viernes, 30 de enero de 2009

San Quentin



Los que aplauden enfervorecidos son presos de la cárcel de San Quentin, en California(EE.UU). El hombre del traje negro y camisa que aparece cantando es Johnny Cash, el mejor músico de country de la historia. Los que vigilan de cerca la acción, guardias armados con rifles y porras.
Es 1969 y Cash canta en la misma boca del infierno. En San Quentin, la cárcel donde años más tarde pasaría sus días, antes de ser trasladado a otro penal, Charles Manson.
Frente a un numeroso grupo de reos, el hombre de negro interpreta precisamente San Quentin, escrita para la ocasión, y a la sazón uno de sus temas más populares y revindicativos.
Cash se siente agusto, cómodo. Es otro preso más, otro paria entre los desheredados. Les canta a ellos, a esa generación de hombres sin futuro, acabada, pero también a si mismo. A ese convicto que lleva dentro.
Johnny Cash se viste con sus pieles, se tatúa sus nombres y la multitud de reos enloquece con cada verso que sale de su boca. No hay trampa ni cartón, es lo que se ve. Un hombre y su voz perpetua, rodeado de sus compañeros de celda.
Tal es la simbiosis que llega un punto en que se masca la tensión; hay un riesgo creciente de que los reos, jaleados por la música de Cash, inicien un motín imparable. El propio músico de Arkansas reconocería más tarde que en aquel momento podría haberse apoderado de la prisión él mismo, y haber liberado a los presos.
Sin embargo, no hizo falta derribar los muros del penal para que todos ellos recobrasen su identidad, su orgullo. Tan sólo mirarles y escupir lo siguiente:

“San Quentin, odio cada uno de tus rincones
San Quentin, ¿te crees que haces algún bien?
¿Piensas que seré diferente cuando salga?
Tus muros de piedra han helado más mi sangre.
San Quentin, que te pudras y ardas en el infierno.
Que tus muros se derriben y yo viva para contarlo.
Que el mundo olvide que exististe,
Y que todo el mundo sienta que no hiciste el bien
San Quentin, odio cada uno de tus rincones”.

Y todo ello bajo la atenta mirada de los guardias. Con dos cojones.
Sinceramente me parece mucho más transgresor esto que llevar a una stripper a la cárcel para que enseñe las tetas a los presos.




Algunos datos de este post han sido extraidos de http://arconderecuerdos.blogspot.com

3 comentarios:

Jesús Ángel dijo...

Gran poema el elegido, y mejor autor. Además de Asuntos Personales, el libro al que pertenece el poema, te recomiendo, también de Benjamín Prado "Marea Humana", gran poesía.
Gran gusto

Meadow dijo...

por cierto, si quieres más de Benjamín...

www.benjaminprado.

Rodrigo Casteleiro dijo...

Gracias por la recomendación!