viernes, 18 de julio de 2008

La decisión correcta


Hoy te he vuelto a ver, después de mucho tiempo sin saber de ti. Años. Todavía conservabas esas viejas ojeras que siempre arrastraste contigo como un verso que uno aprende o se encuentra y adhiere: Que la vida iba en serio.
Detrás de tu rostro había una cara hajada por el paso del tiempo. Cansada y harta. Sin más horizonte que el puente de tus gafas. Al final, cumpliste tu promesa: con venticinco te has retirado de la vida. Joven y bella, no obstante. Pero insulsa. Qué dejas para la posteridad. Bécquer dejó sus poemas, Van Gogh sus cuadros, a Toole le dieron el Pulitzer y eso que estaba muerto. Ya lo sé, siempre odiaste a Bécquer. Yo también, pero admiro su constante y pertinaz vocación de poeta. Siempre quiso serlo y al final mírale, llenando con sus rimas los libros de literatura de la ESO y también alguna carpeta de esas que forran con la jeta del pibón de moda, que haberlas hailas. Y tu te marchas de esta vida de forma austera. Sin más gloria que el hecho de haber resistido 25 cortos años. Otros no aguantaron ni el primer asalto, dijiste. Qué asalto: el de los 6 años cuando descubres que los reyes son los padres, el de los 10 con tu primer suspenso, el de los 14 cuando tu chica te deja y crees que el mundo se acaba al final del océano, el de los 16 con tu primera resaca, el de los 18 con tu primer trabajo basura....a qué asalto te refieres. Tú que ni si quiera tuviste nunca que enfundarte los guantes. Tú que no has pisado un ring en tu vida. Siempre observaste el mundo desde el balcón de tu ala oeste, cómoda en tu torre de marfil del barrio de salamanca. Cuando la vida ardía en el sur. Cuando la gente se mataba y se sigue matando en hora punta, allá abajo, por un trozo de nómina que llevarse a la boca. ¿Y dices qué has cumplido?
Durante nuestro breve café, apenas te conté dos sonrisas-estamos en crisis, bromeaste- y un puñado de suspiros que colmaron de vaho la tarde y trajeron de nuevo el invierno de nuestra ruptura a este julio angosto que hoy nos vio mentirnos. Ni tú ni yo nos alegramos de volver a vernos. Ni si quiera tuve una erección contigo. Hasta diría que nuestro abrazo final fue un orgasmo fingido. Como todas las promesas y aniversarios que celebramos. Solamente éramos una pose. Pura estética. Al verte, y verme contigo en la cafetería, después de tanto, tanto tiempo, lo supe. Nada nos unía entonces, y nada nos une ahora. Y sin embargo, en aquel tiempo follábamos y hasta creíamos que hacíamos el amor. Qué cosas.
Apenas duró nuestro reencuentro una hora escasa. Tú tenías prisa por irte de compras y yo a estas alturas de nuestro idilio ya no necesito mentirte.
En ese último instante en que nuestros dos cuerpos se fundieron efímeros como antaño, en un vano intento de parecer interesados el uno en el otro, miré de reojo el cristal del escaparate donde nos reflejábamos distantes. Inertes. Y el espejo me devolvió una imagen de mí algo más joven tomando la decisión correcta. Qué cosas.
Foto sacada de alejandra64.files.wordpress.com

2 comentarios:

Nyama dijo...

Wow: la dibujas para lapidarla, para reafirmarte; Es tu ego diciendo: "sí, así tenía que ser, sólo así", tu último adiós. (Y la página ya no duele).

Marta dijo...

hola, k tal?
¡Tus posts geniales como siempre!
ei, pasate cuando puedas por http://elbauldelosmicrorelatos.blogspot.com/
¿ Participas?
pd: ¡¡¡petoneeeeeets!!!