domingo, 22 de junio de 2008

Rollitos de primavera


Al día siguiente era domingo. No tenía mucho que hacer. Había pasado la mañana en el Rastro, buscando una lámina en concreto por todos los puestos de pintura. Pero nada. Aquella mañana, la hermana de Dalí se me resistía. Comí en un bar cercano. Un par de cervezas y un pincho de tortilla.
Llegué a casa pasadas las tres. Miré el teléfono con ansia. Pero tú también te resistías.
Pasé la tarde leyendo, buscándote entrelíneas. A las diez sonó el timbre. Abrí la puerta y ahí estabas dispuesta para mí en mi imaginario apostada sobre el marco.
Pagué la cena al chino y cené en silencio. No existen menús para solo una persona, pensé. Todo está montado para tener que hacer las cosas en pareja. Mientras desmenuzaba mi rollito, me acordé de la escena de Lucía y el sexo, cuando Paz Vega pide una paella en la terraza y le dicen que el pedido mínimo es para dos y ella se larga llorando. Qué gran película.
Te obligan a tener a alguien a tu lado, aunque os odieis, aunque lo único que tengáis en común sean vuestros nombres en el buzón. Te instan a ser dos, un dúo, Romeo y Julieta, Harry y Sally, Robin y Marian, La Bella y la Bestia, Aladdin y Yazmín, Shreck y Fiona...para comer, para pagar un piso, para ir a una boda. ¿Y si no te apetece o simplemente revindicas tu espacio y el vivir juntos pero separados? Te jodes, no comes, o pagas más, y por supuesto, olvídate de hacerte cargo de una hipoteca tu sólo. El mundo es par. Los impares están mal vistos. Desentonan.
El caso es que apenas cené. Me fui a la cama sugestionado. Tal vez porque esta sociedad avanza cada día cinco pasos más y yo sigo en la línea de salida buscando mi sitio o porque hoy no llamaste, y mañana es lunes, y no estarás aquí cuando suene el maldito despertador.



Foto sacada de conlasmanosenlagrasa.blogspot.com

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