lunes, 1 de septiembre de 2008

El hombre que vivía de los deseos de la gente


- Yo no soy nada, no me gusta tener que ganarme la vida, es como tener que ganarse el aire, la vida debería ser un bien público, ¿no crees?
- Bueno, la sociedad necesita que la gente contribuya con algo.
- Yo contribuyo con mis pasos. Y tú ¿con qué contribuyes, a qué te dedicas?
- Yo vivo de los deseos de la gente.
- ...
- Verás, trabajo en el servicio de limpieza de una empresa privada que se encarga del saneamiento de los canales y obras de regadío de la ciudad. Todos los lunes vacío las fuentes de los parques y recojo las monedas que la gente arroja. Después vuelvo a rellenarlas con una manguera y así hasta que limpio todas.Una por una.
- ¿Y qué haces con las monedas que almacenas?
- Pues depende, a veces salgo a cenar fuera. Unas veces me voy a un restaurante de cinco tenedores y me meto entre pecho y espalda una mariscada y otras me acerco hasta un Burguer, y me doy un atracón. Adoro esas hamburguesas.
- ¿Te gastas el dinero de la gente sólo en comida?
- Bueno también hay veces que le compro a mi mujer algún regalo: un collar de perlas, una sortija, unos pendientes caros, ya sabes, hay que tener contenta a la parienta. E incluso, este año, me he pagado el abono de mi equipo de fútbol. Ni te imaginas la cantidad de pasta que se saca con este negocio. La semana pasada sólo en una fuente me llevé 250 euros. Yo invierto en deseos.- dijo riendo con una crueldad que me sobrepasó.
- ¿Has pensado que quizás estés dilapidando la herencia de tu hijo?
- ¿A qué te refieres?
- ¿Qué le dirás por ejemplo, cuando estés con él en el parque y quiera lanzar una moneda al agua para pedir un deseo, como cualquier niño, por otro lado, no sé, por ejemplo aprobar las mates o que la niña de su clase, esa de coletas por la que suspira, le de un beso? ¿Le dirás que es en vano, que la fuente no funciona, que no está imantada, que el duende de los deseos no viene hasta por la tarde? Y cuando crezca y esa excusa ya no te valga, ¿qué harás? ¿Le dirás que papá se ha gastado todos sus deseos en whoppers y caprichos, que le espera una vida sin ilusiones, sin magia, sin esperanza?
- ...
- Yo a veces pido deseos. ¿Cómo se supone que debería reaccionar al saber lo que haces? ¿Debería denunciarte por malversación de ilusiones públicas o quizás debería partirte las piernas porque por tu culpa aquella niña de coletas por la que suspiraba, jamás me besó, o por todos esos veranos que me pasé estudiando matemáticas cuando todos mis amigos se divertían en la calle?
- ....
- Hay cosas que son intocables. El mundo como tal, es un burdel de ideas, de pensamientos, de sentimientos si me apuras. Una mierda compacta, achatada por los polos.
-....
- Todo está en venta, todo lo que nos dicen es relativo. Estamos jodidos. No hay una verdad absoluta a la que agarrarse, y si la hubiera esta vendría en grajeas y se vendería a precio de oro. Porque así es cómo funciona. Es el capitalismo postmodernista, si hasta hay escritores que comercializan con el sentido de la vida. Valientes hijos de puta. Somos un gargajo, el detritus de toda esa mierda. La cara de una felatriz a punto de recibir una corrida. Ellos eyaculan sobre nosotros. Porque son el pene y nosotros la campanilla de toda esta garganta.
- ...
- Lo que hoy se exhibe en los escaparates, mañana ya no está. Nada dura ni permanece. La moda por ejemplo, se renueva constantemente. Así es la postmodernidad, vivir no importa, importa llegar lo antes posible a la meta para pensar ya en la siguiente carrera. Acumular cada vez más para poder seguir acumulando más aún. Esa es la evolución que hemos seguido. De homo sapiens a homo frenético. Nos obligan a correr los 100 metros lisos aunque no queramos. Correr, por ejemplo, de casa al trabajo y del trabajo a casa, incluso cuando estamos de vacaciones, seguimos compitiendo, sudando como auténticos cerdos en verano. Porque la vida es una pista de atletismo llena de calles y desde que nacemos llevamos asignados un dorsal aunque no lo veamos. Pero nadie nos pregunta si estamos cansados. Si queremos un poco de agua o si se nos ha montado un gemelo. Porque no le importamos un carajo a nadie. Es así. El mundo no tiene freno, es como el jamaicano ese de las Olimpiadas. Él es el mundo, su forma de menospreciar a sus rivales, de reírse en su cara, de bailarles, es la metáfora de ese mundo en el que vivimos. Y en ese baile está precisamente el significado de todo cuanto nos rodea, la síntesis, el corazón, las vísceras: me río de ti y encima me aplauden. Somos eso, un chiste. Y ellos nos clasifican acorde a la carcajada que podemos provocar. Esa es su forma de valorarnos, de tenernos en cuenta. Nos necesitan porque sin nosotros, no podrían reírse de nadie.
- ...
- Todo es susceptible de ser pisoteado, te decía. Pero hay un límite en todo esto. Y ese tope está en los sueños y los deseos. Eso no, eso es intocable. Porque no le pertenece al mundo ni al jamaicano de las olimpiadas ni tan siquiera a los que echan su semen corrupto sobre nuestra cara. Eso es algo que nos pertenece tan sólo a nosotros. A los homos frenéticos. Porque es propiedad privada del alma y lo único que podemos poseer, tener, dominar, saber como nuestro. Cuando robas una sola de esas monedas, hijodeputa, estás dejando a tu hijo sin sentido. Noqueándole. Estás, para que me entiendas, enjaulando ese resquicio de libertad que le queda, que toda persona tiene, con indiferencia de su sexo, raza o procedencia. Y más aún, estás taponando con silicona la rendija por la que el día de mañana, cuando tú estés muerto, y él camino de una residencia de ancianos, se colará en sueños para reunirse con la chica de coletas de su niñez.

El empleado del servicio de limpieza lloró al escuchar esto último. Al día siguiente pidió la baja y se desvinculó por completo de la empresa privada encargada del saneamiento de canales y obras de regadío de la ciudad. Tardó seis años en devolver todos los deseos que había robado. Y cuando por fin lo hizo, él también pidió el suyo.


¿Que qué pidió? Los deseos jamás se dicen porque si no nunca se cumplen.



Foto sacada de picasaweb.google.com

1 comentario:

Proyecto de Escritora dijo...

La verdad es que nunca tiro una moneda a las fuentes por eso mismo. Pienso en el que se enriquece al cogerlas. Será que en ese sentido sé como va el mundo, como tu bien dices,y no quiero que se beneficien de mis deseos o sueños.
Me ha gustado tu relato. Y tu blog.

Si no te importa, te pongo en mi lista de blogs.

Un saludo.