sábado, 30 de agosto de 2008

La buena chica



"Y pocas veces sonreía pero con eso a mí me valía. Y antes que nuestro tren descarrilara, en marcha me bajé sin decir nada. En otro tiempo me gustaba cuando en su mismo barco viajaba. Te juro que era buena chica aunque con poco apego a la vida".

Sobra decir más. Hay canciones que se escriben para determinadas personas y personas que son en si mismas, canciones. Tú siempre fuiste la buena chica. La que pocas veces sonreía. La del poco apego a la vida.
La que nunca me perdonó que me bajara de aquel tren en marcha, que te abandonase de forma tan abrupta después casi de haberme abandonado a mi mismo. Pero tenía que saltar o saltar. Me hacía daño estar contigo. Eso lo supe años más tarde, pero en ese momento lo intuía aunque no quisiera verlo. Reconocerlo. Porque tu veneno era a pesar de todo, tan dulce...
...No obstante, me arrojé al vacío y el cuerpo se me llenó de arañazos e incluso, me disloqué el corazón. Pero sobreviví a ti. Entonces te convertiste en canción. Y ahora pululas por los karaokes, pasando de micro en micro, de mano en mano. Curiosa metáfora.
Por lo demás, uno de mis temas favoritos de Los Secretos, interpretado para la ocasión por la señorita rocanrol, a la sazón, la cantante más atractiva de todo el panorama musical español. Y para mí, la más bella entre todas las mujeres.
Pasad una buena tarde de sábado.

viernes, 29 de agosto de 2008

Registro de la propiedad emocional


- Hola, buenos días, verá venía a registrar mi corazón.
- ¿Cómo su corazón?
- Sí, mi corazón, quiero registrarlo a mi nombre.
- Pero, debe tratarse de una broma. Esto es el Registro de la Propiedad Intelectual. Aquí se registran obras, no órganos.
- Bueno, mi corazón es la mayor obra que tengo escrita. Tiene tintes melodramáticos, podría adaptarse al teatro, incluso.
- Caballero, me toma el pelo.
- En absoluto. Verá quiero registrar mi corazón porque no quiero que nadie me lo robe. Es mío, y no quiero que nadie me lo quite.
- Comprendo pero verá, le repito que aquí se registran sólo obras tangibles: novelas, poemarios, cuentos etc etc. Su corazón por muy melodramático que sea, es etéreo. No tiene una paginación real que podamos constatar. ¿O es que acaso lo ha traído usted encuadernado?
- Y con el nombre del autor en la portada. Yo mismo.
- ...
- Aquí se lo entrego.
- "Mi Corazón". Vaya, ingenioso título.
- El único que podía tener.
- Algunas páginas están hechas trizas.
- Sí, es que en un par de ocasiones me lo rompieron, y pude pegar algunos trozos con celo pero otros, desgraciadamente, no. Espero que eso no sea inconveniente. Por lo demás está más o menos intacto.
- Bueno, creo que podremos registrarlo.
- Me haría usted un gran favor.




Foto sacada de http://www.librodearena.com/

jueves, 28 de agosto de 2008

Nefasta y dulce




"Ya no queda nada de ayer, porque el viento se lo llevó".

Los escuchaba con 16 años, cuando mi vida se medía en caladas. Y ahora, con 24. Pero ya no fumo, me quité. No obstante, a veces pongo el directo de iros todos a tomar por culo o el disco de canciones prohibidas y le doy una larga calada a la nostalgia y me fumo tirado en la cama, mis recuerdos "y joder qué guarrada sin ti".
A veces-pero sólo a veces-desearía volver a aquellos años. Son tantos los recuerdos que guardo, algunos nefastos, pero otros tan dulces...Entonces, como ahora, tenía prisa por vivir, por hacer cosas, con la salvedad de que casi siempre me topaba con algún portero unineuronal que me impedía el paso, que no me dejaba entrar, traspasar el quicio de mis ganas. Realizarme. Mientras tú, del otro lado, me mirabas y en tus ojos ya se adivinaba nuestro adiós definitivo. Aquello era así, nadie esperaba por nadie. Sabía que antes de que llegara a casa, maldiciendo mi suerte, ya tendría sustituto. Cualquier otro te arrancaría aquella tarde noche los botones de tu boca. Se colaría bajos tus faldas en la penumbra de mi desdicha y se llevaría consigo un pedazo de ti, y por ende, de mí. Lo que más me jodía de todo, aparte de saberte con cualquiera, era que el hijodeputa del portero ni siquiera me dejaba depedirme. Conservar la dignidad del vencido.
Es curioso, hoy en día, puedo entrar en cualquier sitio. Ninguna persona me impide ya la entrada -¿hay algo más déspota que eso?-, a ningún lugar; en parte, porque no me da la gana darle a nadie ese gusto y porque en los bares donde voy, prima más el derecho a emborracharse, que el de admisión. Sin embargo, muchas veces, a lo largo de estos últimos años, me he topado con la metáfora de ese mismo portero unineuronal en distintos ámbitos de mi vida. Y he vuelto a casa igual, maldiciendo mi suerte, con la misma cara que tenía a los 14, pensando que otro se estaría llevando la parte de felicidad que a mí me toca. En fin. Supongo que es ley de vida. Uno carga con lo que es pero también arrastra lo que fue.
Hace poco, Extremoduro dio un concierto al que no pude ir-¡aaarg!- esta canción, adelanto del nuevo disco, es mi único consuelo. Una manera de volver a aquella época, nefasta y dulce, aunque ya no quede nada de lo que fuimos, o tal vez, quede todo.

Hoy es jueves y los bares están ardiendo. Pasad un buen día.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Gatillazo


- Cariño, te juro que es la primera vez que me pasa. No sé qué me ha podido ocurrir.
Laura abrazó sus piernas contra ella hasta encogerse del todo, formando un pequeño bulto compacto y cerrado sobre la cama. Pedro, sudoroso, seguía dando vueltas a la habitación, nervioso, tratando sin éxito de justificarse:
- Quizás haya podido influir el estrés. Esta semana he trabajado muchísimo, se me han juntado un huevo de cosas y he salido más tarde que nunca del curro. Tú lo sabes bien, que siempre me esperas levantada y esta semana casi todos los días cuando llegaba, ya estabas dormida.
Aquello, más que una excusa, a Laura le pareció un reproche.
- ...
- Tiene que haber sido fruto del cansancio acumulado, no hay otra razón. Ya se sabe, uno no es el mismo, no rinde igual. No actúa igual.
- ...
Pedro se acercó hasta Laura y, con un gesto paternal, apoyó sus dos manos hinchadas en las rodillas de ella:
- Amor, tienes que creerme, siempre he estado a la altura de las circunstancias. Nunca me había pasado algo así. Joder, siempre me he comportado como un hombre. Soy un hombre.
Los ojos de Laura salieron de la penumbra que su cuerpo había creado y miraron con compasión a Pedro.
- Quizás, la culpa es mía. No he sabido darte tu margen o...
- Puede ser, sí.
La confesión de Laura, entre sollozos, bastó para rebajar el peso de culpa de Pedro. Se abrazaron fríamente y continuaron hablando sobre el tema durante algunos minutos más, ya tumbados los dos sobre la cama. Dos cigarros después, él decidió darse una ducha.
- Ahora vengo, voy a ducharme, espérame en la cama, gatita...- dijo rugiendo Pedro.

Fue en ese instante cuando Laura sintió asco de su marido. Se lo imaginaba rugiendo encima suyo, en el desayuno, en la comida, en la cena. No podía soportar la sola idea de tener que vivir con eso día tras día. De modo que tras asegurarse de que Pedro no regresaba a por algo que hubiese olvidado, se acercó extremadamente sigilosa al armario temiendo ser escuchada, a pesar de la distancia entre la habitación y el baño, y con un gesto familiar, como si ya hubiese planeado aquello mucho antes, abrió uno de los cajones y extrajo de él la pistola reglamentaria de su marido. El peso del arma le pareció una tonelada. Sus manos apenas pudieron sujetarla, temblorosas como estaban. Tuvo que sentarse un instante en el borde de la cama, temiendo desmayarse con la pistola encima. Laura suspiró, lloró, se enjuagó el llanto, resopló y miró con rabia la culata. Comprobó entonces con un saber inaudito que hubiera balas.

Era la primera vez (y última) que Laura usaba una pistola, pero parecía como si el arma hubiese convivido con ella toda la vida. En cierto modo, así era. Aunque jamás se había acercado hasta el cajón donde su marido la guardaba con un celo casi patológico. Le aterraba vérsela puesta en el cinturón como para si quiera sacarla y más incluso tocarla. Por eso tenía que acabar con esta situación cuanto antes.
Se dirigió despacio hasta el baño. El peso del arma tan sólo había menguado unos gramos desde entonces. Laura podía sentir cómo la pistola latía bajo su frágil muñeca de porcelana. Bombeando toda su fuerza desde el gatillo hasta sus arterias. Porque su corazón, muy a su pesar, estaba ahora situado ahí, en el cargador de la 9 milímetros que sostenía, y no en el pecho, de donde había sido arrancado ferozmente de un rugido.

Cruzó el largo pasillo que le separaba de Pedro y llegó hasta su objetivo. La puerta estaba entreabierta, Laura sólo tuvo que empujarla ligeramente con el cañón para cruzar el umbral de la enajenación y bautizarse como homicida. Ya no había vuelta atrás. Estaba dentro de si misma. De su rabia, de su ira. Nada más entrar, una ráfaga de humedad le golpeó el rostro, empañando sus ojos. Laura se recompuso y vio la sombra de su marido proyectada sobre la cortina de la ducha como un cuadro abstracto, lleno de pinceladas entrelazadas gota a gota sin aparente sentido. Lo miró desde la seguridad que le confería el saberse del otro lado y trató de hallar el significado de aquella pintura. De lo que estaba pasando, de su vida, de ella misma.

Entonces como si de un primer aviso se tratase, sus piernas flaquearon y ella cedió, intentando sin éxito agarrarse al toallero para no clavar sus rodillas en el frío suelo. El aire del baño adquirió en ese momento un olor distinto que Laura no tardó en identificar. Olía a champú de coco y pólvora. Una mezcla que le produjo arcadas y a la vez un regusto. Se incorporó como pudo, recogiendo la pistola del suelo. La figura paralizada de su marido apareció tras la cortina de humo que se había formado.

- Qué coño haces con mi pistola- dijo Pedro arrastrando cada sílaba como si estas tuvieran un peso que su lengua no pudiese soportar.
- Te acabas de cargar el cuadro. Has corrido toda la pintura, imbécil.
- Acabas de disparar el arma en el baño...-tartamudeó.
- Bueno, se me ha disparado sola, no tenía intención de usarla. No tan pronto.
Pedro la miró aterrado, la situación era clara, no hacía falta preguntas. Sabía lo que iba a suceder.
- Laura, deja el arma, vamos a hablar.
- Las palabras vuelan, los disparos permanecen- dijo ella señalando con la cabeza el agujero de bala que sobresalía del espejo. Curiosamente a la misma altura que el pecho de Pedro.
- ¡Te has vuelto loca!
- En tu puta vida me vas a volver a poner la mano encima, cabrón.

Tres disparos secos sonaron en la Plaza Mayor. Decenas de palomas salieron en estampida hacia el cielo. Los turistas que en ese momento comían en las terrazas, agarraron sus pertenencias asustados.
- ¡Joder has oído eso! ¡Parecían tres tiros!
- La gente está muy hasta los huevos. Al final nos acabaremos matando los unos a los otros.
- Coño, pero...para algo está la Justicia, digo yo.
- Esa tiene una orden de alejamiento, no se acerca a la gente ni queriendo.
Los dos yonquis se levantaron del suelo.
- Vamos a ver qué ha pasado. La gente está yendo hacia esa casa.
- Será un crimen pasional, han sonado tres disparos, nadie se ensaña así si no tiene algo personal.

Antes de entregarse en la comisaría, Laura escribió una nota que dejó en la mesilla de noche: "Por favor hagan algo, esto ya pasa de una sana guerra de sexos, nos están matando a nosotras y les estamos matando nosotras a ellos. Hagan cumplir las penas, gástense los impuestos en psicólogos, terapeutas, psiquiatras y no tanto en armamento. No les den tanta publicidad en los medios, eduquen a la gente desde pequeña. Enséñenles a los niños a querer en las escuelas, a amar sin ser dependientes, a valorarse como personas íntegras y completas que son desde que nacen. Destierren el mito de que somos la mitad que nos falta. Y más aún, acaben con los tópicos. Pídanles a los lingüistas que los borren del diccionario y el colectivo. Un hombre no es menos hombre por mostrar sus sentimientos ni una mujer necesita del cuidado de un hombre para subsistir, esos tiempos se acabaron ya. Multen a los artistas y televisiones que proyecten esa imagen, que vendan, aún en el siglo XXI, a través de sus canciones y series, ese rol de machos y sumisas que tanto daño nos está haciendo. Acaben con esta lacra señores gobernantes, señores jueces, hagan algo porque nos estamos matando entre todos".

Firmado:

Laura, asesina confesa del crimen de mi marido.


Foto sacada de serratebros.blogspot.com

martes, 26 de agosto de 2008

Salitre en los ojos




"...Y ahora tendré que salir a buscarme alguien que me arranque de cuajo la pena, de alguna manera tendré que olvidarte, tengo que olvidarte de alguna manera..."

Hay recuerdos que escuecen en los ojos como el salitre.


Foto sacada de anothergloomynightinthelighthouse.blogspot.com/

lunes, 25 de agosto de 2008

Dos


Leo en la prensa la siguiente noticia:

"¿Dónde está regulada la edad para enamorarse?"

Un granadino de 68 años lucha para que los jueces permitan su matrimonio con una marroquí de 23

VALME CORTÉS - Granada
El PAÍS - Sociedad - 25-08-2008

Adolfo Galán conoció a la mujer que dice que ama, Eddab Nawall, en Casablanca, donde ella vive. Fue hace cerca de cuatro años. Él viajó a Marruecos por motivos de trabajo como colaborador de la Universidad Internacional de Andalucía. La primera vez que la vio fue en un establecimiento de comida rápida en el paseo Corniche. Allí comenzó una relación cuyos protagonistas quieren culminar con el matrimonio. Cuando se conocieron, Galán tenía 64 años y Nawall 19. La diferencia de edad y de nacionalidad les obliga ahora a demostrar la honestidad de sus intenciones ante los jueces. Algo que aún no han conseguido. La pareja no logró obtener el certificado de capacidad matrimonial que se les exigía. Ni en España ni en Marruecos. Un juzgado de Motril argumentó su negativa en los "fines fraudulentos, económicos y migratorios irregulares" que veía en la unión. Galán y Nawall esperan ahora la decisión de otro juzgado de Granada.
"Entre líneas hay escrito que la diferencia de edad entre nosotros es mucha, pero ¿dónde está regulado si tengo edad para enamorarme o en qué condiciones estoy?". Galán no llega a comprender por qué tiene que dar cuentas a los jueces sobre cuestiones como si ama o no a la quiere que sea su esposa o si ésta le ama a él. El granadino es un ingeniero que dedicó su vida laboral a la empresa de electrónica fundada por su padre. "Yo no tengo una situación económica precaria, más bien todo lo contrario", enfatiza para alejarse así de uno de los principales móviles en los llamados matrimonios de conveniencia. Galán rechaza también que se argumente falta real de contacto entre la pareja o incluso que existan problemas de comunicación ya que asegura que se entienden en francés y español. "Esa semana que estuve en Casablanca nos vimos varias veces más, luego nos llamábamos con asiduidad", asegura. Todas las veces que se han visto -"siempre visitas de varios días"- han sido en Marruecos.Incluso planearon un viaje a Brasil para iniciar allí una nueva vida, pero no dejaron viajar a Eddab. Como gesto de protesta, Galán llegó incluso a estar en huelga de hambre, ingiriendo sólo líquidos, durante mes y medio el pasado año. También acampó con su coche en la frontera con Tetuán en junio de 2007 durante una semana. Galán tiene tres hijos de 37, 36 y 32 años, de un matrimonio anterior y otro de cinco años fruto de una relación con una mujer rumana a la que conoció en un viaje "humanitario". Dice que la soledad es lo único que no soporta. Quiere que su hijo menor viva con él, pero para eso cree necesario tener a otra persona a su lado. Pero eso no ocurrirá hasta que los jueces no le autoricen su proyecto de familia.

A veces aparecen publicadas noticias así, y la verdad reconforta saber que no todo son muertes, accidentes, robos y fraudes. Y más siendo lunes. Uno empieza de mejor humor la semana. Pensando además de en Bagdad, el partidazo de España ante EE.UU en la final de baloncesto o los accidentes póstumos de la operación retorno, en Eddab y Adolfo, aunque no comparta su visión de la soledad. Aunque sea a estas alturas un agnóstico en esto del amor. No obstante, creo firmemente en las personas. Y esta es una historia de personas. Me gusta leer cosas así.
Mientras tanto, la Guardia Civil continúa investigando el accidente de Barajas. El Ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, afirma ahora, tras su confianza inicial, que la identificación de cadáveres "está costando más" de lo que inicialmente pensaban. 69 cadáveres tienen ya nombre. El resto, 85, continúan en el limbo. Con sus nombres y apellidos, paradójicamente. Lo más duro para las familias, está por llegar, aseguran los psicólogos. Y los lingüistas, aunque no se han pronunciado, secundan ese pesimismo: No hay palabras que calmen ni curen ni alivien tanta pena. El abecedario, tan rico como es, se antoja inútil ahora. Y la lengua, muda.
Veo a los familiares de las víctimas y también me veo a mí, a mi madre, a mi padre, a mis amigos, llorando en las puertas del IFEMA, de los hospitales, inertes por los pasillos del aeropuerto. Todos íbamos en ese avión, como también todos subimos a los trenes de Atocha. Porque nadie está libre ni tampoco a salvo. Somos marionetas en manos de circunstancias. Aterra pensarlo.
Diviso a su vez por televisión a decenas de abogados, venidos hasta de EE.UU, rondando a los mismos familiares, frotándose las manos con los futuros litigios, con las futuras indemnizaciones millonarias. Haciendo su particular agosto. Spanair, de hecho, ya prepara su primera oferta cuando la vida de por si, no tiene precio. La línea que separa lo necesario de lo obsceno, es tan delgada, que a veces basta con un ligero fotograma para traspasarla. Por eso revindico a Adolfo y Eddab. Porque quiero pensar que el mundo además de sangrar, también late.
Mi pésamen a los familiares de las víctimas de la tragedia de Barajas.



Foto sacada de www.elpais.com. Adolfo Galán, en una playa de Granada. Autor: M. Zarza.



domingo, 24 de agosto de 2008

Espinas


- Deberías dejar de analizar el Mundo y de desmenuzar cada instante, como si fuese un pescado.
- Ya pero alguien tiene que quitarle las espinas a la vida.



Foto sacada de rafazaragoza.com

sábado, 23 de agosto de 2008

A mi viejo


A veces sonaban los Beatles o Leonard Cohen, otras Dylan, y hasta había ocasiones en que mi padre ponía a Bob Marley en el tocadiscos y aquellas mañanas infinitas de domingo se colmaban de reggae. Entonces ese señor tan sobrio que se me antojaba enorme desde mis escasos dos palmos de estatura, se soltaba la melena cantando Could you be loved.
Yo atendía la escena sonriente, oculto detrás del sofá-siempre me gustó esconderme, de pequeño lo hacía como juego, 'el juego del camaleón' lo llamaba-y veía desde ahí a mi padre inmerso en un pentagrama, lleno de notas que él seguía, con más o menos rigor, con su batuta imaginaria dibujando sus tonos en el aire.
Sonreía. Y aquello que veía me daba tranquilidad, ligereza, sosiego, aunque con cinco años no supiese explicar el significado de la palabra sosiego o tantas otras que desconocía y sin embargo, sentía como mías. Sentir. Como si aquella escena que se dibujaba ante mí, decía, fuese el culmen de todo. Como si toda la vida pudiera contenerse en una canción. Sin derramar una sóla desgracia.
El tiempo pasó, mi padre y yo nos distanciamos, y hasta llegué a odiar a los Beatles y a Dylan y Cohen, era su música. Yo tenía la mía.
A veces entraba en mi cuarto y se arrancaba a cantar la letra de alguna canción que estuviese sonando en ese momento: "Aprendimos a quererte desde la histórica altura...". Y me hablaba por ejemplo, de Carlos Puebla, su intérprete originario, pero a mí ese señor me la pelaba. A mí me gustaba la de Boikot, la mía. De modo que lo echaba del cuarto, y tras el portazo, musitaba algo así como karca, con "K", sí.
Así fueron sucediéndose los años, muchos tal vez, y la distancia entre nosotros se hizo mayor, como una mancha de aceite que se extiende sin remedio, él con sus canciones, y yo con las mías. Porque detrás, había no sólo un gusto musical, sino también una forma de vida, de estar en el mundo. De revindicarnos, en definitiva. Cada uno en su trinchera. Aunque no estuviésemos en guerra.
Hace poco, me tomé un whisky con él. Bueno, más bien yo, él un vaso de agua. Hablamos largo y tendido. Sobre la familia, el trabajo, la política...Sentí aquella sensación de sosiego de antaño. Como si la vida pudiera contenerse en un vaso de jb con hielo. Sin derramar una sola gota. Reímos, y cuando ya me iba me lanzó la siguiente frase que creo que resume este post (y parte de la vida) a la perfección : "A ver cuando me devuelves mis discos de Cohen y Dylan".

Fotograma de la película El chico, de Charles Chaplin.

Vaya este pequeño homenaje a mi viejo:


viernes, 22 de agosto de 2008

Viernes, al fin




Hoy puede ser un gran día.

jueves, 21 de agosto de 2008

Poema para agosto


Aquí, Madrid, mil novecientos

cincuenta y cuatro: un hombre solo.

Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes -y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso...-

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

- Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto -.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Aquí, Madrid. Ángel González


Poco o nada ha cambiado desde entonces.




Foto sacada de www.obrasocialcajamadrid.es

miércoles, 20 de agosto de 2008

Cuestión para un oftalmólogo


No sé si me falla la memoria, o la vista. Si esta ciudad me engaña, si el sol de agosto, me ciega. Si los cristales de los autobuses están tintados de tu recuerdo. O si las aceras están hechas de tus pasos. No sé si estoy bajo el filo de la locura, con la hoja afilada del delirio hundiéndose en mi nostalgia. Si sangro porque estoy vivo, o porque estoy muriendo. No sé si estoy demasiado borracho o mi resaca es imperecedera. Si mis pupilas, ven doble. Si eso que se dibuja al final de la calle, es tu rastro perdiéndose a cien metros escasos de mis súplicas-no te vayas, por favor, dijiste tú entonces, aquella última vez que nos vimos- si esa muchacha menuda, de ojos tristes y pelo corto que veo a lo lejos, es en realidad, la misma muchacha menuda, de ojos tristes y pelo corto, que hace años también me quiso.
No lo sé y al mismo tiempo, lo sé a ciencia cierta. En realidad, quién es capaz de juzgar qué es verdad y qué no. Qué es realidad y qué mentira. Hay ficciones tan de verdad y verdades tan cínicas, que hace que todo, sea relativo. Además, puestos a buscar especialistas, qué oftalmólogo tiene potestad para decirme que no te vi, que estas líneas que (te) escribo no describen un hecho, sino que alimentan una fantasía indigesta y pesada.
Lo dejó escrito Oscar Wilde y se ha cumplido: "Hay dos grandes desgracias en la vida: perder a tu gran amor y encontrarlo". Que se sepa, el destino es el mayor de los homicidas.


Foto sacada de enelpaisdelasultimascosas.blogspot.com

martes, 19 de agosto de 2008

Mea culpa



"Pero cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario"....


Aunque eso no es excusa.

lunes, 18 de agosto de 2008

Equi distantes


Te vi acercarte hacia mí y ya entonces supe que nos estábamos alejando...





Foto sacada de noemi-west.livejournal.com/

domingo, 17 de agosto de 2008

Yonquis


Yonquis, yonquis, yonquis. Sólo veo yonquis. La ciudad entera está llena de yonquis. Gente que se mueve espasmódica en busca de su dosis, que se retuercen por un chute. Los veo en la calle, en el metro, en las marquesinas de los autobuses, en las tiendas, en las cafeterías, en los bares...A primera hora del día, a media tarde, de noche, a altas horas de la madrugada. Todos, yonquis. Todos con la piel pálida y sudorosos. Agonizando por un beso, por una caricia, por un orgasmo. Algo que palie de alguna forma, su mono. Cuerpos que les sirvan de metadona.



Foto sacada de jackielagos.zoomblog.com

sábado, 16 de agosto de 2008

Hemorragia


Prefiero sangrar juntos, a cicatrizar sin ti...




Foto sacada de elarboldesnudo.blogspot.com

viernes, 15 de agosto de 2008

Rodríguez


- Lava, barre, friega, plancha. Ve a hacer la compra, mira con detenimiento las ofertas, las promociones, los 2x1. Hazte el desayuno, la comida, la merienda, la cena. Estrújate el coco cada día para no volver a comer ni a cenar lo mismo...buff. La gente está muy equivocada, la vida de Rodríguez no es jauja, al contrario, es muy dura.

- Pues imagínate los que hacen todo eso, y ni siquiera están de Rodríguez.



Foto sacada de elequipot.blogspot.com

domingo, 10 de agosto de 2008

El vecino de lamari


- Y se suicidó, tío, se mató. Como lo oyes. Se encaramó al balcón de su octavo piso y se tiró. Me lo contó lamari esta mañana, que era vecino suyo. Su mujer y sus hijas están destrozadas, imagínate. La mayor no tiene ni doce años y la pequeña, seis. No entiendo nada, con cuarenta años, tronco, con media vida por delante. Tenía además un buen trabajo, era un abogado de estos que manejan, ganaba una pasta, vivía en un barrio bien, que tú ya sabes que la casa de lamari es de pelas, su familia era la típica de anuncio, feliz y unida, con perro lassie, incluido en el lote. No entiendo por qué se ha suicidado si lo tenía todo. Muchos pagaríamos por tener la mitad de su felicidad.

- Precisamente se mató porque no era feliz. Es muy duro levantarse un día y descubrir de golpe que tu vida no tiene sentido. Mirar a tu alredeor, ver que lo tienes todo: una casa en pleno centro, una mujer hermosa que te quiere, unos hijos adorables, un perro sin pulgas, una nómina llena de ceros, un chalet en la playa...y sentir a la vez, que no tienes nada. Hay cosas que se compran con dinero pero hay otras que no están a la venta como son los sueños, las ilusiones, el poder mirarse al espejo y decir: "¿qué se debe?". Vivir, en definitiva. Y esos son los peores suicidas, los que se dan cuenta que han estado muertos toda su vida. A esos no hay dios que los convenza.
Y más a los 40, que es una edad crítica. Con 20, si tu vida no te gusta, puedes rectificarla, con 30 aún hay esperanza, los hay que dejan su trabajo porque no les llena, porque no es lo que quieren para sus vida y se lanzan a la aventura en busca de sus sueños. Y cambian el despacho y las reuniones por el tendido de un circo y los malabares o la maleta de ejecutivo por la brocha y el caballete. Y se pasan por el forro la hipoteca, qué demonios. Ya que nos va a tocar a todos pasar por el aro, malvivir en pisos de 30 metros cuadrados, vivir ahogados, al menos permítamonos el lujo de hacerlo de la forma más feliz posible, ¿no?. Hay que arriesgarse, joder, buscar nuestra felicidad allá dónde esté, es un derecho pero sobre todo una obligación ética. Lo sueños son como la sal, no alimentan pero dan sabor a la vida, coño. Lo escribió Saramago y tiene toda la puta razón. El vecino de lamari renunció en vida a sus sueños, se conformó. Hizo lo que la sociedad esperaba de él. Su máxima aspiración en la vida era casarse y tener hijos. Y no es un planteamiento vital malo, entiéndeme, es un complemento, una opción más a tener en cuenta. Pero la vida no acaba ahí, es mucho más amplia que todo eso, qué quieres que te diga. Prefiero soñar de más y tener la certeza de que siempre me van a faltar sueños por cumplir, que quedarme corto.
Seguramente ese señor cumplió su objetivo antes de los 30. Y se sintió afortunado y pleno. Pero dentro de sí, se estaba gestando el peor de los cánceres: la desidia. A esa edad ya no le quedaba más por hacer en la vida. Imagínate diez años haciendo lo mismo, yendo y viniendo del trabajo todos los días sabiendo de antemano la rutina del día, tomando el mismo café aguado en la oficina, la misma corbata a modo de soga. El mismo cocido de todos los domingos, las mismas vacaciones de todos los años, el mismo beso de buenas noches, la misma postura, ella debajo, él encima. Una vida sin sobresaltos. Eso acaba con cualquiera, macho.
A los 40, te decía, dificílmente puedes hacer ya algo. Cuanto más encallado está el barco más difícil es sacarlo. Hay un momento para ser idealista, colega. Para correr tras una ilusión, a según qué edades las piernas ya no son las mismas ni responden de la misma manera.

- Qué putada macho.

- La mayor tasa de suicidios está en gente de clase media alta con una vida aparentemente resuelta y por ende, aparentemente feliz.

- Espero no acabar así, nunca. Sin sueños y empotrado en una acera.

- Yo antes que un abogado frustrado, prefiero ser un parado feliz, qué quieres que te diga.


Fotografía de Ramón Clemente

miércoles, 6 de agosto de 2008

El destino del hombre


"El destino del hombre es amar y despedirse", lo escribió Neruda y precisamente eso he estado haciendo yo durante todo este tiempo. Puta vida esta. No hay noche sin día ni amor sin heridas.



Foto sacada de lacoctelera.com

martes, 5 de agosto de 2008

Tu vida en 65'


- Por qué te quiero en 65 palabras. Te quiero porque creo que entiendes como soy. Te quiero porque a ti te puedo contar lo que a nadie le puedo contar.Porque puedo sentir que mi vida a tu lado cobrará sentido y dejará de ser vacía.Te quiero porque me preguntaste cuántos años tenía cuando murió mi padre, y eso nadie me lo había preguntado jamas.Te quiero tanto que me gustaría...


- Qué te gustaría.


- No sé, no lo he podido escribir se me agotaron las palabras. 65 son muy pocas.


-Sí, son pocas.


Tu vida en 65'.


Era agosto. Madrid ardía como hoy. Recuerdo que aquella tarde fuimos al cine a ver La Educación de las Hadas. Pero llegamos tarde al pase y decidimos hacer tiempo. Entonces la vimos anunciada en una marquesina. Se llamaba Tu vida en 65 minutos y estaba basada en la obra homónima de Albert Espinosa, creador de Planta 4º. Pero lo que verdaderamente nos llamó la atención fue su...eslogan: "¿Y si fueses tan feliz que no valiese la pena buscar más?". Sonreímos. Tiene buena pinta, dijiste. Te cogí de la mano y salimos corriendo en busca de un cine. Otro distinto, para una peli distinta.

Pedimos palomitas, la sala estaba vacía. Tiempo después supe que se trataba de un sleeper o el tipo de película que se conoce y se hace famosa a través del boca a boca, a falta de promoción. Mejor, más intimidad.

Nos atrapó desde el primer instante. Yo me enamoré de la chica y tu del protagonista, "el que salía en Nada es para siempre". Salimos del cine con la sensación de que algo había cambiado. Quizás nosotros, quizás, la vida. Lo cierto es que, aún hoy, cada vez que pongo una lavadora, siento como si mi alma se centrifugase ante mis ojos.

Fotograma de la película Tu vida en 65'.