viernes, 12 de septiembre de 2008

Tres musas


Tres musas entraron por la puerta. El bar estaba solo, intranquilo. Una de ellas se encaprichó de mi cerveza y pidio lo mismo. Correspondí al gesto con un guiño. Hablaron de Bob Dylan, de giras y conciertos. A mitad de la conversación, exhumaron a viejos poetas. No pude resistirme. Bukowski, Gil de Biedma y Lorca. Las tres habían sido asalariadas suyas. La musa de Bukowski habló primero: "Yo soy la puta que se llevó sus poemas". Después la de Biedma: "Yo le arrebaté la eterna juventud al tío de Esperanza Aguirre". Y finalmente la de Lorca, que todavía seguía estando de luto. Guardaron silencio.
Después lloraron, y tras sus lágrimas, brindaron, se emborracharon, y rieron cínicas, lascivas, bellas. Recitaron versos y proclamas. Y escupieron su sangre en el vaso, como en un crimen ritual. Y en ese coágulo estaba mi sino.
Tuve una erección al contemplarlas. Me imaginé con ellas, bebiendo de sus fluídos, recorriendo con mis labios el néctar húmedo de la poesía. Su clítoris asonante.
El miedo se agolpó en mi pecho entonces. No quería ser pasto de sus llamas, como otros lo fueron, morirme de pena al despertarme, que la nostalgia me acribillase. Pero entonces pensé: Para qué la eterna juventud, si aquél instante era ya eterno. Si aquello no era más que la antesala de un epitafio. Si todos estábamos ya muertos.
Mi miedo puro y cortante como un gramo de cocaína, se mezcló con el whisky que rebajó su pureza a la mitad. Pero mi excitación no había disminuido durante toda la escena. Al contrario. La congoja había hinchado mi deseo hasta hacerme contraer todos las aristas de mi cuerpo.
Cerré los ojos y sin dejar de mirarlas, eyaculé en la cara de la inspiración hasta quedar exhausto.
Al abrirlos, ya no estaban. Tan sólo había una rosa sin remite sobre la barra. De fondo sonaba Infinito, de Enrique Bunbury.



Fotografía "Musas dormidas", de Nina.

No hay comentarios: