miércoles, 24 de diciembre de 2008

El miedo


El miedo es como un gramo de cocaína. Cortante, y si te pasas de la raya, adictivo. No en vano, basta flojear ante él un par de veces a lo sumo, para engancharse irreversiblemente a la sustancia que te inyecta en las sienes, ésa que te hace caer lánguido bajo sus sábanas. Porque el miedo sabe cómo acunarte para que te sientas cómodo en sus brazos, y poder así subyugar tu vida.
Además, es un bastardo sin antecedentes penales. Por eso es el homicida más peligroso. Nadie sospecha de él, ni se encuentra en situación de busca y captura. Hace vida normal, es el perfecto vecino, la mejor ama de casa. Un voluntario de Cruz Roja. Un alto directivo. Se disfraza de nosotros. Se afeita con nuestra maquinilla, se depila las axilas, las ingles. Se pone nuestra ropa. Usa nuestra cuenta corriente, duerme en nuestra cama, respira a nuestro lado. Es sigiloso como pocos. No le ves venir, y cuando se marcha, no deja pistas ni huellas. Sin cadáver, no hay crimen, dicen los expertos. Pero sí dolor. Y mucha tristeza.
Ésa es su gran baza. El miedo es un criminal de guante blanco. Embrionario. Primero te merma la autoestima con frases del tipo: "Sin mí no eres nadie", "No eres capaz de hacerlo", "No vales nada", "Ni te lo plantees", "Estás sólo en un mundo de hienas, y yo soy el único que puede protegerte", etc. Y acto seguido, te besa cariñoso, tierno. Y en ese beso,precisamente, se halla su veneno. El cáncer de todo.
El mismo que te hace depender de él hasta la extenuación, como un yonqui en el punto álgido del mono. Que te deja, asimismo, sin consciencia, sin recursos. Sin defensa.
Yo mismo, he estado enganchado al miedo. Tanto que aún me quedan secuelas. Pero al menos, hoy en día, puedo decir que lo he superado. Quizás me quede un largo trecho para estar curado, para expulsar de mi cuerpo todo su veneno, su toxina. Pero la primera piedra, de facto, ya está puesta.

Ayer cogí un folio y escribí: "Que te jodan, hijo de puta".

Para eme



Fotografía de A.L.S, sacada del diario Hoy.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Recursos (in)humanos


Sigo sin curro, y con un alquiler pendiente de pago. No tengo un duro, de hecho, llevo dos fines de semana emborrachándome a base de latas de cerveza, que compro a granel en el chino de la esquina de mi casa. Suele hacerme jugosas ofertas: 2x1, 3x1, 5x2...No sé si alguno de vosotros o vosotras ha intentado emborracharse alguna vez con cerveza, es laborioso, más cuando estás habituado a ella. Pero cuando consigues coger el punto, se te queda un pedo muy lúcido. Lo malo es la resaca que te deja al día siguiente, peor, sin duda, que la de vodka o whisky. Pero yo cubatas, ya no cato.
Es un lujo ahora mismo que no puedo permitirme. Y qué decir de salir a cenar fuera...más de lo mismo. Mi dieta se resume en: pasta, arroz, patatas, huevos y bonito. De vez en cuando, mi chica tira de tiquets de comida y me invita a lujosas tascas donde salgo oliendo a fritanga. No obstante, mi figura no es lo que me preocupa ahora mismo, sino mi nómina, que está anoréxica.
Desde que se me acabó el contrato en el periódico donde trabajaba-el mejor diario gratuito de todos, sin duda alguna-he pasado hasta cinco veces por el departamento de recursos humanos. Cada uno de ellos de su padre y de su madre.
Sinceramente, odio ese habitáculo con todas mis fuerzas. Con qué derecho se cree nadie a juzgarte, a valorar si eres válido o no para un puesto, sin darte, si quiera, la posibilidad de demostrarlo.
Hace unos días, ya digo, recalé en una filial de una cadena de televisión. No tengo nada contra los métodos de selección de personal, que conste. Pero me incomodó sobremanera la manera en que la tipa de recursos escudriñó cada gesto que hice a lo largo de la entrevista, por nimio que fuera. Desde mi modo de sentarme, hasta la manera de mover las manos, pasando por la forma de mirarla, que no de tratarla. Incluso, mi carraspeo, fue motivo de examen. Todo detalle estuvo bajo su óptica de gran hermano. Salvo mi currículum. Qué cosas.
La mujer en cuestión, una cuarentona mal conservada (ya puestos, yo también te analizo, amiga mía), me hizo sentir como un coche destartalado que estuviera pasando la ITV. Soy una persona, no una máquina, cojones. Éso y que el sueldo que me ofrecían rozaba la explotación laboral, hizo que saliera de dicha habitación con un cabreo de manda madre. Qué coño se han creído,pensé.
Así que llegué a casa, abrí el portátil, y dije: "A tomar por culo, voy a escribir una novela, a partir de ahora, seré yo mi propio jefe".
Sin embargo, el sueño de ser un escritor autónomo duró apenas unas horas: lo que tardó mi casera en llamar a la puerta y recordarme, con cara de malas pulgas, que le debía parte del alquiler. "Y lo quiero para ayer", agregó tajante.
Pero yo no desisto. Esta semana tengo otra entrevista de trabajo. También para entonces espero haber terminado el primer capítulo de mi nueva vida.
Puede que en el elenco de personajes incluya una cuarentona que trabaje en recursos humanos.


Viñeta de Forges.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Versión 2.0



Creo firmemente en las causas perdidas. Recuperarte lo era, y aquí nos ves, "años después de encontrarte".