martes, 30 de septiembre de 2008

Derechos de imagen


He vuelto
a soñar contigo,
esta vez dormido.
Te pido por favor
que no me lo tengas
en cuenta,
no era mi intención,
te lo prometo.
Espero que no
me reclames
los derechos de imagen,
estoy tieso,
con lo que pago
de alquiler
no me queda
ni para pipas.
Tampoco quise
saltarme
la orden de alejamiento
que hay interpuesta
entre
tu boca y la mía.
Pero no pude evitarlo,
tus labios estaban tan cerca
y yo siempre
fui tan débil.
En el sueño,
me despertaba antes
que tú
y te dejaba
un post it
en la nevera:
te quiero, decía.
Tal vez
sirva de eximente.


Foto sacada de bp3.blogger.com

lunes, 29 de septiembre de 2008

Grítame mucho




¡Aaaaahhhh!



Película Mi vida sin mí, de Isabel Coixet.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Mucho mejor



Me gusta estar solo, pero no tanto. "Es mejor si lo que me pasa, me pasa contigo".


P.D: Me encanta este tema.

:)

Estrellas de rock


Antes de que llegara Serrat, Ismael Serrano o Silvio Rodríguez a mis oídos, yo era un chico despistado que soñaba con ser estrella de rock. Incluso llegué a formar un proyecto de grupo, desastroso por cierto.
Nos juntábamos dos en casa de un amigo, y hacíamos versiones de Reincidentes, Mago de Oz, Sabina, Porretas, Boikot...una menestra vaya. Él más rodado, le sacaba acordes a una guitarra eléctrica sin amplificador que guardábamos como un tesoro, otro traducía de oído las canciones que escuchábamos, las adaptaba a su piano casiotone (el de toda la vida) y con voz de Alejandro Sanz, las tarareaba con más o menos suerte. Y yo, según el caso, cogía dos bolígrafos bic-a falta de baquetas- y aporreaba la pobre mesa de cristal de la madre de mi amigo. O bien, cuando nos daba por hacer temas de elaboración propia, escribía la letra de aquel mega éxito que considerábamos, estábamos haciendo. Éramos un desastre, ya digo, pero había que intentarlo, al menos. Teníamos hasta nombre: Los Primitivos.
Sin embargo, nuestro sueño duró "lo que duran dos peces de hielo en un güisqui on the rocks", esto es, hasta que nos dieron las notas. Aquel invierno me cascaron siete suspensos. Y porque no había recorto y coloreo de preescolar, que si no también. Aprobé gimnasia, salto los torniquetes del metro como nadie. A mis dos compinches, no les fue mejor. 6 y 5, cates.
Nos castigaron a los tres en una celda de aislamiento. Sin poder salir de nuestro cuarto. Cada cual en su casa, sin ver la luz del sol. Para mi madre, ellos dos eran la peor de las influencias. Para las suyas, lo era yo.
No obstante, aquello no impidió que siguiéramos manteniendo el contacto. Dos de nosotros íbamos al mismo colegio. Así que, todos los recreos estirábamos aquél sueño, como un chicle pegado a la suela de un zapato: "¿Por qué no alquilamos un local para ensayar? Tío, no tenemos ni puta idea de tocar. Da igual, Los Ramones tampoco sabían y mírales". La campana anunciando el final de los veinticinco minutos reglamentarios de ocio, nos devolvía a la cruda realidad. La de las clases soporíferas de matemáticas. Siete años después de aquello, no sé para qué carajo me han valido las derivadas e integrales.
Pese a todo, el proyecto de formar un grupo, decía, seguía ahí. Era nuestra válvula de escape, nuestra metadona. Las tías que nos gustaban no nos hacían caso o se iban con otros, y las dos incautas que nos seguían el rollo, eran más feas que un demonio. Es así, con 17 años, no te fijas en el intelecto.
El tiempo pasó, con sus respectivas evaluaciones, y aquella ilusión inicial se fue diluyendo, lenta pero inexorablemente, hasta disiparse. Aunque nacieron otras. En los escombros también brotan flores.
Conseguimos aprobar y esos tres parias, delincuentes y/o terroristas que éramos, según profesores y directiva, acabaron el bachillerato. Qué cosas.
Uno optó por hacer un módulo de imagen y sonido. Hoy es técnico de sonido. Y le saca acordes a las guitarras que prueba en los conciertos. Fender, Rickenbacker, etc.
Otro terminó un curso de actor de doblaje. Y es casi licenciado en Comunicación Audiovisual. Es un crack, la verdad. A aquella voz de Alejandro Sanz, le han seguido 300 más que sabe imitar.
Y un servidor, optó por ponerle letra al mundo en que vivimos.
Tal vez no seamos estrellas de rock, pero cuando nos juntamos, brillamos con luz propia.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Confesiones del hombre de hojalata


Camino, tropiezo, me caigo. Me levanto. Sigo caminando, paso a paso, baldosa a baldosa, día tras día. No distingo el final, pero sé que estoy más cerca. Eso me consuela, alivia mis ampollas.
He perdido a Dorothy, al espantapájaros y al león. No sé dónde están. Quizás hayan llegado ya a Ciudad Esmeralda. Puede, incluso, que hayan agotado mi deseo. O no. Quizás aún esté a tiempo. Quiero un corazón que no esté usado. Un corazón nuevo, hecho a mi medida. Para mí. Sólo para mí. Un corazón que lata tan fuerte que sea imposible pararlo.
Camino, tropiezo, me caigo. Me levanto. Sigo caminando.

Foto sacada de bigchus.com

martes, 23 de septiembre de 2008

Disfónico



Por esta canción estoy afónico perdido o disfónico, mejor dicho. Pero mereció la pena, fueron dos horas increíbles de concierto.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Canciones



Foto de Kamakura. Oldies Cafe Jukebox.

- A Ese la perdí porque no quise esperar (la). Soy de la escuela de Calamaro: "Vivir así no es vivir, esperando y esperando, porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando". No obstante, me precipité. Pequé de ansioso. Soy un maldito leo, lo quiero todo para ya. Y casi nunca las cosas suceden cuando uno quiere, más bien al contrario. Digamos que éramos las personas adecuadas, en el momento equivocado. Pero ya digo, me pudieron las prisas. No sé qué fue de Ese. Estudia medicina. Tal vez me haga un trasplante de corazón algún día o me acabe recetando pastillas para no soñar, qué se yo. Nunca la besé, no me atreví o no surgió o..No, definitivamente no me atreví. Paradójicamente, aún me escuecen sus labios y me veo reflejado en su Iris:



- Eme era justamente mi prototipo de chica. Idealista y soñadora. Le gustaba la lluvia y odiaba los paraguas. Coincidíamos en casi todo. Y en ese "casi" estaba nuestro margen de maniobra. Teníamos un 80% de gustos en común y un 20% que nos diferenciaba; la dosis justa. Así además de compartir cosas, podíamos descubrirnos escritores, músicos, pelis, sitios...y hacernos a la sazón, un plato combinado. Era la equidad. El término medio de Aristóteles. Pero soy un tipo de extremos, maldita sea mi suerte. Con el tiempo dejé de quererla. Aún hoy sigo preguntándome qué pasó. Supongo que las cosas cambian, evolucionan y no siempre para mejor. De ella sé algo más que de Ese. Tuvimos unos meses en los que nos mandábamos mails para saber qué tal estaba el otro. Hasta que se rompió la cadena y le perdí la pista. A veces la echo de menos, sobre todo cuando camino solo por la Gran Vía y hay luna llena:



- I griega fue algo así como un experimento. Un "y por qué no". De ella me fascinó su risa, aparte del resto. I griega siempre estaba alegre. Y eso, en una persona como yo con tendencia a la melancolía y la tristeza, se agradece más si cabe. O eso me parecía. Porque uno es como es, y como reza el proverbio: "Es más facil alterar una montaña de sitio, que cambiarle a uno el carácter". Al final siempre prevalece la esencia de cada cual. Y la mía, es necesitar saberme libre para seguir escogiendo cada día cómo deseo vivir esa libertad que me toca. Al poco de estar con I griega, me vi enclaustrado en una pareja tipo. Aquello me vino grande, y se lo dije: "Para que voy a engañarte, busco un complemento a mi vida. No una pareja como tal. Eso es falta de sentimiento. No, simplemente otra opción a tener en cuenta, lo que yo sienta no tiene nada que ver". Durante toda la conversación ninguno se apeó del carro. "¿Entonces tu idea de pareja es estar juntos pero sin estar? Lo que yo quiero es compartir parte de mi vida con alguien, no toda. Poder contar con esa persona, no depender de ella y vernos cuando a los dos nos apetezca, no por norma ni obligación". Eso es algo muy frío, zanjó. Apenas duramos dos semanas. Después de eso tuvimos algún escarceo suelto. Pero poco más. De I griega sé algo más que de Eme y Ese. La última vez que hablamos por teléfono fue en agosto. Ella simplemente es Bellísima:




- A fue la última en llegar. Me encandiló su cuerpo minúsculo y ese halo triste que enjuagaba su paso. Aún hoy me pregunto cómo es posible que quepa tanta pena en metro cincuenta y algo de estatura y cuarenta y pico kilos de peso. Nos conocimos sobre la barra de un bar, hablando de los Cure y Baudelaire. Esa noche nos acabamos despidiendo a la una del mediodía. Así estuvimos cerca de dos meses, quedando por nuestra cuenta, compartiendo inquietudes, letras de canciones, sueños y más tarde, sudores y besos. Ella sobrellevaba mi forma de ser con absoluta paciencia. No me exigía que nos viéramos a diario, respetaba mi espacio, mi autonomía. Hasta me entendía. Nos queríamos a nuestra manera, aunque fuese desprendida. Sin embargo, tanta independencia terminó por separarnos. Al final nunca coincidíamos. A mi me apetecía estar solo cuando a ella le apetecía estar juntos y viceversa. Nos acabamos distanciando irremediablemente. Hace no mucho nos vimos de pasada y tuvimos una última y reveladora conversación: "Puede que llegue un día en que decida mandar todo mi sistema de valores al carajo y formar contigo un estado libre asociado. Eso no va a suceder jamás, tú no quieres comprometerte con nadie". Hoy me he enterado de que está con otro. Y a mí sólo me apetece beber hasta perder el control:



domingo, 21 de septiembre de 2008

Friquis


- No, tío, no. Eso no te lo acepto.
- Cómo qué no. Es un burgués, sin más.
- Batman es un superhéroe.
- Es un burgués. Si hasta tiene mayordomo, dónde se ha visto eso.
- Pero él mismo se curra los inventos. Y tiene más mérito, porque no tiene superpoderes, usa su intelecto y la ciencia como arma contra el crimen.
- Usa su bolsillo. Si le quitas la pasta que tiene, no es nadie. Un cachitas más de gimnasio, nada más.
- Y una mierda.
- No es un superhéroe, sino un millonario trasnochado. Spiderman sí que es un superhéroe.
- Peter Parker es un fotógrafo que cobra por pieza. Un cutre, que no está ni en nómina. Valiente superhéroe.
- No me jodas.
- A mí los tipos con superpoderes no me merecen ningún tipo de respeto. No tiene mérito, repito, escalar paredes y lanzar viscosidades por la mano, si antes te ha picado una araña radiactiva.
- Que te jodan. A mi un pijales con pasta, que tira de mayordomo cuando la situación se pone fea, y que explota a un becario, no me merece ninguna consideración.
- ¿De qué becario me hablas?
- Robin.
- Robin no es un becario.
- Sí lo es. El pobre se come todos los marrones de Batman. Lleva años así, haciendo prácticas de superhéroe sin que le contraten. Y cobrando, además, una miseria.
- ¿Qué cojones sabrás tú lo que cobra Robin?
- No hay más que ver las pintas que lleva. Su jefe, un surtido de trajes que te cagas, uno para cada día. De los mejores diseñadores. Y Robin...unas mallas de mercadillo y un antifaz de subnormal.
- Pues Mary Jane es un coñazo de mujer.
- Pero Spiderman la quiere. Es su chica. Batman no quiere a nadie. Sólo a si mismo.
- Sigo pensando que Batman es mejor superhéroe.
- Estás intentando convencerte a ti mismo.
- No.
- Sí.
- Calláos ya, coño, que quiero dormir. Lleváis media hora así. Friquis que sois unos friquis.
- En lo esencial, la vida de los superhéroes no es muy distinta a la de los humanos.
- En eso sí te doy la razón.

Viñeta sacada de content.ytmnd.com

sábado, 20 de septiembre de 2008

Atentado


Las cosas tienen su momento, no hay que forzarlas. Pero qué pasa cuando ese momento nunca llega, cuando tus sueños, una noche, estallan de improviso, sin avisar, sin una llamada previa que diga: llamo en nombre de ti mismo, te hago saber que todo lo que quisiste ser, hacer, vivir se irá al carajo en 3,2,1. Boom.
No. No avisan. Y toda esa metralla de ilusiones que componían el paquete bomba de tus sueños, salta por los aires y te golpea en la cara, agrietándote el cuerpo, el alma. Y piensas: gilipollas, eso es lo que eres. Un maldito gilipollas ingenuo.
Entonces, no te queda otra que recoger los pedazos heridos de ti mismo ante el espejo y llamar, cariacontencido, al 091. Pero cómo le explicas a la policía que han atentado contra tus sueños. Que han matado aquello que no fuiste, pero que sin embargo, eras.


Foto sacada de www.librodearena.com

viernes, 19 de septiembre de 2008

Sin rencores



"Me paso la vida buscando un enigma, pintando en el cielo".

El otro día estuve viendo a Carlos Chaouen. Me gusta bastante, y por eso, aprovechando, me acerqué a su camerino tras el concierto para concretar una entrevista. El tipo me agradeció el gesto y me dio su número, que luego resultó ser falso. Cuando le llamé al día siguiente, no daba ni siquiera señal.
No obstante, se lo perdono. Me gustan demasiado estas dos canciones como para guardarle algún tipo de rencor. En especial, la segunda (min. 3:23). Lo sé soy una novia despechada que le hacen dos carantoñas y se olvida, pero es que es tan bueno este tema...
Y sí, "debí haberte besado más urgentemente".

Lo otro, sé que acabaré haciéndolo algún día. Nos sentaremos en alguna cafetería, pediremos un par de cañas y entonces, sacaré del bolsillo mi bloc de notas y ajustaremos cuentas. Las cosas vienen solas, no hay que forzarlas.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Tríos


Lo que piensa el ex:
- Álex, mi novio.
- Carlos...
- La persona que se la ha estado tirando hasta que tú llegaras.

Lo que dice el ex:
- Álex, mi novio.
- Carlos...
- Un colega.

Lo que piensa ella:
- Álex, mi novio.
- Carlos, un gilipollas más en mi vida.

Lo que dice ella:
- Álex, mi novio.
- Carlos, un amigo.

Lo que piensa el novio:
- Un colega.
- ¡¿Cómo que un colega?!¿No había dicho ella que era un amigo?! Los amigos no follan entre sí, los colegas sí...

Lo que dice el novio:
- Un colega.
- Encantado.


Nunca he entendido esta clase de tríos dialécticos. Por qué ese empeño en forzar la situación. Prefiero los tríos carnales, dónde va a parar.



"Me hacen falta dos pá hacer un trío".

martes, 16 de septiembre de 2008

Sopa de letras



A veces pienso que mi vida es como una inmensa sopa de letras. Llena de nombres y casualidades. El problema es que de un tiempo a esta parte ni en vertical ni en horizontal ni en diagonal ni de arriba a abajo ni de abajo a arriba, consigo encontrarme.

Foto sacada de Rainforest Photo.

Es martes y en mi cabeza no deja de sonar este tema:

sábado, 13 de septiembre de 2008

Sueños


¿A dónde van a parar todos esos sueños que no recordamos al levantarnos? ¿Qué influencia tienen sobre nosotros, sobre nuestros actos?
Hoy sin ir más lejos me ha pasado. Estaba soñando, algo dulce, quizás un beso, una caricia, a juzgar por mi sonrisa al despertarme y por lo mucho que me ha molestado salir de mi ensueño. Sin embargo, no sabría ponerle rasgo ni título a ese sueño. Es como si al abrir los ojos sufriera una pequeña convulsión, como si me desenchufaran de algo y volvieran a enchufarme pasados unos minutos. El lapso justo para que esa brizna de luz que es el sueño a veces, desaparezca de mi memoria. Se apague.
Quizás soñaba contigo. O tú conmigo.
Puede que no recordamos algunos sueños precisamente por eso. Porque no nos pertenecen, porque son de otros y nosotros, solamente un elemento accesorio a él, un pretexto. Un cameo en su película.
Quién sabe.


Foto sacada de api.ning.com

viernes, 12 de septiembre de 2008

Atocha Renfe



"En las noches vacías en que regreso, solo y malherido todavía me arrepiento, de haberte arrojado tan lejos, de mi cuerpo".

Hará años desde que te encontré en aquél vagón de la línea uno de metro. De improviso, después de tanto. Tú agarrada a aquel bigardo, yo confundido entre la multitud de borrachos que volvíamos a casa con los ojos rojos.
Lo habíamos dejado muchos meses antes. Pero me arrepentí al día siguiente. Intenté llamarte, te llamé, colgué. Volví a intentarlo, descolgaste, dije hola y aquel portazo que di entonces en tu casa se repetió en mis tímpanos, lejano. Incluso te mandé una carta para explicarme, para explicarte. La única sincera que he escrito en mi vida. Pero nada.
Y entonces, decía, nos encontramos fortuitamente. La misma noche que volvía borracho de aquel garito heavy que había detrás de Kapital hace unos años (el Kaos para los entendidos), te vi aparecer de golpe en aquel sucio vagón de la línea uno, irrumpiendo en mi presente como un tsunami sobre una aldea de paja.
Te subiste en Atocha Renfe, agarrada a esa cabrón que me había robado el mes de julio. ¿Por qué no te llevaste diciembre?

Busqué la manera de no vernos, de no localizarnos. Paradojas de la vida, había soñado cientos de noches con volver a verte, pero ahora que te tenía delante, no quería que eso sucediese; me aterraba, digo, reconocernos. Que descubrieses mis cicatrices. Eso no.
No obstante, tú mirada cayó sobre la mía como un mazo dictando sentencia. Fue un golpe seco, directo, certero. Puto destino.
Tú te sonrojaste de inmediato y yo tragué saliva. Tanta que mi tráquea apenas daba a basto. Era el desamor que se agolpaba en mi garganta formando una bola seca, el que me impedía tragar al ritmo que imponían las circunstancias. Yo tenía 16 años, qué carajo sabía de la vida. Cómo iba a saber que mi mal era ese. Que el kid de todo estaba en un simple gargajo.
Qué coño sé de la vida ahora con 24.
No podía seguir ahí. Tenía que huir, salir del vagón, del metro. Escupir mi presente en la acera más cercana. Me abrí paso nadando. Tú estabas en la orilla, abrazada a aquel bigardo de dos metros. No me quedó más remedio que pediros paso. Él se apartó, y yo pasé por en medio. Tu olor me golpeó entonces las fosas nasales, hasta dolerme. Hasta hacerme sentir culpable. No obstante te miré, ya me daba igual una bala de más que de menos. Pero tu agachaste la cabeza y ni si quiera pude llevarme tu mirada a la tumba.
Salí.
Y nada más me arrojé fuera de la boca de metro de Pacífico, vomité. Un guardia intentó partirme la cara. Me defendí diciendo que todas las mujeres eran unas putas. Es la máxima que todos los machitos y gallitos con porra entienden y comparten. No pensaba aquello. Pero me ayudó a salir ileso. Bajó la mano y me dio la razón.
Muchos años más tarde, pero a tiempo, llegó a mis oídos esta canción de Ismael Serrano. Me removió entero, como un calambre en la espina dorsal. El mismo encuentro fortuito en un vagón de metro.
Él tuvo suerte, a pesar de todo. Lo suyo, sólo fue un espejismo.

Tres musas


Tres musas entraron por la puerta. El bar estaba solo, intranquilo. Una de ellas se encaprichó de mi cerveza y pidio lo mismo. Correspondí al gesto con un guiño. Hablaron de Bob Dylan, de giras y conciertos. A mitad de la conversación, exhumaron a viejos poetas. No pude resistirme. Bukowski, Gil de Biedma y Lorca. Las tres habían sido asalariadas suyas. La musa de Bukowski habló primero: "Yo soy la puta que se llevó sus poemas". Después la de Biedma: "Yo le arrebaté la eterna juventud al tío de Esperanza Aguirre". Y finalmente la de Lorca, que todavía seguía estando de luto. Guardaron silencio.
Después lloraron, y tras sus lágrimas, brindaron, se emborracharon, y rieron cínicas, lascivas, bellas. Recitaron versos y proclamas. Y escupieron su sangre en el vaso, como en un crimen ritual. Y en ese coágulo estaba mi sino.
Tuve una erección al contemplarlas. Me imaginé con ellas, bebiendo de sus fluídos, recorriendo con mis labios el néctar húmedo de la poesía. Su clítoris asonante.
El miedo se agolpó en mi pecho entonces. No quería ser pasto de sus llamas, como otros lo fueron, morirme de pena al despertarme, que la nostalgia me acribillase. Pero entonces pensé: Para qué la eterna juventud, si aquél instante era ya eterno. Si aquello no era más que la antesala de un epitafio. Si todos estábamos ya muertos.
Mi miedo puro y cortante como un gramo de cocaína, se mezcló con el whisky que rebajó su pureza a la mitad. Pero mi excitación no había disminuido durante toda la escena. Al contrario. La congoja había hinchado mi deseo hasta hacerme contraer todos las aristas de mi cuerpo.
Cerré los ojos y sin dejar de mirarlas, eyaculé en la cara de la inspiración hasta quedar exhausto.
Al abrirlos, ya no estaban. Tan sólo había una rosa sin remite sobre la barra. De fondo sonaba Infinito, de Enrique Bunbury.



Fotografía "Musas dormidas", de Nina.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Personajes


Hay historias que nunca llegan a cobrar forma y se quedan en un prólogo. Otras ni siquiera llegan a eso. No pasan de ser una buena o mala idea sin posibilidades de ascenso. Las hay sin embargo que aún superando esa primera fase, no duran más de tres o cuatro capítulos. Cinco si alargamos las escenas de cama. Y otras que, asombrosamente, con el tiempo se consolidan y se convierten en una novela e incluso llegan a best seller.
¿Qué hace que una historia perdure? Ni puta idea. Ha habido prólogos en mi vida que han durado lo que una novela y novelas que se han ventilado en un prólogo. Y respecto a la trama, algunas han empezado a ponerse interesantes justo al final y otras que habían comenzado muy fuerte, se han desmoronado a la mitad. Como la vida misma, como las relaciones humanas.
Porque en el fondo no somos más que eso, personajes interpretando una historia.De 20 páginas o de 345. La nuestra, la de otros. A veces protagonistas, otras secundarios.
Eso somos.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Un mal día


- ¿Y esa cara?
- La mía.
- Ya sabes a qué me refiero.
- ...
- ¿Qué te pasa?
- Nada.
- Llevas media hora mirando el tercio y ni si quiera le has dado un sólo sorbo.
- Tuve un mal día.
- Bueno, otros tuvieron una mala vida. Tú sólo un día. Míralo por el lado bueno.


Foto sacada de www.photoblog.com

martes, 9 de septiembre de 2008

La canción más triste del mundo



De las canciones más tristes que he escuchado nunca. Incluso, la más triste de todas. Y por lo tanto, de las mejores que he podido saborear sobre la barra de un bar:

- Pon este tema, por favor- le dije ofreciéndole mi mp3.
- ¿De quién es?
- Es una canción de Rebeca Jiménez.
- ¿La ex de Quique González?.
- Sí, pero vamos que ella se sostiene sola.
- Ya- contestó lacónica mientras conectaba el mp3 al pc.
A los pocos segundos, la voz rota de Rebeca Jiménez cortaba con su filo el aire del garito.
- No será otra de tus canciones tristes...- dijo ella al volverse.
- Sabes que soy adicto a ellas.
- Deberías mirártelo...
- Bueno, cada cual tiene sus vicios. No fumo ni me drogo, déjame que al menos me deprima.
- Te salva que son las cuatro y he cerrado. Este tipo de canciones me espantaría a la clientela.
- O no. Tendrías a decenas de tipos apenados emborrachándose sobre la barra, piénsalo.
(Las malas rachas, siempre son largas. Yo no puedo más).
- Te gusta porque eres chico-respondió ella tajante tras un breve silencio.
- No, me gusta porque la letra está escrita desde dentro. Que es donde nace la vida.

Seáis del sexo que seáis, os dejo con ella:

Me emborraché por ti
Me emborraché por ti,
y todos me contaron que te vieron triste.
No soy capaz de hablar.
No cabe en un noche lo que yo te quise.
Las cosas cambian.
La vida mancha.
Cambiando el color.
Anoche me bebí un litro de mi vida para ver tus fotos.
Y vi salir el sol, sentada en la azotea entre cristales rotos.
Las malas rachas
siempre son largas.
Yo no puedo más
Y sigo aquí en Madrid,
buscando alguna excusa para estar más cerca.
sin planes sin saber,
que pasará mañana si el dolor aprieta.
Llorando por nada
Perdiendo la calma
Viviendo al revés
Todo lo que quise decir
y todo lo que dejo por ti
sabes que yo siempre creí
y sabes que te espero en Madrid.


lunes, 8 de septiembre de 2008

Vivir juntos separados


La distancia no es el olvido

Cada vez más parejas deciden 'convivir' en casas o ciudades separadas - La relación no cambia y la carrera profesional de ambos sigue adelante

CARMEN MORÁN
EL PAÍS - Sociedad - 08-09-2008

Marta, Lidia y Ariadna son amigas y residentes en Barcelona. Las tres están entre los 35 y los 40 años. Todas han tenido o tienen novio y ya hay bebés que corretean por casa. La peculiaridad de estas tres mujeres es que un día, hace unos seis años, cuando normalmente una se plantea formar una familia con su pareja, como manda la tradición, ellas decidieron comprar un piso grande con una habitación para Marta, otra para Lidia y otra para Ariadna. Y sus respectivas parejas siguen siendo, como en aquella copla que decía "novios, siempre novios, no nos casaremos nunca y seremos siempre novios".

Quizá Concha Piquer ya avanzaba con aquel cante lo que ahora se conoce como parejas LAT, las siglas en inglés de living apart together, es decir, viviendo separados, pero juntos. Son un nuevo modelo de familia, un hombre y una mujer, por ejemplo, que se quieren, que incluso tienen hijos, pero no viven juntos, siempre hay dos domicilios. ¿Es eso una familia?

"El concepto familia-hogar, tal y como se ha entendido tradicionalmente, tenía que satisfacer tres requisitos: que existiera convivencia bajo un mismo techo, entre personas unidas por el parentesco, y formando una unidad de carácter económico", explica la catedrática de Sociología de la Universidad Carlos III Constanza Tobío.

Pero desde la copla de la Piquer ha llovido mucho en este país. Ahora una buena parte de la sociedad entiende que los modelos familiares son tantos como la libertad de elección de las personas. A veces, formar una pareja o un matrimonio, pero vivir separados, ni siquiera es una decisión voluntaria. O no la deseada. Pero ocurre y cada vez con más frecuencia. Los motivos pueden ser muchos, pero uno de los más habituales es el trabajo, sobre todo porque ahora también la mujer gana un salario fuera y no quiere frustrar su carrera profesional por seguir al marido a su destino.

Quizá preferirían dormir bajo el mismo techo, pero han elegido libremente. Y, de paso, han descubierto que este modelo puede ser enriquecedor y eterno sin que se resienta la salud de la pareja. Araceli y Pedro llevan así 18 años, una en Madrid y el otro en Barcelona. Él es funcionario y ella periodista. "Al inicio de la relación se hace un poco cuesta arriba, el teléfono puede ser entonces fuente de disgustos y malentendidos, pero cuando te vas conociendo más todo marcha", dice ella. "Para mí es tan importante la calidad del trabajo como la de los afectos. Nos vemos casi todos los fines de semana y normalmente pasamos juntos las vacaciones, aunque a veces, no todas. ¿Ventajas? Si acudimos al tópico podría decir que la relación se desgasta menos, pero no estoy convencida de eso, porque hemos pasado un año juntos en estos 18 y no he notado una presión indeseada, también estábamos a gusto. La complicidad no tiene que ver con la convivencia", afirma Araceli.


Los dos saben que si no fuera por el trabajo vivirían juntos, claro, pero seguirían manteniendo su independencia. Los inconvenientes no tiene ni que pensarlos: "La pasta. Hay que tener dinero, porque se gasta mucho en viajes y en tener dos casas abiertas. Y si no te lo puedes permitir...".


Efectivamente, los demógrafos y expertos en familias sospechan que la mayoría de estas parejas goza de una economía holgada, que tienen trabajos liberales que les obligan a vivir en ciudades distintas. Pero las estadísticas son muy pobres, al menos en España. "Si hacemos una explotación de los datos con que contamos, nos salen perfiles muy distintos, pero el número de mujeres y hombres que viven así es tan pequeño en nuestras encuestas que no se puede afirmar nada con rigor científico, la muestra no es significativa", advierte la demógrafa del CSIC Margarita Delgado. "Cuando cruzamos nuestros datos nos salen personas con estudios superiores y básicos, con trabajo y sin él, casi de todo. Si lo miramos por tramos de edades, vemos que hay jovencillas que afirman tener una pareja estable pero vivir separados, pero, en ese caso, podríamos estar hablando de un noviazgo normal y corriente que puede acabar en convivencia o incluso en separación. Eso no es una pareja LAT", concluye Delgado.

A falta de estadísticas fiables hay que acudir a los casos reales que suelen responder a ese perfil de profesionales liberales que optan por alimentar sus carreras profesionales a pesar del inconveniente de estar separados, o disfrutando de las ventajas que también brinda este modelo de vida. Las resume muy bien Ramón Jáuregui, portavoz adjunto del grupo socialista en el Congreso de los Diputados. "No es una situación que hayamos elegido voluntariamente, sino empujados por el trabajo. Mi mujer podía haber optado a una plaza de juez en Madrid, pero prefiere la que tiene en el País Vasco". Los hijos están ahora con el padre porque van a la universidad, pero han estado viviendo con uno y otra según convenía a cada edad.

En cada casa y en cada ciudad encuentran de todo y todo es distinto. "Nos vemos los fines de semana, allí o aquí, yo a veces digo que vivimos en la N-I, pero no, tenemos los dos hogares vivos y nuestra relación de pareja no se ha resentido nada, si acaso al contrario", ríe el político. "A mí esto de la vida doble me gusta, en lugar de limitarme me parece enriquecedor: si estamos en Madrid vamos a unos sitios, con unos amigos; si Madrid ahoga, pues en Vitoria hacemos otras cosas, resolvemos las cuestiones administrativas en un paseíto, salimos con otras gentes. Permite horizontes muy diversos. Creo que esta situación es un privilegio. Si acaso, gastamos más en teléfono", añade.


Después de todo, como él mismo apunta, cuántas parejas que viven en la misma casa sólo se ven tres o cuatro veces a la semana por los viajes de trabajo. Muchas. Jáuregui aporta otro dato relevante para tomar una decisión así: los hijos. "En la crianza estábamos juntos, no podría haber sido de otro modo, porque si te vas y la mujer se queda con los críos se resiente de su despegue profesional".

Así pues, unos toman la decisión impelidos por el trabajo, a otros les ayuda la ausencia de hijos. Esto último ocurre entre gente mayor, cercanos a la jubilación, o uno de ellos jubilado, que deciden vivir separados, uno en la casa del pueblo y otro en la ciudad, por ejemplo. En este caso la decisión es por completo voluntaria.

Voluntaria y deseada fue la que tomaron Marta, Lidia y Ariadna. No vivirían con sus parejas porque preferían vivir ellas por su cuenta. Las dos primeras son profesoras universitarias y la tercera trabajadora social. Tienen sus buenos sueldos y su independencia. Encontraron el piso que buscaban y la vida siguió. Sus parejas ya las conocieron en esa situación, que comparten. Y los hijos fueron llegando y encontraron dos puertas abiertas de par en par para recibirlos. La ventaja en este caso es que ellas y ellos, aunque en barrios distintos, viven todos en Barcelona.


Aunque este modelo parezca novedoso, ya no lo es tanto. Prueba de ello es que los anglosajones ya lo han bautizado como el movimiento just women (sólo mujeres). Así que quizá habría que buscar un nombre en español.

Hubo un momento a lo largo de estos seis o siete últimos años en que dos de las tres amigas estaban emparejadas con dos hombres que también vivían juntos con un tercero. El marido de Lidia murió recientemente y ahora, un hijo de él, ya mayor, ocupa su lugar en la casa de los hombres. En el domicilio de las mujeres, dos hijas pequeñas se han unido a la familia. A veces están con las madres, a veces con los padres. "Sus vidas están muy enriquecidas. Tienen más referentes. En la guardería piensan que son hermanas", cuenta Lidia. "Nosotras no vivimos así porque seamos feministas, ni porque esto sea una opción divertida, nuestra casa no tiene nada de mística ni de cerrada, nuestras parejas vienen y se quedan a veces, cenamos con amigos. Nos vemos con ellos cuando podemos y nos apetece, pero no porque ahora toca. Simplemente vivimos así porque nos gusta y hemos establecido una relación de amistad y solidaridad", sigue Lidia.

Las tres son distintas, alguna más ordenada que otra, alguna prefiere decorar con tonos discretos y otra con colorines. Nada de eso ha sido impedimento. "No tenemos un calendario de actividades estricto. Con el tiempo se encuentra una organización sin necesidad de imponerla. Y así nos ahorramos los roces de convivencia con la pareja", explica Lidia.

Por la televisión no pelean porque no tienen, y el comedor es más bien un sitio de trabajo. A veces, todas bajan a la alfombra y desparraman conversaciones entre amigas. En su casa no admitirían a un hombre para vivir, pero eso no significa que molesten, "ni mucho menos".

En alguna conferencia que ha impartido Lidia, socióloga, destaca algunas ventajas de vivir así: complicidad, prestarse ropa, compartir el trabajo doméstico, el cuidado de los niños, no tener que ver fútbol ni aguantar visitas de suegros.


Pero Lidia no quiere que nada de esto despiste. "Estamos enamoradas de nuestras parejas, yo lo estuve y aún lo estoy". Una hija póstuma de su marido contribuye a mantener fresca esa memoria. "Simplemente somos felices así". ¿Es o no esto una familia?



Aparté mi vista del periódico con una sonrisa y le dije:
- Ves como hay más gente que comparte mi concepto de relación y mi visión de pareja.
- A mí me sigue pareciendo falta de sentimiento y desgana.- contestó ella tajante.
- Hay mil formas de estar con alguien. No necesariamente tienes que vivir bajo el mismo techo.
- Ya, ya...-ironizó.
- Ni si quiera hay una forma única de querer a una persona, sino millones de maneras distintas de amar a alguien. Tantas como habitantes hay en la tierra.
- Pues yo quiero un tío que se muera por mis huesos y que lo de todo por mi y por la relación, así de simple y concreto.
- Cuánto daño ha hecho Meg Ryan...


Fotografía sacada de El País. Lidia, Marta y Ariadna- TEJEDERAS




sábado, 6 de septiembre de 2008

Estatuto de independencia


Adiós papá, adiós mamá...

Este gato se cambia de tejado. Me marcho de casa. Me independizo, antes incluso que el señor Ibarretxe. Sin necesidad de convocar un referéndum ni pegar un sólo tiro. De forma pacífica: sin tanques de por medio ni resoluciones de la OTAN. Sólo yo y esta libreta que me acompaña.
Por la presente me declaro nación y recojo mis bártulos. Empezaré de cero en otra calle, en otra casa. Quizás allí haya hueco para mis libros, mis discos y para tantos recuerdos.
Y lo hago en tiempos de crisis. Para más inri. Cuando media España se echa a la calle en busca de trabajo y otra media se rasga las vestiduras. Yo sin ir más lejos. Pero siempre fui valedor de causas perdidas, "nunca negaré que son mis favoritas".
Puede que este sueño sólo dure semanas, dos meses, tres, seis, ocho, quien sabe, pero por poco que trascienda, habrá merecido la pena.
El destino del hombre es amar y despedirse-escribió Neruda. Vivir y fracasar, en definitiva. Y sólo fracasa quien lo intenta, quien se arriesga. Quien vive. Me quedo con esta frase de Beckett que me descubrió un escritor canario que ha vivido lo suficiente para contarlo: "Da igual, prueba otra vez, fracasa otra vez, fracasa mejor".

Y en esas estoy. Ya os iré contando.

P.D: No es una buhardilla pero tiene balcón.


Fotografía de Chema Madoz

Cuernos


"Te he puesto los cuernos, cariño. Lo siento".

Y le dio a publicar entrada. Ahora la responsabilidad de sus actos recaía sobre Internet y la blogosfera, en concreto. Si su chica descubría el Blog y leía aquel post, su relación terminaría, si no, seguirían adelante. Y en ambos casos, no sería fortuito.Hay cosas que suceden por algo pero otras muchas que nunca llegan a producirse por la misma razón.
Buscó una imagen acorde al texto y colocó aleatoriamente en un lado de la plantilla detalles que le incriminasen y que sólo ella pudiera reconocer, para no dar lugar a equívocos. Tras lo cual, respiró profundo y se dijo a si mismo: "Soy un cabrón pero al menos he sido sincero".
Sincero, sincero, sincero, sincer, sinc...repetió hasta quedarse dormido. El sentimiento de culpa se deshizo como una pastilla efervescente. Quizás por eso, esa noche soñó que toda su vida se deshacía en un manojo de partículas sin posibilidad de volver a juntarse.
Cuando se despertó ya no era uno, sino varios a la vez.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Chafuunn


Viernes. Día de descanso. Ayer jueves, hasta las tantas arreglando el mundo. Pero me he despertado sin resaca. La cosa empieza bien. Aunque no quede ni rastro del verano. Hace frío y viento. Octubre, parece, se presenta prematuro. Pero hoy es viernes y aunque mi suelo esté frío, mis ganas, no obstante, están hirviendo.

Pasad un buen día.

Viñeta de Ramón.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Caprichoso



"Fue sin querer, es caprichoso el azar. No te busqué ni me viniste a buscar".

Y como vino, se fue. Y como empezó, terminó. Porque tan caprichoso es el amor para unas cosas como para otras.
Aquél día yo estaba ahí, en medio de toda esa muchedumbre de gente que había ido a ver a los Dos Pájaros en directo. Realmente fui por Sabina, pero me acabé enamorando de Serrat. Incluso tarareé alguna letra suya haciéndome el entendido. Fue a mitad de concierto cuando cantó esta canción, de las pocas que conocía realmente-gracias por todo, a pesar de todo-. Y entonces sucedió. Se me encogió el corazón y me infarté de ti. Y eso que sabía perfectamente que Serrat la cantaría (tuve en mis manos la lista de canciones de la gira) incluso, venía preparado para ello. Anestesiado. Pero uno nunca está preparado del todo para afrontar sus recuerdos. Por mucho que tire nunca quedan bien amarrados. Siempre hay algún cabo suelto que se despendola y te arrastra con él.
Cedí. Cómo no caer en las redes de esta letra. Hasta pensé en llamarte y decirte: "Escucha". Pero ya era tarde. Demasiado tarde.

Siento estropear este bellísimo tema (uno de tantos del maestro Serrat), pero es que hoy me he levantado caprichoso.

Es jueves y mañana libro. No me esperen levantados.

Pasad un buen día.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Cosas que me joden sobremanera


No me gusta...

- El olor a teja.
- Las discotecas.
- Los metrosexuales, ubersexuales y gilisexuales.
- Las petardas.
- El pachangueo y Reguetón, ton, ton, ton.
- Lo poco cívica que es la gente.
- La línea seis de metro ni la cinco ni la nueve ni...No me gusta el metro, prefiero el autobús. No, en realidad, prefiero ir andando aunque tenga que salir antes.
- El ruido de mi despertador. Madrugar.
- Los paraguas.
- El olor a cerrado de las casas viejas.
- Llevar zapatos. Las corbatas.
- Que quemen bosques.
- Que justo cuando voy a ducharme, corten el agua caliente.
- Madrid de día.
- Cruzar un paso de peatones (¡de peatones!) y que me rujan los coches.
- Los tubos de escape.
- Los malos humos.
- Las prisas.
- El vodka.
- Los bares donde te cobran por respirar.
- Los porteros que se erigen en jueces del buen gusto y el estilismo. Con 15 años me ponía cachondo entrar a las discotecas con calcetines blancos y burlar su sofisticado proceso de selección, ! A los 16, ya no. A esa edad, ya era una rata de garito.
- Que me mientan cuando saben de sobra que sé que me están mintiendo. Soy algo tontaco pero avispao.
- Que haya que ser de algo en concreto sí o sí. De un extremo u otro. O blanco o negro, o del PP o del PSOE. O estás conmigo, o contra mí. Pues no me da la gana. No creo en valores absolutos. Todo es criticable, opinable, juzgable y relativo. A mí me gusta picar de todo un poco cuando voy a un bufet. Hacerme un plato vistoso. Y en cuanto a colores me gusta el azul, el negro, el rojo y el verde pero también el amarillo, gris o blanco. Y soy del Partido Bohemio (P.B. para los amigos).
- Las etiquetas y clichés.
- Tener que elegir.
- La gente obstusa y cerrada. Los que Non Plus Ultra más allá de sus narices.
- La idea de matrimonio. Ni las parejas formales, prefiero los complementos.
- Ir de compras.
- Ver como la gente vomita por entrar en una 34, o no come. Y que nadie castigue a los ideólogos de toda esa mierda por crímenes contra la humanidad.
- Las dársenas.
- La hipocresía.
- La desigualdad social. Que se acuerden de los mendigos en diciembre, pero se olviden de ellos en enero.
- La navidad.
- La Conferencia Episcopal y el Vaticano.
- El machismo y el feminismo radical. Los extremos siempre se tocan.
- Que para fomentar la igualdad entre hombres y mujeres, le pongan falda a los monigotes del semáforo.
- El calor. Soy de frío y de lluvia.
- Los típicos best sellers, que la mayoría de la gente lee por aparentar. O para ligar en el metro, de camino al curro: "Vaya veo que tú también estás leyendo El Código da Vinci. Sí, es mi libro favorito. ¡No puede ser, el mio también! ¡Qué coincidencia, esto debe ser cosa del destino!" (Es verídico). Prefiero leerlos cuando han pasado de moda y ni dios se acuerda del autor.
- Amy Winehouse en su papel de diva trasnochada. Es curioso, hasta en esto hay machismo. Un músico (macho, PeterDoherty, por ejemplo) puede pasearse por los medios, medio yonki, totalmente puesto, alcoholizado, con los pantalones cagados incluso, con aspecto de llevar durmiendo un mes dentro de una bañera llena de vómitos que no pasa absolutamente nada. Incluso puede que hasta suba su caché. Porque la gente se referirá a él como un enfant terrible, un rebelde sin causa, un maldito, como Baudelaire. Y eso, vende. Pero si lo hace una mujer, es una acabada, una zorra drogadicta, qué cosas. A mi me dan repelús los dos. Aunque ella, quizás por aquello de que va con todo el maquillaje corrido, me da más grima.
- La gente que habla mucho y dice muy poco.
- Bucay y Coelho. ¿Para cuando una ley que juzgue a determinados escritores por estafa emocional?
- Los chungos de barrio. Y las chungas que les acompañan.
- La palabra imposible.
- Lo que hace Israel con Palestina.
- El clasismo.
- Las pelis donde explotan cosas porque sí, cuyos personajes son los mismos en todas las sagas, a saber: el guapo de turno que vacila durante hora y pico a la rubia/morena/pelirroja pibón del grupo, que al final resulta ser más lista que él, y que le salva la vida in extremis justo cuando el malo malísimo hijoputesco está a punto de degollarle, dispararle, sodomizarle. Tras lo cual echan el polvo de rigor, mientras suena de fondo la típica canción dulzona de Alannah Myles. El viejo sabelotodo, de barba y pelo canoso que tiene tres millones de carreras, y que ha sido además agente de la CIA, del KGB, de las SS, y hasta de la TIA, y Espartano en su tiempo libre, y al que todos se refieren como "el abuelo". Y el negro gracioso que dice tronco, colega, me flipa. ¡Diiiiiios no puedo con estas pelis!
- Que determinados grupos y cantantes se suban a la parra y pidan por una entrada para verlos en directo 30 y largos y hasta cuarenta y cincuenta euros.
- Los malos tratos a personas. Tanto físicos como psíquicos.
- La falta de empatía de la gente. El sálvese quien pueda, los pisotones.
- Los gritos.
- Que abandonen perros y ancianos en las gasolineras. Y niños en las estaciones.
- Que abusen de personas indefensas.
- Que determinados jueces den la razón a los violadores por entender que la mujer "iba provocando" o que "para quitarle los pantalones vaqueros hace falta la ayuda de ella".
- Las guerras.
- Que llamen daños colaterales a los asesinatos.
- Que se meta en la cárcel a robaperas y saquen a empresarios y ex alcaldes corruptos.
- Crecer.
- Los prejuicios.
- El concepto de urbanita.
- La burocracia.
- Los toros. Que hagan daño a los animales. Hace unos meses salió un desgraciado con una ristra de gatos muertos en cada mano. Creo en el Karma y de ser ese tipo, estaría acojonadito perdido. "Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da...".
- El racismo, la xenofobia y la intolerancia.
- El conformismo como norma.
- Cómo está el mundo.
- Bush.
- El fútbol como excusa para ostiarse. Que siempre ganen los mismos.
- Que cancelen una serie que me gusta por falta de audiencia.
- Que se hayan celebrado los Juegos Olímpicos en China a pesar de todo.
- Levantarme con resaca.

Y creo que nada más. No sé qué pesa más si lo que me gusta o lo que no me gusta. Pero uno tiene que aprender a vivir con todo. Con lo malo y lo bueno. Porque somos nuestros ángeles pero también nuestros demonios.

Joder qué a gusto se queda uno soltando toda la mierda, diciendo lo que no le gusta. Os lo recomiendo encarecidamente a todos y todas.


Dibujo sacado de esther1985.blogspot.com

martes, 2 de septiembre de 2008

Cosas que hacen que mi vida valga la pena


Me gusta...

- Empaparme bajo la lluvia.
- Taparme con el edredón hasta arriba los días que nieva y mirar de reojo la ventana y pensar: "Y lo calentito que estoy yo".
- Las bufandas a rayas que te envuelven y te envuelven.
- Dormir hasta las tantas.
- Las galletas con forma de dinosaurio.
- El olor a café recién hecho y a hierba mojada.
- Respirar profundamente y oler desde lejos el mar.
- Mi trabajo. Pensar que soy un superhéroe como Peter Parker y Clark Kent. Dar voz a gente que no tiene voz.
- Los niños pequeños que dicen tacos.
- Conservar mi espacio y mi autonomía. En el amor, soy nacionalista, qué le voy a hacer.
- Sacarle la lengua a los perros y ver la cara de bobo que se les queda. Los perros orejotas.
- Bañarme desnudo en una cala y hacerle calvos al sol.
- Arreglar el mundo con un par de cervezas. Pensar que el mundo se puede cambiar.
- Que me llamen idealista e ingenuo.
- Leer. Hasta la etiqueta del champú.
- Empezar el periódico por el final.
- Escribir. Aunque sea mal.
- El silencio.
- El sonido de una guitarra acústica.
- Los cuentos.
- Saberme niño todavía. Y vivir de alquiler en mi casa árbol de Nunca Jamás.
- Contar chistes malos: "¿Qué hace una rata en una esquina? Esperar un rato" (Yo me descojono con este chiste, y tú algo te has reído...).
- El kalimotxo, el whisky y la sidra. Y por supuesto, la cerveza.
- Cocinar. Y ver mi vida a fuego lento.
- Soñar despierto, dormido, en vigilia. Soñar.
- Spiderman y Batman. Y también Lobezno.
- El personaje de V, de Vendetta. Y el de Dante en Martín (Hache).
- Las fotografías en blanco y negro.
- Pasear de noche por Madrid.
- Perderme por las calles y acabar en otro lugar distinto al que tenía pensado.
- Andar. Mis zapatillas sucias.
- Ir sin reloj.
- Encontrarme directamente con los colegas y amigos en el bar.
- Beber café hasta que me tiembla el pulso.
- Ser míope porque así cuando quiero desconectar de la gente, sólo tengo que quitarme las gafas para que el resto se convierta en una gran mancha borrosa. Es como tener una varita mágica, puedo convertir a quien guste, en sapo.
- Leer los carteles de las vallas.
- Mirar a los ojos a la gente y verme reflejado.
- Charlar, hablar, conversar, conocer, descubrir.
- Escuchar.
- Pensar en todo lo que me queda por hacer en esta vida y aún así hacer más planes. Mejor que sobre que no que falte.
- Hablar con el espejo. Insultarle y ponerle caras.
- Pedir deseos en las fuentes.
- Los muffins de chocolate. El chocolate en todas su vertientes.
- Los sitios decadentes y sórdidos.
- Los bares con billar donde no ponen a Bisbal ni Reguetón, ton, ton, ton. Ni chunta chunta marabunta. Y se puede hablar, y hasta entenderse.
- Todo lo que huela a bohemio. Aunque apeste.
- Mi barba aunque me salga por provincias.
- Los artesanos, pintores, poetas, doncellas, juglares y trovadores.
- Los mercadillos de la Edad Media que ponen en navidades.
- Las princesas que no necesitan de título para serlo.
- Julio Medem, Aristarain, Coixet, Bollaín, Almodóvar, Allen, Benigni, Tarantino, Tim Burton....
- La variedad en los gustos.
- Eva Amaral y Leonor Watling. Y también un poco Cayetana Guillén Cuervo.
- El rocanrol y el pop de los 80 y 90.
- Los plátanos y las cocacolas de gominola. Y las fresas rellenas de nata.
- Luis García Montero y Bukowski. Neruda, Miguel Hernández, Baudelaire, Machado, Lorca, Salinas (el poeta, no el ex-futbolista, ojo), Benedetti, Panero y Rimbaud. Y mi colega, Enrique, que hace unos versos de puta madre.
- Los 3d y los bocabits.
- La fanta de naranja.
- Mirar el hormiguero que hay en la cocina de mi casa e imaginarme que me convierto en una hormiga y puedo entrar dentro y pasearme por sus recovecos.
- Pablo Motos y Eva Hache.
- Mirar la lavadora y centrifugarme.
- Ver cortos y series. Padre de familia, Futurama, Prison Break, Dragon Ball, Cuestión de sexo.
- Las patatas bravas y las croquetas. La tortilla de mi abuela.
- Los bocadillos de calamares de la Plaza Mayor.
- Las paredes donde la gente escribe frases. Que le cambien el nombre a las estaciones de metro.
- Que no se persiga a la gente por expresarse.
- La Latina, Tirso y Lavapiés.
- Los mimos.
- Dalí, Picasso, Matisse, Van Gogh, Gaudí y Tapies.
- Barcelona y San Sebastián. Y La Coruña, que no falte.
- El cine español, europeo e hispano argentino. Y alguna cinta norteamericana que se salva.
- Ricardo Darín como actor. Empatado con Oscar Jaenada. Y seguido de cerca por Fele Martínez.
- Nawja Nimri como actriz. Empatada con Lola Dueñas. Y seguida de cerca por Carmen Maura.
- La comida oriental y árabe. Probar sabores nuevos.
- Lo que Amelie le hizo al tendero.
- Viajar, viajar y viajar.
- Millás, Saramago y la Etxeberría.
- Las dependientas de la FNAC.
- Imaginarme la vida de la gente que veo.
- Los cantautores. Libertad 8 y el Búho real.
- El jazz. Y las jams que hacen en el Junco. Pero también los conciertos del Populart.
- Los gatos, y en especial, los negros.
- Los tejados.
- Las chicas con el pelo corto.
- Las chicas con el pelo largo y flequillo.
- Las chicas con pocas tetas.
- Los muñecos.
- Saber que mi rosa es única.
- Las cajitas de música.
- Cantar cadillac solitario borracho como una cuba.
- Viajar en tren de madrugada.
- Apuntar cosas en mi libreta.
- Quique González y Enrique Urquijo. Sabina cuando se ponía. Fito Paéz y Leonard Cohen. Y desde hace un tiempo, también Serrat. Loquillo, Calamaro, Bunbury y Bebe. The Cure y los Ramones. Y por descontado, Revólver y Extremo. Si no existieran, escucharía música igual-la lista de grupos y solistas que me gustan es larga- pero me faltaría algo. Una costilla, el hígado o quizás, un pulmón.
- Las canciones que me hacen echarte de menos.
- Maltratarme psicológicamente pensando que vas a volver.
- Hacer poemas cuando me deprimo. Vomitar sobre un papel. Eyacularte.
- Follarme a las mentes y que se follen a la mía.
- Dejarle notas a las camareras enroscadas en un tercio.
- Las buhardillas. Pero no me gusta el precio que tienen.
- Ver atardecer pero mucho más, amanecer.
- Hablar con los actores cuando termina la obra.
- La Casa encendida.
- La palabra standby.
- Pararme cuando algo o alguien me impresiona y dejar que el tiempo siga sin mí.
- Escuchar 40 veces seguidas la misma canción cuando la descubro por primera vez. La última: Te queda mi amor, de Rebeca Jiménez. ¡Joder cómo me gusta este tema!
- Hacer una lista con cosas que valgan la pena.
......

Como diría aquél: "Más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas".


Cartel de la película Cosas que hacen que la vida valga la pena

lunes, 1 de septiembre de 2008

El hombre que vivía de los deseos de la gente


- Yo no soy nada, no me gusta tener que ganarme la vida, es como tener que ganarse el aire, la vida debería ser un bien público, ¿no crees?
- Bueno, la sociedad necesita que la gente contribuya con algo.
- Yo contribuyo con mis pasos. Y tú ¿con qué contribuyes, a qué te dedicas?
- Yo vivo de los deseos de la gente.
- ...
- Verás, trabajo en el servicio de limpieza de una empresa privada que se encarga del saneamiento de los canales y obras de regadío de la ciudad. Todos los lunes vacío las fuentes de los parques y recojo las monedas que la gente arroja. Después vuelvo a rellenarlas con una manguera y así hasta que limpio todas.Una por una.
- ¿Y qué haces con las monedas que almacenas?
- Pues depende, a veces salgo a cenar fuera. Unas veces me voy a un restaurante de cinco tenedores y me meto entre pecho y espalda una mariscada y otras me acerco hasta un Burguer, y me doy un atracón. Adoro esas hamburguesas.
- ¿Te gastas el dinero de la gente sólo en comida?
- Bueno también hay veces que le compro a mi mujer algún regalo: un collar de perlas, una sortija, unos pendientes caros, ya sabes, hay que tener contenta a la parienta. E incluso, este año, me he pagado el abono de mi equipo de fútbol. Ni te imaginas la cantidad de pasta que se saca con este negocio. La semana pasada sólo en una fuente me llevé 250 euros. Yo invierto en deseos.- dijo riendo con una crueldad que me sobrepasó.
- ¿Has pensado que quizás estés dilapidando la herencia de tu hijo?
- ¿A qué te refieres?
- ¿Qué le dirás por ejemplo, cuando estés con él en el parque y quiera lanzar una moneda al agua para pedir un deseo, como cualquier niño, por otro lado, no sé, por ejemplo aprobar las mates o que la niña de su clase, esa de coletas por la que suspira, le de un beso? ¿Le dirás que es en vano, que la fuente no funciona, que no está imantada, que el duende de los deseos no viene hasta por la tarde? Y cuando crezca y esa excusa ya no te valga, ¿qué harás? ¿Le dirás que papá se ha gastado todos sus deseos en whoppers y caprichos, que le espera una vida sin ilusiones, sin magia, sin esperanza?
- ...
- Yo a veces pido deseos. ¿Cómo se supone que debería reaccionar al saber lo que haces? ¿Debería denunciarte por malversación de ilusiones públicas o quizás debería partirte las piernas porque por tu culpa aquella niña de coletas por la que suspiraba, jamás me besó, o por todos esos veranos que me pasé estudiando matemáticas cuando todos mis amigos se divertían en la calle?
- ....
- Hay cosas que son intocables. El mundo como tal, es un burdel de ideas, de pensamientos, de sentimientos si me apuras. Una mierda compacta, achatada por los polos.
-....
- Todo está en venta, todo lo que nos dicen es relativo. Estamos jodidos. No hay una verdad absoluta a la que agarrarse, y si la hubiera esta vendría en grajeas y se vendería a precio de oro. Porque así es cómo funciona. Es el capitalismo postmodernista, si hasta hay escritores que comercializan con el sentido de la vida. Valientes hijos de puta. Somos un gargajo, el detritus de toda esa mierda. La cara de una felatriz a punto de recibir una corrida. Ellos eyaculan sobre nosotros. Porque son el pene y nosotros la campanilla de toda esta garganta.
- ...
- Lo que hoy se exhibe en los escaparates, mañana ya no está. Nada dura ni permanece. La moda por ejemplo, se renueva constantemente. Así es la postmodernidad, vivir no importa, importa llegar lo antes posible a la meta para pensar ya en la siguiente carrera. Acumular cada vez más para poder seguir acumulando más aún. Esa es la evolución que hemos seguido. De homo sapiens a homo frenético. Nos obligan a correr los 100 metros lisos aunque no queramos. Correr, por ejemplo, de casa al trabajo y del trabajo a casa, incluso cuando estamos de vacaciones, seguimos compitiendo, sudando como auténticos cerdos en verano. Porque la vida es una pista de atletismo llena de calles y desde que nacemos llevamos asignados un dorsal aunque no lo veamos. Pero nadie nos pregunta si estamos cansados. Si queremos un poco de agua o si se nos ha montado un gemelo. Porque no le importamos un carajo a nadie. Es así. El mundo no tiene freno, es como el jamaicano ese de las Olimpiadas. Él es el mundo, su forma de menospreciar a sus rivales, de reírse en su cara, de bailarles, es la metáfora de ese mundo en el que vivimos. Y en ese baile está precisamente el significado de todo cuanto nos rodea, la síntesis, el corazón, las vísceras: me río de ti y encima me aplauden. Somos eso, un chiste. Y ellos nos clasifican acorde a la carcajada que podemos provocar. Esa es su forma de valorarnos, de tenernos en cuenta. Nos necesitan porque sin nosotros, no podrían reírse de nadie.
- ...
- Todo es susceptible de ser pisoteado, te decía. Pero hay un límite en todo esto. Y ese tope está en los sueños y los deseos. Eso no, eso es intocable. Porque no le pertenece al mundo ni al jamaicano de las olimpiadas ni tan siquiera a los que echan su semen corrupto sobre nuestra cara. Eso es algo que nos pertenece tan sólo a nosotros. A los homos frenéticos. Porque es propiedad privada del alma y lo único que podemos poseer, tener, dominar, saber como nuestro. Cuando robas una sola de esas monedas, hijodeputa, estás dejando a tu hijo sin sentido. Noqueándole. Estás, para que me entiendas, enjaulando ese resquicio de libertad que le queda, que toda persona tiene, con indiferencia de su sexo, raza o procedencia. Y más aún, estás taponando con silicona la rendija por la que el día de mañana, cuando tú estés muerto, y él camino de una residencia de ancianos, se colará en sueños para reunirse con la chica de coletas de su niñez.

El empleado del servicio de limpieza lloró al escuchar esto último. Al día siguiente pidió la baja y se desvinculó por completo de la empresa privada encargada del saneamiento de canales y obras de regadío de la ciudad. Tardó seis años en devolver todos los deseos que había robado. Y cuando por fin lo hizo, él también pidió el suyo.


¿Que qué pidió? Los deseos jamás se dicen porque si no nunca se cumplen.



Foto sacada de picasaweb.google.com