miércoles, 4 de febrero de 2009

Calcetines


A veces me pongo un calcetín de cada color. No porque los zurza así, qué va. Suelo ordenarlos por parejas. Pero muchas veces me pasa que al ir a tenderlos, no encuentro la pareja natural del calcetín en cuestión, y tengo que apresurar un matrimonio de conveniencia, por ejemplo, entre el rojo y el gris, o entre el verde y el azul. Con los pantalones, boxers y camisetas no me pasa esto. Están solteros, y no creen en el matrimonio. A ellos les gusta más estar a su aire.

Lo de andar con un pie de cada color, ya digo, no deja de ser una simple anécdota, aunque a mucha gente les resulta curiosísimo. Los hay que vienen a mi casa a verme, y cuando se percatan del desnatural cruce de colores, me preguntan alarmados si estoy bien. Ya ni te molestas en vestirte como es debido, siguiendo unos patrones básicos, me espetan. Otros simplemente me llaman desastre, y algunos pocos me ofrecen fórmulas para no perder los calcetines dentro de la lavadora. La que más me gusta es la de unirlos con una palabra o frase. Se me ocurre poner en uno: "Te huelen...; y en otro: ...los pies".

Sin embargo, y a pesar de lo ingenioso del asunto, yo prefiero ir descombinado. Pereza tal vez, o ganas de romper con lo establecido. ¿Por qué todo tiene que estar tan formalizado, ser tan cuadriculado?

A mí me encanta ponerme calcetines de distinto color. Y si tienen tomates, mejor que mejor.



Fotografía sacada de carlosantiago.com

1 comentario:

eme dijo...

A mí me gustas tal cual. Con tus tomates, tus lechugas, ¡tus colores! Tus camisetillas de algodón y tus zapatillas con olor a Cheetos. ¿Qué más puedo decir? Si yo tampoco creo en la convencionalidad de colores. Ya ves, hoy: morado, verde, naranja, ¿qué regla dice que eso pega? ¡La Pumukiley!