lunes, 26 de enero de 2009

Guiso de arroz con pollo


Mi abuela no cree ni una sola palabra de lo que dicen los políticos. Todo es pura demagogia, afirma. Un ejemplo: Siempre que el partido de turno dice que durante su mandato se han incrementado las pensiones en un X%, ella mira su bolso y se ríe: "Mi pensión sigue igual, una mijita". A ella nadie le sube nada, salvo las facturas.
Ahora tampoco cree ni una palabra de lo que dicen los bancos. Ellos no son hermanitas de la caridad, no están aquí para distribuir la riqueza, sino para aglutinarla.
En el fondo nunca se ha fiado de ellos.

Mi abuela no es de derechas ni de izquierdas. Pertenece a esa generación de personas que tuvo que lidiar con lo peor de ambas ideologías. Ha vivivo el castrismo y el franquismo. Por eso sabe que a todos, con independencia del color que muestren, una vez en el poder se les va la cabeza, si no se les ha ido antes ya. De Obama piensa que tiene buenas ideas, grandes propósitos, que es un buen tipo, pero que no le van a dejar hacer las cosas. En EE.UU hay muchos intereses creados.

Todos los días, mi abuela lee la prensa y ve los informativos, y despotrica sobre Zapatero, Rajoy, y todo el elenco de políticos que componen el circo del parlamento español.
Yo le digo que es una anarquista, como Bakunin o Proudhon. Una libertaria.
Precisamente, esa es la palabra que más le gusta de todo el diccionario: Libertad.
La mía es vida. Cuestión de gustos.
Tal vez sea porque yo nací libre, y ella no.

Siempre que puedo voy a verla a casa. Suelo ir unas dos o tres veces a la semana, a comer o a cenar. Casi siempre me olvido de avisarla, pero ella siempre hace comida de más. Con cuatro cosas, improvisa una cena de gala. Y durante toda ella, hablamos de la vida y de la libertad. De lo humano y lo mundano. Y comentamos las noticias.
El otro día, mientras cenábamos un guiso de arroz con pollo, vimos en TVE, el programa de 'Tengo una pregunta para usted', en el que Zapatero comparecía por segunda vez.
De todas las intervenciones, la que más me gustó fue la de Rafael Lafuente. Este traductor granadino de 29 años le preguntó al presidente si no era hipócrita que el Gobierno hablase de la paz y, después, España vendiera armas de guerra a países como Colombia o Israel. "¿Tiene usted una idea de cuántos civiles palestinos habrán matado nuestras armas?", le inquirió.
A mí abuela le gustó más la contra pregunta de María José García, de 35 años y en paro: "Yo no tengo una pregunta para usted, pero sí espero que usted tenga una respuesta para mí".

"A ciertas edades, la esperanza (en los políticos) todavía se mantiene".

Ya digo, una anarquista. Aunque bastante bien informada.



Viñeta de Forges.

2 comentarios:

eme dijo...

¡Qué maja esa señora bajita con pelo oscuro que vive en un edificio con entrada magestuosa!
No sé qué pasará cuando me haga mayor; por ahora, prefiero creer, porque si no, ¿qué va a ser de mí...? "Hay que creer en ciertos seres humanos..."

berenguela dijo...

me alegra saber que hay gente mayor que sabe distinguir la mentira y el engaño, qué se levanta contra la injusticia y el descaro! mi abuela se conforma, dice que todas las noticias de los informativos son malas y en eso tiene razón pero al no interesarse, y al ser tan ignorante, la engañan sin darse cuenta y eso yo no puedo soportarlo.

Eperemos que nunca falte dinero suficiente para pagar las pensiones y que siempre defendamos los intereses de los ancianos, son los más vulnerables y los que más necesitan de nosotros