viernes, 31 de octubre de 2008

Reseteo


- Lo que más me molesta es que con su ex si lo intentara y conmigo, no.
- Tampoco tenía las cargas emocionales que tiene ahora.
- ¿Cómo?
- Sí, lo malo de acumular relaciones, es que aparte experiencia y ¿sabiduría?, también arrastras taras emocionales. Uno no es el mismo con el paso del tiempo. Nos volvemos más maniáticos, más susceptibles. Menos ingenuos, y más...selectivos.
- Pero yo no tengo la culpa de lo que le hizo su ex.
- Ya, pero te guste o no, estás pagando sus cagadas. Somos lo que arrastramos. Hay desamores embrionarios.
-¿Ein?
- Sí, rupturas que se manifiestan pasado un tiempo y que provocan en la persona que las sufrió, el cáncer del miedo, que es el peor de todos con diferencia. De ahí que, aunque seas probablemente la mujer de su vida y él lo sepa, te rechace. Le aterra-nos aterra muchas veces- volver a confiar en alguien. Volver a intentarlo. Desnudarnos y mostrar nuestras cicatrices. El corazón tiene un límite, reina mora.
- Es injusto.
- El amor es injusto.
- Deberíamos tener un contador interno, un chip que nos pusiera el corazón a cero nada más terminar una relación con alguien. No sé poder resetear sentimientos y recuerdos.
- Entonces seríamos máquinas, querida.



Para Ruth.



Foto sacada de www.aunaocio.com

viernes, 24 de octubre de 2008

"Y recordé su voz..."




Me emborracho con nada para no pensar que eras todo.


Hoy es viernes y me he acordado de esta canción:




Foto sacada de bloglamur.blogia.com

jueves, 16 de octubre de 2008

Carta desde el exilio


"Vivo en el número siete, calle Melancolía...". En realidad, no es el siete, sino el catorce. Llevo dos semanas instalado en mi nuevo piso, en el centro de Madrid, y la verdad, no podría estar mejor. Aunque las esté pasando rematadamente putas para llegar a fin de mes. Digamos, que los mileuristas son a mi lado, billonarios.
No obstante, las oportunidades están para cogerlas al vuelo. El tren sólo pasa una vez en la vida, que se diría. Y ante esto, tenía dos opciones: esperarme a tener solvencia económica o lanzarme a la aventura y sobrevivir. Opté por lo segundo, siempre me pudieron las causas perdidas.
Además, si hubiese esperado, quizás no habría encontrado un piso en pleno centro con un alquiler tan barato. Creo en el destino a pies juntillas. Las cosas siempre pasan por algo, y es nuestro deber arriesgarnos. Intentarlo, fracasar. Vivir.
De modo, decía, que ahí ando. Contando cada céntimo para estirar mis cafés y mis rutinas. Pobre, sí, pero cada noche me asomo al balcón de mi cuarto y miro frente a frente a la luna. La tengo de vecina.
Comparto piso con dos compañeros más. Además de un perro, una gata y sus cinco gatitos. Un zoo. Aunque, el piso es grande y yo siempre fui más felino que humano, me siento, pues, como en casa.
Antes de venirme a vivir aquí, no soportaba a los perros, la verdad. Me parecían-y me siguen pareciendo-seres bobalicones. Pueden pasarse horas y horas yendo a por el mismo palo. Soy de gatos. Adoro a los gatos. Sin embargo, a raíz de convivir con un can bajo el mismo techo, he descubierto también mi vena canina. Cuando llego de currar, el perro se me sube encima y me babea y me da besos-no es zoofilia, lo juro-hasta que dejo las cosas en la habitación y me siento en el sofá. Entonces se coloca enfrente y me mira con ojitos para que lo saque. Nunca antes había sacado a un perro a la calle. Es algo curioso. Huelen orines y culos, y disfrutan como enanos con ello. En fin, cada cual tiene sus filias. Ayer, sin ir más lejos, lo llevé a un parque lleno de perros amigos suyos. Y lo dejé a su libre albedrío. Debe ser igual que cuando yo me reúno en el bar con la gente. ¿De qué carajo hablarán los perros? y lo más importante, ¿por qué demonios se huelen el culo?
El caso es que Tor, que así se llama, me tiene ganado. Cuando estoy a los fogones me cerca y me pone cara de lástima para que le de algo de lo que estoy cocinando y yo cedo, mi compañera me dice que lo tengo mimado. Que el animal hace lo que quiere conmigo. Y es verdad, pero es que el can en cuestión se parece al perro de Scooby Doo. Quién puede resistirse a una cosa así.
Con la gata me paso algo parecido, pero está más que justificado. Ya he dicho que adoro a los gatos. A ella le basta con poner los ojos del gatito de la peli de Shreck para que yo parta en dos mi comida y comamos lo mismo. Mi madre dice que estoy más delgado. En fin.
No quiero decirlo, pero tengo que decirlo. Regalamos un gatito, si alguien está interesado, ya sabe. Por mí lo criaba en mi habitación, pero no quieren que la casa, parezca, en efecto, un zoológico.
La convivencia, a pesar de eso, no es mala. Entre los tres nos distribuimos las tareas doméstica. Cuando cocino yo, hago comida para todos, y viceversa. Lo mismo a la hora de fregar, limpiar, etc etc. La única pega es que no hay internet, así que tengo que ingeniármelas para conectarme. No obstante, vivimos en pleno siglo XXI, hay multitud de colegas a los que gorronearles la línea.
Por lo demás, la vida sigue más o menos igual, a veces mejor, otras peor. Me he enterado de que lees este Blog, bienvenida. Espero que no me pidas derechos de autor por haber hablado de ti, en más de una ocasión. Estoy tieso, pero vivo.
Poco a poco la habitación se va llenando de trastos y nostalgias.
Ya os iré contando.



Foto sacada de http://alcaerelsolradio.blogspot.com/

viernes, 3 de octubre de 2008

Quiéreme tiernamente


- Si tuvieras mucho, mucho, mucho pero que mucho dinero, ¿qué te comprarías?
- Una jukebox.
- ¿Una jukebox?
- Sí, una jukebox.
- Te estoy diciendo si tuvieras mucho, mucho, mucho dinero.
- Una jukebox vale mucho dinero.
- Ya, y un coche, un chalet, irse de crucero...
- Bueno, yo prefiero una jukebox. El resto, no me interesa.
- Ya, y qué harías con una jukebox en medio de la nada.
- Poner love me tender, de Elvis Presley y bailar contigo muy lento.




Foto sacada de farm3.static.flickr.com

miércoles, 1 de octubre de 2008

Eutanasia


Una vez me escribiste en un post it: "No hay post it suficientes para decirte cuánto te quiero".
Hay coincidencias que matan. Resulta que estoy de mudanza (me independizo, pacíficamente) y ando colocando mis bártulos en cajas de cartón. Me llevo libros imprescindibles, discos que no podría dejar de escuchar y algo de ropa, aunque sea partidario del nudismo. También este portátil que tantos buenos ratos me ha dado y un par de cosas más. Lo justo y necesario. Mi intención es, o era, empezar de cero, las nostalgias las dejo apolilladas en el armario. O eso creía yo, ingenuo.
Hoy estaba haciendo inventario, decía, cuando he abierto un pequeño baúl que guardo debajo de la cama como un tesoro escondido en el fondo del mar. Lo sé, hay cosas que es mejor dejar como están, pero también "la mejor forma de evitar la tentación, es caer en ella".
Por culpa de Óscar Wilde, he encontrado tu post it. Al fondo de todo, a la derecha, como los baños. Y he leído tu frase. Ya no estamos juntos, así que supongo que ahora sobran post it para decirnos lo mucho que nos queremos. O no. Hay amores asesinos y otros que te dejan moribundo, pero con aliento. Una putada, sinceramente. Para estar así, prefiero que me desconecten de la máquina. Una eutanasia emocional, no más recuerdos tuyos ni punzadas en el corazón. Esto no es vida, joder.
Si me lees, remátame. Bésame y acaba conmigo de una vez. Por favor.


Fotografía Guillermo Flórez