme en su piel, vestirme con su uniforme. Hasta me imagino blandiendo una porra.
Pero entonces, me entran unas ganas horribles de girarme y molerles a palos. Me ciega la ira, y me vuelvo, irremediablemente, uno de ellos.

Quizás los antidisturbios, vestidos de calle, sean personas pacíficas. Quizás sea el hábito el que hace al monje, y la porra al descerebrado. Quizás haya que investigar el tejido de ese uniforme, que los convierte en animales.

Pido perdón a quien se sienta aludido. Ya he dicho que he intentado ser objetivo con todas mis fuerzas. Pero es que, aparte de cargar contra estudiantes que defendían el derecho a una universidad pública, durante los disturbios, los Mossos d`Esquadra agredieron a 30 compañeros, periodistas.
Fotógrafos en su mayoría.

Y eso ya me toca la fibra.




También resultaron heridos varios agentes.

jueves, 19 de marzo de 2009

Yo, ramera

Este poema lo escribí hace años, mientras esperaba a un amigo en el McDonald´s que hace esquina con la calle Gran Vía (Madrid). Allí suelen prostituirse varias mujeres. Entonces, me dio por fijarme en una de ellas. Debería tener 40 y muchos. Era morena y huesuda, con aspecto de yonqui. Durante el largo rato que estuve aguardando a que llegara mi amigo, subió con varios clientes. El resto de prostitutas, la mayoría veinteañeras del este, la miraban con cierta 'envidia'. Ella era mucho más vieja que ellas, y estaba muchísimo más demacrada. Y no obstante, se los llevaba a todos de calle.

No estoy ni a favor ni en contra de la prostitución. Estoy a favor de la libertad individual. Pienso que quien quiera vender libremente su cuerpo, ha de poder hacerlo. No hablo de mafias ni trata de personas, éso, obviamente, está fuera de toda regulación. Hablo de quien desea ejercer por voluntad propia. Y la verdad, no entiendo por qué hay tanta polémica al respecto. Por qué se usa tan demagógicamente el término dignidad. Cuando qué es la dignidad, sino conservar tu idiosincrasia, sea cual sea.

Creo que, en el fondo, da miedo asumir ciertas cosas, enfrentarse a la verdad, al trasfondo de todo. Y es que todos somos un atajo de putas. Todos nos vendemos por algo. Comercializamos con nuestra integridad a diario, aunque no queramos admitirlo, aunque busquemos matices.

Pero no hay diferencia que valga entre ellas, las putas y el resto, nosotros. Si acaso, que ellas ejercen a cara descubierta, y nosotros pixelamos nuestros quehaceres. Nuestra rutina.

Nos dejamos joder a cambio de un sueldo, irrisorio en muchos de los casos. Un prostíbulo, sinceramente, no difiere mucho de una oficina, ni un proxeneta de un jefe.
Las ett son la mayor red (legal) de prostitución que existe.

Las putas, opino, deberían gobernar el país, pues son las únicas que tienen las agallas de llamar a las cosas por su nombre.

El poema:

Hoy te he visto
acodada en una esquina,
con tu mini
y tus tacones,
radiante y bella.

Negociabas
un completo
con uno
de tus clientes,
la policía
rondaba
a calle montera
pero tú has subido
y has bajado
en apenas
minutos.

No están hechas
las princesas
para los eyaculadores
precoces.

Hoy te he visto
también,
peleando con chulos y
proxenetas
revindicando con uñas
y dientes
ese trozo de nómina
que te pertenece.

Si no existiera
el matrimonio
otro gallo cantaría,
quizás
estarías en el paro,
quizás no,
putas hacen falta
pues la soledad
lleva liguero
y corpiño,
y la hipocresía
se sirve los domingos
en plato hondo de cocido.

Hoy te visto con su marido,
con mi jefe, con su cuñado,
con el vecino...

...Más bella que ninguna,
más señora que cualquiera,
y me he sentido más unido
a ti que a cualquier otra persona
pues yo también soy puta
y además de las baratas,
yo me vendo a la nostalgia
por un puñado de versos
que me folla y encima
me deja a medias.

miércoles, 18 de marzo de 2009

¿Te he dicho alguna vez lo mucho que te pareces a esa canción?


Todo el mundo se parece a una canción. Da igual cómo seamos. Altos, bajos, gordos o flacos. Es indiferente. Las canciones tienen otra fisionomía: la de los sentimientos.
Los hay más angulosos, más sinuosos, pero también más alargados o más anchos. El corazón es una gran pista de baile.

La cosa está en saber encontrar ese tema que habla de ti, y solamente de ti.
Tocamos, ya digo, a un puñado de estrofas por barba, que nos definen, que nos posicionan. Que nos desnudan frente a los demás, y uno mismo.

Así, mi amigo José, por ejemplo, es Corazón partío, de Alejandro Sanz. Y mi amiga Ruth, Volver, volver, de Chavela Vargas. Eso se ve, se escucha.

Yo todavía no sé a qué canción me parezco. De perfil me veo más like a rolling stone, pero de frente, soy, claramente, el tema principal de la película Báilame el agua.

(Pero a tu lado...)

Aunque, no obstante, hay días en los que me miro en el espejo, y de refilón me noto un cierto parentesco con La chispa adecuada.


Creo que tengo múltiple personalidad, doctor.



Imagen sacada de http://dissenet.com/etringita/

Fiu, fiu, fiu...





¿No es maravilloso reconocerse todavía en ese silbidito?

martes, 17 de marzo de 2009

"Mujes y hombres, y viceversa"



Las mujeres son más fuertes que los hombres. Tienen la regla, paren, y apenas se quejan. Los hombres somos el sexo débil. Si yo tuviese la regla, creo, no aguantaría ni el primer día, pediría que me pegasen un tiro. Que me sacrificasen.
Por no hablar de dar a luz. Los hombres somos, fisiológicamente, unos privilegiados.

Además, ellas, sufriendo el doble que nosotros, aguantan mejor el dolor, sobrellevan mejor las penas. Tienen más fondo sentimental, vaya.
Basta como ejemplo esta canción de Manu Chao, la letra. Comparada con la de Janis Joplin (ver post 'Janis') es una minucia. Un dolor de cabeza comparado con un dolor de ovarios.

La migraña en cuestión:

Tu me estás dando mala vida
Yo pronto me voy a escapar
Gitana mía por lo menos date cuenta
Gitana mía por favor tu no me dejas ni respirar
Tu me estás dando mala vida

Cada día se la traga mi corazón
Dime tu porque te trato yo tan bien
Cuando tu me hablas como a un cabrón
Gitana mía mi corazon está sufriendo
Gitana mía por favor sufriendo malnutrición
Me estás dando m'estás dando mala vida

Cada día se la traga mi corazón
Dime tu porque te trato yo tan bien
Cuando tu me hablas como a un cabrón
Me estás dando m'estás dando Ché
mi corazón

soleil

Tu me estás dando mala vida
Yo pronto me voy a escapar
Gitana mía por lo menos date cuenta
Gitana mía por favor tu no me dejas ni respirar
Tu m'estás dando m'estás dando mala vida

Cada día se la traga mi corazón
Cada día se la traga mi corazón
Cada día se la traga mi corazón
Cada día se la traga mi corazón
Cada día se la traga mi corazón
Cada día se la traga mi corazón
Cada día se la traga mi corazón

Grandes desastres amorosos (1)


La veía entrar todos los días en la cafetería. Por aquel entonces, yo estudiaba Derecho-carrera que posteriormente abandoné- y desayunaba siempre en el mismo sitio, antes de ir a clase.
Ella era pelirroja, como una puesta de sol, de unos veintilargos, y lucía un campo minado de pecas en la cara que me fascinaba.
Siempre soñé con contárselas. Desactivárselas una a una.

La adoraba. Era la pelirroja más pelirroja que había visto en mi vida. De esos pelirrojos, que cuando les da el sol parece que arden.
Y mi corazón era entonces un cóctel molotov con la mecha a punto. Un solo beso, y hubiéramos saltado los dos por los aires.

El caso es que, tras un mes entero observándola desde el final de la barra, sin atreverme a decirle nada, me conjuré ante el espejo y las Musas y le escribí este poema que, armado de valor, le di una mañana:

Lo confieso
soy adicto al café
pero más yonqui de ti
que otra cosa.

Todos los días
te veo entrar en la cafetería
con el peso de tus mañanas
a cuestas,
y tres pinceladas
de maquillaje
que dibujan tu retrato
frente al mundo
y disimulan tus ojeras
llenas de fracasos
en hora punta.

Siempre haces lo mismo:

te acercas a la barra
con andar perezoso
y pides un café con leche
y dos de azúcar.

Pero gracias a ti,
mi rutina se vuelve dulce
mientras te observo
al final del todo
acodado en mi sueño
y mi café solo
se torna acompañado.

Tú por tu parte,
remueves despreocupada tu café
con la mirada absorta
como si nada de lo que te rodease
fuera contigo
pero la vida a tu lado
por unos instantes
deja de ser una guerra preventiva
y a Madrid hasta le salen
hoyuelos en sus zanjas

y durante los cinco minutos
que te tomas para exiliarte
en tus pensamientos,
los coches dejan de traficar
con personas.

Y entonces, tras ese lapso,
vuelves la vista
hacia el periódico que traes
contigo,
y sin dejar de mirarlo
haces ese gesto
tan tuyo, tan mío
esa forma de agitar la cucharilla
dejando, complacida
que las gotas
resbalen en caída libre

y con ellas
el invierno.

Y acercas, luego, la taza
a tus labios
y mi vida entera, puedo jurarlo
se sumerge
en el fondo de ese vaso
girando inerte antes tus besos,
pasando inadvertida entre sorbos.

Después, tu caricia
roza el contorno del
inadvertido plato
que sujeta
tus prisas,
y mi tristeza
se diluye como un azucarillo
y aunque efímero
puedo sentir el tacto de tus yemas
pagando la cuenta
de mis heridas.

Sin más, dejas propina y te marchas
como habías venido
con el mismo caminar perezoso
como si arrastraras
el peso de varios
cuerpos o de varias
mentiras,

con tus tres pinceladas de maquillaje
y tus dos ojeras y ese
campo minado de pecas
que explotan supernovas
a tu paso.

Yo, al irte, como cada día
me acerco hasta tu poso
donde se dibuja tu huella
y ante la mirada atónita
del camarero
dibujo tu silueta
y te desnudo
sobre la barra
que cada mañana
nos visita.

Y en esas imagino
que nos perdemos
por cientos de cafeterías
y tú me hablas
de lo harta que estás de tu vida
y yo te ofrezco un plan de futuro
sin pensiones ni préstamos
ni hipotecas ni ojeras.

Pero el reloj se entromete
entre nosotros
cuando no mi vergüenza
y me cita en una aula magna.

Y más que un poeta, me siento
un abogado frustrado.

Injusta vida esta.


.......


Era guiri. No entendió una mierda.


Fotograma de la película ¿Quién engañó a Roger Rabbit?

domingo, 15 de marzo de 2009

La canción más bonita del mundo




"Y justo en el momento
de pagar,
a Víctor se le ocurre
comentar: Si quieres
esta noche
los dos vamos a cenar".



El amor acecha en cualquier parte, mantengan sus corazones a salvo.

Paro cardíaco

Aún hoy, mi corazón se mata a pajas contigo:

A la una y veinticinco
de la madrugada
de un dieciocho de abril
del dos mil ocho
escribo estos versos
mientras la lluvia barre
para siempre
este jueves ya viernes
que acaba y empieza
que me deja igual
que el miércoles que fue
o que el martes o que el lunes
o echando la vista atrás
que el domingo que mal dormí
en un hostal después de follar con ella.

Porque mi corazón
se mata a pajas contigo
y se muere de ganas
de bombear juntos
y morir de un infarto
mi sístole y tú diástole
pero las cosas son como son
y el único paro cardíaco
que me sobreviene
son estas madrugadas
en las que mis arterias
se colapsan de suspiros.

Todos los días son el mismo repetido
lo que cambia
es la manera de echarte en falta
a veces menos, otras como hoy
hasta dolerme el pecho.

Patologías musicales

Tengo una manía, que a veces roza lo patológico. Y es que cuando descubro un nuevo tema que me gusta, coloco el modo repeat en la minicadena, o el winamp, y dejo sonar esa canción hasta que se consume en mis oídos, como una colilla maltrecha. A veces puedo llegar a escuchar un mismo tema hasta 30 veces seguidas.

Sin ir más lejos, me está pasando con este de ELLA:



Te he visto llorar,
perder el control,
dejarte llevar por nada.
No sabes quién soy,
me siento cada día a tu lado
y te veo contar
las noches que se han llevado
parte de tu vida, cada trago.
Las curvas que se han cerrado
dibujan todo aquello que prefieres no ver.
Cuando den las cuatro
te estaré esperando para huir.

Sólo sé que todos buscamos
alguien a quien abrazarnos
y olvidar cuando duele tanto.
Sueños que se van quebrando,
días que han pasado de largo.

La misma ciudad, el mismo dolor,
el humo rodó en tus labios.
Los besos que no quemaron
arden en mi boca a cada trago.
Todo es tan extraño.
Me la estoy jugando por ti.

Despertar con un cuerpo al lado,
alguien a quien abrazarnos
y olvidar cuando duele tanto.
Y ahora me la estoy jugando.
Ahora me la estoy jugando por ti.


Cada cual tiene sus filias.


Nota a pie de página: A esta chica le daría, sin dudarlo, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

Mike




Bienhallados.


Un sueño cumplido:

http://www.adn.es/impresa/cultura/20081124/NWS-0230-Botox-mejor-rock.html

sábado, 14 de marzo de 2009

Rizzo


Fue durante la larga década de los 90 mi mito erótico, luego llegó Eva Amaral a mi vista y la reemplazó. Pero antes de que eso sucediera, Stockard Channing ('Rizzo', en Grease) ocupaba todas mis fantasías.

Recuerdo, todavía, la primera vez que la vi. Yo debía tener no más de 10 años. Aquella noche la cadena oficial de las tetas-Tele 5-ponía/repetía una película, que había visto anunciada días antes, y que tenía muy buena pinta: rock and roll, tupés, faldas, chicas y hamburguesas con batido gigante. Ñam.

Cené cualquier cosa, y me puse a verla. Estaba solo en casa, mis padres habían salido. Tenía, por tanto, todo el sofá para mí, y lo más importante, el mando de la tele.

Y entonces, como les cuento, sucedió: vi salir de aquel ¡coche rosa! a ese ángel caído, a esa pink lady sofisticada y sensual, y caí rendido. Ella era, por encima del resto, la más atractiva, la más guapa, la que daba mejor en cámara, la más todo. Su pelo corto y revuelto, sus gafas oscuras a lo Audrey Hepburn, y esa mini chaqueta acorde a sus andares de gata. Uff, aquello era demasiado para mi corta edad.
Unos fotogramas más tarde, supe su nombre: Rizzo, acabado como un beso con lengua. Ri-Cho.

A mitad de la película ya había sucumbido inexorablemente a su maldad intrínseca, a su descaro ("Debe de ser marica", "Te han birlado a tu nena, ¿eh?"), pero también, a su profunda humanidad y desgarro:




Viéndola en la pantalla, yo soñaba con ser Jeff Conaway (Kenickie) y escaparme con ella en mitad de la noche, y amarla en la parte de atrás de mi destartalado coche. Y que ella me tirase un batido a la cara, y gritarle aquello de: "En tu estado no puedes montar ahí".

Yo no quería ser Danny Zucco, por el amor de Dios. Ese engañabobos, que de cara al público lucía su pose más roquera, y en la intimidad se vestía con jerseys de lana. ¡Puag!
Tampoco me gustó nunca Sandy, ni con la permanente la trago. Las femmes fatales nacen, no se hacen.


Amaba a Rizzo, ya digo. No en vano, por su culpa, durante años me declaré a cientos de chicas con el pelo corto. Yo buscaba a mi Stockard Channing particular por todos los rincones de Madrid, por todos los bares, pero ella nunca aparecía, y sí lo hacía, no era como (mi) Rizzo.

........

Hace unos días, me acordé de todo esto, y me dio por buscar fotos de mi amada. Esto fue lo que encontré:




¡Por qué, Dios mío, por qué! ¡Por qué permitiste esto, por qué dejaste que pasara!
¡Ella era mi amor, mi musa, mi mito sexual!
¡Y ahora es un calco de Liza Minelli!

viernes, 13 de marzo de 2009

Eloísa y Enrique


Voy a contarles una (bonita) historia de amor musicada:

Ocurrió hace mucho, mucho tiempo, concretamente en el otoño de 1980, en Madrid. Por aquel entonces, la capital era un hervidero musical, y de tendencias. Infinidad de grupos salían al paso de los nuevos tiempos, convirtiéndose, de la noche a la mañana, en prematuros biógrafos de una época. Todo el mundo tenía algo que decir, que cantar:



También Los Secretos, una banda ,por aquel entonces, de poco recorrido. El grupo, liderado por un chaval de 20 años llamado Enrique, había grabado un primer EP de cuatro canciones, que cosechó cierto éxito entre la crítica:



Dicho disco, anticipo de su primer elepé, llegó, además, al corazón de Eloísa, una muchacha de 17 años, que quedó fascinada por la personalidad de Enrique, sensible y melancólico. Así, ambos comenzaron a salir en el periodo otoñal de ese mismo año. Para él, aquella era su primera relación; estaba, por tanto, perdidamente enamorado. Eran jóvenes y se querían.


El padre de Eloísa, un psiquiatra de ideas muy conservadoras, no veía con buenos ojos su amor, y, lejos de entrar en razón, se opuso desde un principio a que estuvieran juntos: "¡Es un músico, por el amor de Dios!", le dijo a ella.
Este contratiempo hizo que Enrique y Eloísa tuvieran que ingeniárselas para verse a escondidas, y burlar, de este modo, el cerco paterno:



Sin embargo, y a pesar de esa magia inicial, la convivencia entre ambos fue deteriorándose, y no, precisamente, por causas familiares. Al poco tiempo, Enrique comenzó a consumir heroína, y se hizo adicto. Sus cambios de humor, y de ánimo fueron mermando la relación, hasta el punto de resultar, por momentos, tormentosa. Pese a todo, él seguía enganchado a ella:



Enrique sólo valía para quererla, pero aquello no bastó. Cuatro años más tarde, y viendo que la relación no tenía futuro, Eloísa, de 21 años, descolgó el telefóno y puso fin: "No puedo seguir contigo, esto se ha acabado, adiós".
Lo que más le dolió a él fue que ella se despidiera así. Sin darle ningún margen para poder explicarse, sin darle opción si quiera a recuperarla.

Estaba al borde de la locura. Necesitaba hablar con ella, excusarse. Por eso, Enrique trató desesperadamente de verla, pero el padre de Eloísa, esta vez sí, se lo impidó. Recluyó a su hija en una casa en mitad del campo y dispuso dos hombres en la puerta con sendas escopetas. No pasó de la entrada.
Tras la ruptura, quedó destrozado. Aquello "justificó su vida de corazón roto durante años", según palabras de su hermano Álvaro. Unos meses antes de que Eloísa le dejara, Enrique compuso este tema:



El tiempo, no obstante, fue pasando, y Enrique volvió a enamorarse, y hasta tuvo una hija, María. Aunque el recuerdo de aquel primer amor le siguió acompañando, como una letanía, toda su vida. No en vano, el destino le tenía reservado una última cita en su calendario.

15 años después de aquella traumática ruptura, Eloísa y Enrique se encontraron en un bar de Madrid. El reencuentro fue fugaz, y lacónico. Ella le preguntó qué tal estaba, y él le contestó que bien, que había tenido una hija. Entonces intercambiaron teléfonos, y Eloísa quedó en llamarle para ver a la niña. Se despidieron, y nunca más volvieron a verse. Ella no le llamó, y un mes más tarde, Enrique apareció muerto por sobredosis en un portal del barrio de Malasaña.
Antes, eso sí, dejó grabada la voz de esta canción, escrita el mismo día que volvió a ver a Elosísa, la chica del primer cruce:





Sinceramente, me parece una de las historias más bonitas que he escuchado.






Los detalles, aunque versionados, están tomados del libro Enrique Urquijo: Adiós Tristeza, de Miguel A. Bargueño.

jueves, 12 de marzo de 2009

No dejen de ir a verla



Me gustaría decirte tanto
De todo aquello que, quedo detrás
Me gustaría sentirme a salvo
Pero lo dudo, si tu no estas.
¿Por qué no dejas de colarte entre mis sueños?
¿Por qué no dejo de pensar en ti?
Antes de marchar
Déjame cerrar la puerta que no quiero
Que entre nadie
Si te vas…
Si te vas…
Si te vas…
Me gustaría pasar de largo
Todas las noches que te perdí
Extraños días encadenados
Y algunas cosas que lo entendí
¿Por qué no dejo de luchar con mi cabeza?
¿Por qué no dejo de pensar en tì?
Antes de marchar
Déjame cerrar la puerta que no quiero
Que entre nadie
Si te vas…
Nadie màs…
Si te vas…
Si te vas…


Sala Caracol de Madrid. Martes 24 de Marzo. 21:30 horas. 10€.

No dejen de ir a verla.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Janis



Un día pillé a mi gata mirando embobada este vídeo, con sus patitas en la pantalla. Tanto es así, que cuando fui a bajarla refunfuñó contrariada. No tuve más remedio que dejarla estar- cómo no, es la niña de mis ojos- con la condición, eso sí, de que cuando acabara la canción se bajase del teclado.
Pero ella no estaba mucho por la labor. De hecho, cuando Janis Joplin dejó de cantar, mi gata maulló pidiéndome que volviera a repetir el vídeo, golpeando la pantalla con sus patas una y otra vez.
Aquella misma mañana le cambié el nombre de pila. Fui al registro civil gatuno y la inscribí como Janis.
El problema es que cuando la llamo ahora por ese nombre para que venga, pasa de mí. Tengo que llamarla por el antiguo, y, claro, tenemos los dos un conflicto de identidades que pa qué.

La letra que dio origen a todo esto:

¡Oh, vamos, vamos, vamos, vamos!
¿No te hice sentir que eras el único hombre? ¡Sí!
¿Y no te di casi todo lo que posiblemente
una mujer puede dar?

¡Cariño, sabes que lo hice!
y cada vez me digo a mí misma que,
bueno, creo que ya he tenido bastante,
pero voy a demostrarte, chico, que una mujer puede ser dura,
quiero que vengas, vamos, vamos, vamos, vamos y tómalo

¡Tómalo! Toma otro pedacito de mi corazón ahora, ¡chico!

¡Oh, oh, rómpelo! Rompe otro pedacito de mi corazón, cariño, si, si, si
¡Oh, oh, cógelo!

Coge otro pedacito de mi corazón ahora, chico, sabes que lo tienes si eso te hace sentir bien Oh sí, ¡ya lo creo!

Vas por las calles sintiéndote bien
y, chico, en lo mas profundo de tu corazón,
supongo que sabes que eso no está bien,
nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca
Me oyes cuando lloro por la noche,
chico, y lloro a todas horas,
pero cada vez me digo a mí misma que
Bueno, ya no puedo soportar el dolor

Pero cuando me coges en tus brazos
lo cantaré otra vez
Digo vamos, vamos, vamos, vamos, vamos y tómalo
¡Tómalo!

Toma otro pedacito de mi corazón ahora, ¡chico! ¡Oh, oh, rómpelo!
Rompe otro pedacito de mi corazón, cariño, si ¡Oh, oh, cógelo!

Coge otro pedacito de mi corazón ahora, chico, sabes que lo tienes, pequeño, si eso te hace sentir bien

Necesito que vengas, vamos, vamos, vamos y tómalo

¡Tómalo! Toma otro pedacito de mi corazón ahora, ¡chico!
¡Oh, oh, rómpelo!

Rompe otro pedacito de mi corazón, ahora cariño, Si, ven ahora

¡Oh, oh, cógelo!

Coge otro pedacito de mi corazón ahora, chico, sabes que lo tienes whoahhhhh!!
¡Tómalo!

Si yo fuera pinchadiscos



¿Por qué siempre ponen en la radio la misma puñetera canción de los Doors, cuando tienen tantísimos buenos temas para escoger, como, por ejemplo, este que suena?


...........

Odio KissFM




Nota a pie de página: El parecido de Jim Morrison con Bunbury, o de Bunbury con Morrison, es acojonante.

Backup


Ella le miró con el ceño fruncido, mientras él, ajeno, seguía con desinterés un programa de televisión, y pensó: Es hora de hacer un backup, no vaya a ser que se me olvide algo.
Y realizó una copia de seguridad de todas las discusiones que habían tenido a lo largo de sus, casi, seis años de relación; tras lo cual, respiró aliviada y sonrió.




Imagen sacada de www.iopus.com

martes, 10 de marzo de 2009

Igualdad de condiciones

No todas las crisis son económicas:

Me pesa el corazón
de arrastrar tanto
insomnio,
de bombear a mano
sin sístole
ni sangre
sonrisas que
cuelgan de espejos
y escaparates.

Me quema el alma
de prender
tantísimas dudas
que arden por dentro
como cabezas de cerilla,
fulminadas y efímeras
sin margen para
poder sujetarlas,
sin tiempo para saber
si la mecha
que ahora incendia
nuestra despedida
hubiera dado luz también
a nuestra esperanza.

Se me atraganta
el diccionario
y la gramática,
ya no entiendo
la lengua
en la que escribo
ni el dialecto
en que te amo.
No encuentro palabras
que quieran pagar
el alquiler
de este cuartucho
de silencio
y flores secas
que es mi boca
y malvivir
entre mis ganas.

Ya no me queda
crédito ni renta
para seguir estirando
mi anoréxica
nómina de besos
y de caricias.
Ya no me llega el amor
a fin mes,
ya no sé
ni cómo pagar
todas las facturas
de sueños y de promesas
que se me apilan
en el inventario
de tus ojos.

No quiero que nuestros
recuerdos duerman
debajo de un puente
a la intemperie
del olvido,
no quiero que malgastes
tu vida llena
con otra de cuarto
menguante,
no quiero que arranques
pétalos a la memoria
y que estos sean de plástico,
no quiero ni la parte
por el todo
ni el dar sin exigir
nada a cambio.

Sólo quiero dormir
y que al despertarme
el tiempo haya
puesto de su parte,
que cese este sol
navajero que
me amenaza a punta
de resaca
cada madrugada
que te pienso,
este granizo de incertidumbre
que golpea mis sienes,
esta nieve de verano
que congela mi ventana.

Sólo quiero poder mirar
al horizonte
y no sentirme tan míope.
Que acabe este mal sueño
y que Cupido
asuma responsabilidades.

Sólo quiero que esto
deje de ser injusto
para ambos,
que la vida nos
devuelva las tardes
y las noches que
se nos quedaron pendientes
para poder al menos
seguir estando
en igualdad de condiciones.

Tregua

Me gusta estar en paz contigo:

No quiero a estas alturas
darnos de palabras
por un quítame allá
esas lágrimas.

No es esto una guerra
por ver quien tiene
más motivos para llorar.
Tu jamás entenderías
mis razones
ni yo las tuyas.

Porque el desamor
es personal e
intransferible
y cada cual lo vive
con celo y egoísmo.

No sólo tú
te has emborrachado
de olvido
y has despertado
con los mismos recuerdos,
no sólo tú has roto a gritos
los espejos y las farolas
gritando a pecho
descubierto.

Yo también me he partido
la cara con la vida
y a mi también
me han crujido
las entrañas,
yo también me he follado
a la nostalgia
y a mi también
me ha dejado a medias.

No es el león tan fiero
como lo pintan
ni yo tan cabrón
como te empeñas.

A mi también se me atraganta
el calendario
y mis sábanas vacías
se me anudan en el estómago.
A mi también me mira
el teléfono con esos ojos
los domingos por la tarde
cuando se desangran
las paredes
y el mundo
es todavía más infame.

A mi también me deben
días sueltos,
tardes y amaneceres
que nadie quiso devolverme.
No sólo tú hiciste horas extras.
Yo también me quedé
en números rojos
por apostar a ciegas.
A mí también
me vendieron la moto
de que el amor
no tiene cura
ni tampoco oftalmólogo.

Pero no es esto una guerra
por ver quien puede
sacarse más reproches
de la chistera
y convertir al otro, en sapo.
Yo no quiero más octubres
ni diciembres,
no quiero más trincheras
ni balas perdidas.
Yo no quiero más facturas
con iva
ni tampoco avales
con intereses
ni bienes gananciales
ni cuentas separadas.

Yo lo que quiero
es firmar una tregua,
un alto el fuego entre
tus ojos y los míos
y que se acabe por fin
esta guerra de guerrillas,
de desgaste
entre mi cuerpo y el tuyo,
esta manera de no decirnos
con la boca y sí con el odio,
yo también te he echado de menos.

lunes, 9 de marzo de 2009

Mudanza, otra vez


De nuevo me hallo de mudanza. Otra vez. Apenas cinco meses después de haberme cambiado de casa. Mi vida, creo, es un continuo subir y bajar de maletas. Un eterno ir y venir.
A veces pienso que me gustaría vivir con algo más de estabilidad, amarrarme a un sitio y echar raíces, incluso hay momentos en los que me harto de esta vida nómada, voluble, cambiante.
Pero soy un culo de mal asiento. Al final, me cansaría de ese otro paisaje, de esa otra rutina. Además, esta, me guste o no, es la forma de vida que me ha tocado en gracia, y que he hecho mía. Uno no elije su destino, se lo encuentra de golpe, y lo acepta o no lo acepta.
No hay otra.
Y el mío es "amar y despedirme", habitar y mudarme.




Fotografía sacada de www.dse.nl

domingo, 8 de marzo de 2009

Posdata

Recupero este poema que escribí hace ya mucho tiempo:

El mundo se acaba
lo dicen los científicos
un meteorito se acerca
a la tierra
y se llevará consigo
el compás de nuestros pasos
sobre la arena del tiempo,
la sombra de las olas
que bañaron nuestra infancia,
el cemento que acaricia ahora
nuestros tobillos en la orilla
de la M-30,
el humo y la cerveza
que emborrachó mi lírica
cuando tenerte
era lo más preciado
y decirnos adiós, inevitable.

El mundo se agota y con él
las gotas de lluvia
que nadaron naufragas
sobre tu pelo y mi escarcha,
el sudor erizándote las ganas,
las promesas de contarte
todos los lunares y estrellas
que hay en el cielo de tu espalda,
el reflejo de tus pupilas
en mis párpados cerrados,
las huellas que nos delataron
ante la nostalgia,
los besos que se quedaron
sin conjugar en la palestra
de los labios,
las abrazos que murieron
carcomidos en un armario,
las heridas que colgamos
en el perchero de otros,
los miedos que agarramos
de la solapa,
los fracasos que cargamos
a la cuenta de Cupido,
las camas que nos servían
de excusa para dormir acompañados,
esta soledad de escribirte a diario
cuando otros te recitan versos.

El mundo se acaba y como él
los sueños que soñaron otros mundos,
los te quiero a pesar de todo,
la suerte de habernos conocido,
las butacas que se cansaron de esperarnos,
los lunes con cara de espejo,
las mentiras que sonaban a verdades,
las palabras que se quedaron sin tinta
para decirte lo mucho que te extraño,
los atardeceres bajo tu falda
robándote algún que otro suspiro,
las madrugadas en tu regazo
cuán feto, cuán pelusa,
acurrucado en tu ombligo
como se amolda ahora
la soledad a mi insomnio.

El mundo...se apaga
y todo se quedará en un verso
en un retazo, en un boceto.
Los trasiegos y las prisas,
la indolencia y el hastío,
la dictadura de lo mundano,
los orgasmos y adulterios,
las miradas que se buscan
como agujas perdidas
en los andenes de metro,
los atascos y embotellamientos,
los despertadores que taladran
los tímpanos de la rutina,
las legañas colgando de lianas,
los buzones exhumando avisos del banco,
los asesinos a sueldo, el cobrador del frac,
el trabajo y las hipotecas a cien años,
las nóminas en letra pequeña...todo
se irá al carajo.

Y a mí sólo se me ocurre dejarte un posdata
a franquear en destino
por si acaso cuando ese meteorito nos reduzca
a cenizas, tú sigas estando a años luz
de mi vera.

PD: no quiero irme de este mundo
sin decirte que te extrañaré también en la otra vida,
que te pensé cada noche de mi insomnio,
que te quise tanto como para tiritar en verano
y ahogarme en invierno,
que te lloré todo un otoño,
que me licencié en Filología Hispánica
para encontrar las palabras necesarias
con que pedirte disculpas y decirte, lo siento.

Que sin ti la tierra es sólo un planeta más
que gira inexorablemente alrededor de la nada
y el universo un valle de lágrimas
que ahora se deshace en pedazos...

sábado, 7 de marzo de 2009

Herido

Una vez me preguntaron qué canción me gustaría que sonase en mi funeral. La cuestión, aunque macabra, no deja de tener su aquel. La última nota de tu vida es, quizás, la más importante, por emotiva.
Entonces, contesté sin ningún género de dudas: The show must go on, de Queen. Obvio.
Hoy me desdigo. Quiero que suene esta canción:



Me hiero a mí mismo hoy
para ver si aún siento,
me concentro en el dolor
la única cosa que es real.
La aguja perfora un orificio,
el viejo pinchazo familiar
trata de matarlo todo
pero yo recuerdo todas las cosas.

¿En qué me he convertido?
Mi más dulce amigo,
cada persona que conozco
se aleja al final.
Pudiste tener todo
mi imperio de impureza,
te defraudaré
y te lastimaré.

Uso mi corona de mierda
en mi trono de embustero
lleno de pensamientos rotos
que no puedo reparar.
Bajo la mancha del tiempo
el sentimiento desaparece,
eres alguien más
y yo aún estoy aquí.

¿En qué me he convertido?
Mi más dulce amigo,
cada persona que conozco
se aleja al final.
Pudiste tener todo
mi imperio de impureza,
te defraudaré
y te lastimaré.

Si pudiera empezar nuevamente
a un millón de millas de aquí
me conservaría a mí mismo…
encontraría un camino…

Método Carl Winslow





En referencia al post anterior: "1, 2 y 3...4, 5 y 6...yo me calmaré...todos lo veréis".

Harto


Estoy harto de los jefes y jefas de personal-nota para guionistas: ¿para cuándo un asesino en serie de jefes de personal?, se me ocurre ,por ejemplo, que podría ser un...becario quemado- de las cartas de presentación y de los impresentables que las leen, de la coletilla "ya te llamaremos", de que nunca me contesten, de que me llamen dos semanas después para decirme, obviamente, "que no me han seleccionado", y encima tenga que darles las gracias por la deferencia de llamarme.
Estoy harto de mandar currículos inútilmente, del tópico: "La esperanza es lo último que se pierde", de no trabajar, de que me pidan saber 300 programas de diseño, que lógicamente (soy periodista, no maquetador ni diseñador...)desconozco. Estoy harto de páginas como trabajar.com, infoempleo.com, periodistas.com, de que me pregunten si ya tengo curro, de no tener un duro, de comer día sí, día también pasta y cinta de lomo, de no dormir por las noches ni tener un horario normal.
Estoy harto de escuchar cada día el ajetreo de la gente yendo a trabajar, de los ruidos de cisternas, cañerías y escaleras a las siete en punto de la mañana, de los pitidos de los coches, de los malos modos de los peatones, del fulano o fulana que coloca-aún no sé quién es-el cubo de basura de nuestro edificio pegado a la salida de la puerta, para que al salir, válgame la redundancia, me de de bruces con él, y empiece la jornada con energía.
Estoy harto de pasarme el día leyendo, escribiendo, masturbándome, follando-bueno de esto último, no tanto-, de tener que explicarme por la vida que llevo, cuando yo mismo la aborrezco, de las palabras crisis, austeridad, trama, corrupción, y tráfico de influencias, de Zapatero (aunque valoro muy positivamente el acuerdo que ha alcanzado con Rusia para follar más entre ambos países), de Rajoy, del PNV, del padre de Marta del Castillo, de ver cómo siguen echando a más gente, compañeros de profesión, y nadie hace nada. Estoy harto de las buenas palabras de los directivos, de los banqueros, ministros y empresarios. "Váyanse al carajo cien veces".
Estoy harto de mi mismo, de mis manías, de mis cambios de humor, harto de mis Musas, que son todas unas putas, y me abandonan siempre en el momento álgido de la inspiración...

Estoy harto de estar tan harto.


(Perdonen el ladrillo, pero necesitaba desahogarme).



Fotografía sacada de gadeschi.wordpress.com

viernes, 6 de marzo de 2009

Para estimular, para favorecer, para follar...





Por fin un presidente que habla claro.

¡Fuera la ropa!


Mi abuela, la anarquista-léase post 'guiso de pollo'-me dice que si no encuentro trabajo es porque no me arreglo lo suficiente: "Deberías vestirte algo mejor, cortarte el pelo, y afeitarte esas patillas tan grandes que llevas". "No es que lleve las patillas largas, es que la barba me sale por provincias, y se confunden", la corrijo.

Aparte, nunca he creído en eso de la estética. No me gusta, la verdad. Entiendo que haya que vestirse(aunque sea partidario del nudismo)para salir a la calle, pero por lo que no paso, es por tener que encorsetarme, según la moda que rija, a la hora de.
Hoy sin ir más lejos, he visto a 7 chavales, de corte tradicional (o pijoquetecagas) cada cual con su kefía, o pañuelo palestino, anudada al cuello, a modo de fular. ¡De fular, por Dios! ¿¡Pero qué coño es esto!?
¿Acaso esos chavales saben lo que ese fular simboliza?

No, no lo saben. Quiero pensar que no. Quiero pensar que simplemente ven en ese pañuelo algo así como un complemento ideal de la muerte. Quiero pensar que no se está frivolizando con los derechos del pueblo palestino, quiero pensar que no es cool, que Israel someta a Palestina al hambre y a la pobreza...

Recuerdo, hace años, cuando me desplazaba en metro a todas partes (ahora lo hago andando), cómo gran cantidad de viajeros me miraban en el vagón incriminatoriamente por portar, precisamente, ese pañuelo. Incluso los hubo que me llamaron entonces terrorista o guarro.
Había veces que hasta tenía que correr para salvar mi vida de la sinrazón y la ignorancia.

Y ahora, los mismos que me apuntaban con el dedo llevan un palestino de colores, porque es la moda. Porque combina con el bolso o las zapatillas.
Me río por no llorar.

Por eso, y por más cosas, me niego a "arreglarme más". Prefiero la comodidad por encima de todo, esto es, camiseta, vaqueros y zapatillas. El hábito no hace al monje, y si me contratan, quiero que sea por mis conocimientos y no por mi fachada, qué palabra más fea, por otro lado.
Y si no lo hacen, ellos se lo pierden.

Ya lo dijo Óscar Wilde:

Después de todo, ¿qué es la moda? Desde el punto de vista artístico una forma de fealdad tan intolerable que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses.






¿No sería maravilloso un mundo en el que todos y todas fuésemos desnudos, libres de convencionalismos y armarios?





Nota a pie de página: Mi abuela se ha convertido en una dandy anarquista.




Fotografía sacada de www.absolutespana.com

jueves, 5 de marzo de 2009

Mi vida, según Quique González


Reglas del juego: Escoge una banda/grupo/cantante y responde sólo con frases de sus canciones.

Cantante: Quique González

Preguntas:

1.- ¿Eres hombre o mujer? Todos me llaman El Kid, fui campeón en el Bronx.
2.- Descríbete: No te fíes de la pinta de buen chico.
3.- ¿Qué suelen decirte los demás? Hay veces que lo bordas, y veces que lo tiras por la borda.
4.- Describe tu anterior relación: Tenía pinta de llamarse Carmen.
5.- Describe tu relación actual: Como kamikazes enamorados.
6.- ¿Dónde quisieras estar ahora? En algún bar que se llame Las Vegas.
7.- ¿Cómo eres respecto al amor? Nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas.
8.- ¿Cómo es tu vida? Ayer quemé mi casa por no quemar mi vida.
9.- ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo? Dame un par de donuts calientes, dame la primera edición. ¿ Tienes el playboy de diciembre? Ponme un cortadito y me voy.
10.- Una frase sabia: La vida te lleva por caminos raros.




Foto de Enrique López



Fuente: email

De gángsteres

Les contaré un secreto:

Cuando escucho esta canción, me entran unas ganas horribles de hacerme gángster.


miércoles, 4 de marzo de 2009

"Unos artistas con dos cojones, que llevan 30 años partiendo el bacalao"





Aquel día no trabajé, disfruté:


http://www.adn.es/impresa/cultura/20081011/NWS-0388-los-secretos-concierto-madrid-ventas.html

martes, 3 de marzo de 2009

La habitación de Javier

La habitación de Javier huele a semen y cerveza.


Así comienza la novela que estoy escribiendo, no sé si es un buen principio, pero es el que me salió. En Dos mujeres en Praga, de Juan José Millás, hay un personaje que se pregunta, precisamente, esto mismo: si el comienzo que ha pensado para su novela es bueno o no.

Quizás el quid de todo esté en el primer párrafo. Aunque no siempre.

Hay libros, de hecho, que empiezan mal, y acaban bien. Y otros que comienzan de forma vertiginosa, y, sin embargo, terminan por los suelos.
Como el amor, como las relaciones de pareja, supongo.
Las menos, son las historias que se mantienen a flote durante las 300 páginas que dura el idilio autor-lector.

Lo común, lo que vende, son los amores tipo El Código da Vinci, best sellers sentimentales de usar y tirar, libros de una sola noche.

Aún recuerdo cuando la novela de marras se puso de moda, y a uno, en el metro, le faltaban dedos en las manos para contar la cantidad de pasajeros que la estaban leyendo. Bastaba otear ligeramente el vagón para escrutar al menos 8 ó 12 personas, tanto hombres como mujeres.
Bien pensado, leer best sellers es una forma de ligar cojonuda. Frívola, pero cojonuda. La de polvos que echó la gente gracias a Dan Brown.

Yo prefiero otra clase de libros, sinceramente, aspiro a otra clase de amor. Reconozco que me gusta follar y que cuando voy al baño, leo lo primero que cae en mis manos. Bucay y Coelho suelen aflojarme el vientre. Pero en condiciones normales, no suelo leer mierdas así.
Prefiero hacer el amor literalmente.


El caso es que yo no sé si el hecho de que la habitación de Javier huela a semen y cerveza, va a suponer que la gente se enganche a su historia. Tampoco sé si quiero que pase eso, que la gente me lea, me descubra.
En el fondo, este Blog no es más que un cuaderno de bitácora más o menos nocturno, acaso apuntes sobre una vida. Una mínima parte de lo que soy.


Javier, en cambio, me conoce demasiado bien. A veces, hasta me asusta.