jueves, 28 de agosto de 2008

Nefasta y dulce




"Ya no queda nada de ayer, porque el viento se lo llevó".

Los escuchaba con 16 años, cuando mi vida se medía en caladas. Y ahora, con 24. Pero ya no fumo, me quité. No obstante, a veces pongo el directo de iros todos a tomar por culo o el disco de canciones prohibidas y le doy una larga calada a la nostalgia y me fumo tirado en la cama, mis recuerdos "y joder qué guarrada sin ti".
A veces-pero sólo a veces-desearía volver a aquellos años. Son tantos los recuerdos que guardo, algunos nefastos, pero otros tan dulces...Entonces, como ahora, tenía prisa por vivir, por hacer cosas, con la salvedad de que casi siempre me topaba con algún portero unineuronal que me impedía el paso, que no me dejaba entrar, traspasar el quicio de mis ganas. Realizarme. Mientras tú, del otro lado, me mirabas y en tus ojos ya se adivinaba nuestro adiós definitivo. Aquello era así, nadie esperaba por nadie. Sabía que antes de que llegara a casa, maldiciendo mi suerte, ya tendría sustituto. Cualquier otro te arrancaría aquella tarde noche los botones de tu boca. Se colaría bajos tus faldas en la penumbra de mi desdicha y se llevaría consigo un pedazo de ti, y por ende, de mí. Lo que más me jodía de todo, aparte de saberte con cualquiera, era que el hijodeputa del portero ni siquiera me dejaba depedirme. Conservar la dignidad del vencido.
Es curioso, hoy en día, puedo entrar en cualquier sitio. Ninguna persona me impide ya la entrada -¿hay algo más déspota que eso?-, a ningún lugar; en parte, porque no me da la gana darle a nadie ese gusto y porque en los bares donde voy, prima más el derecho a emborracharse, que el de admisión. Sin embargo, muchas veces, a lo largo de estos últimos años, me he topado con la metáfora de ese mismo portero unineuronal en distintos ámbitos de mi vida. Y he vuelto a casa igual, maldiciendo mi suerte, con la misma cara que tenía a los 14, pensando que otro se estaría llevando la parte de felicidad que a mí me toca. En fin. Supongo que es ley de vida. Uno carga con lo que es pero también arrastra lo que fue.
Hace poco, Extremoduro dio un concierto al que no pude ir-¡aaarg!- esta canción, adelanto del nuevo disco, es mi único consuelo. Una manera de volver a aquella época, nefasta y dulce, aunque ya no quede nada de lo que fuimos, o tal vez, quede todo.

Hoy es jueves y los bares están ardiendo. Pasad un buen día.

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