jueves, 16 de octubre de 2008

Carta desde el exilio


"Vivo en el número siete, calle Melancolía...". En realidad, no es el siete, sino el catorce. Llevo dos semanas instalado en mi nuevo piso, en el centro de Madrid, y la verdad, no podría estar mejor. Aunque las esté pasando rematadamente putas para llegar a fin de mes. Digamos, que los mileuristas son a mi lado, billonarios.
No obstante, las oportunidades están para cogerlas al vuelo. El tren sólo pasa una vez en la vida, que se diría. Y ante esto, tenía dos opciones: esperarme a tener solvencia económica o lanzarme a la aventura y sobrevivir. Opté por lo segundo, siempre me pudieron las causas perdidas.
Además, si hubiese esperado, quizás no habría encontrado un piso en pleno centro con un alquiler tan barato. Creo en el destino a pies juntillas. Las cosas siempre pasan por algo, y es nuestro deber arriesgarnos. Intentarlo, fracasar. Vivir.
De modo, decía, que ahí ando. Contando cada céntimo para estirar mis cafés y mis rutinas. Pobre, sí, pero cada noche me asomo al balcón de mi cuarto y miro frente a frente a la luna. La tengo de vecina.
Comparto piso con dos compañeros más. Además de un perro, una gata y sus cinco gatitos. Un zoo. Aunque, el piso es grande y yo siempre fui más felino que humano, me siento, pues, como en casa.
Antes de venirme a vivir aquí, no soportaba a los perros, la verdad. Me parecían-y me siguen pareciendo-seres bobalicones. Pueden pasarse horas y horas yendo a por el mismo palo. Soy de gatos. Adoro a los gatos. Sin embargo, a raíz de convivir con un can bajo el mismo techo, he descubierto también mi vena canina. Cuando llego de currar, el perro se me sube encima y me babea y me da besos-no es zoofilia, lo juro-hasta que dejo las cosas en la habitación y me siento en el sofá. Entonces se coloca enfrente y me mira con ojitos para que lo saque. Nunca antes había sacado a un perro a la calle. Es algo curioso. Huelen orines y culos, y disfrutan como enanos con ello. En fin, cada cual tiene sus filias. Ayer, sin ir más lejos, lo llevé a un parque lleno de perros amigos suyos. Y lo dejé a su libre albedrío. Debe ser igual que cuando yo me reúno en el bar con la gente. ¿De qué carajo hablarán los perros? y lo más importante, ¿por qué demonios se huelen el culo?
El caso es que Tor, que así se llama, me tiene ganado. Cuando estoy a los fogones me cerca y me pone cara de lástima para que le de algo de lo que estoy cocinando y yo cedo, mi compañera me dice que lo tengo mimado. Que el animal hace lo que quiere conmigo. Y es verdad, pero es que el can en cuestión se parece al perro de Scooby Doo. Quién puede resistirse a una cosa así.
Con la gata me paso algo parecido, pero está más que justificado. Ya he dicho que adoro a los gatos. A ella le basta con poner los ojos del gatito de la peli de Shreck para que yo parta en dos mi comida y comamos lo mismo. Mi madre dice que estoy más delgado. En fin.
No quiero decirlo, pero tengo que decirlo. Regalamos un gatito, si alguien está interesado, ya sabe. Por mí lo criaba en mi habitación, pero no quieren que la casa, parezca, en efecto, un zoológico.
La convivencia, a pesar de eso, no es mala. Entre los tres nos distribuimos las tareas doméstica. Cuando cocino yo, hago comida para todos, y viceversa. Lo mismo a la hora de fregar, limpiar, etc etc. La única pega es que no hay internet, así que tengo que ingeniármelas para conectarme. No obstante, vivimos en pleno siglo XXI, hay multitud de colegas a los que gorronearles la línea.
Por lo demás, la vida sigue más o menos igual, a veces mejor, otras peor. Me he enterado de que lees este Blog, bienvenida. Espero que no me pidas derechos de autor por haber hablado de ti, en más de una ocasión. Estoy tieso, pero vivo.
Poco a poco la habitación se va llenando de trastos y nostalgias.
Ya os iré contando.



Foto sacada de http://alcaerelsolradio.blogspot.com/

3 comentarios:

Proyecto de Escritora dijo...

Uyyyy, menos mal que lo has arreglado después...yo adoro a los perros y me parecen super inteligentes. Sabes porqué se huelen los unos a los otros?, porque la orina es el DNI de cada perro, eso les da mucha información sobre el perro que tienen en frente. Es su forma de comunicrse y convivir. A mi me parece fascinante, como todo lo que tiene que ver con los animales y la naturaleza. Pero no te preocupes, también me gustan los gatos.

Ánimo con esos apurillos por los que estás pasando (te puedo entender, todos estamos en momentos parecidos), pero como se suele decir, todo pasa.

Un beso y me alegro de tu regreso al blog!

Rodrigo Casteleiro dijo...

Gracias por los ánimos, escritora! sí, los animales son fascinantes, cada día me gustan más. Pensaré en eso que me has dicho de la orina cuando vuelva a sacar al perro ;)
Besos desde el exilio

Marta dijo...

Hola bitxu! Me alegra saber de ti porque desde que te mudaste nada de nada...ais molt malament eh!!!
Veo que estas bien acompañado ais si es que los perros también son bonicos. El perro de Lucas ( Sharky) me puede cuando pone esos ojillos...
Cuidate mucho y de tanto en tanto me mandas un email ( ¡no seas perezoso!).
pd: ¡Lucas y yo ya tenemos piso!
Molts petonets!