¿Por qué lloran las mujeres?
En lo que va de mes -tan sólo ocho días- he visto y oído llorar a cuatro mujeres.
La primera estaba sentada en un banco. Traje de ejecutiva y perfecta manicura. Y un maletín, suyo supuse, abierto en canal. Con todos los papeles desperdigados por el suelo.
La mujer lloraba y gimoteaba, vencida. Hastiada. Y en medio de todo, un deseo: morirse.
¿Posible causa de su desazón? Tal vez un despido, o demasiadas facturas que pagar (entre los papeles había varias, de hecho).
La segunda mujer se desahogaba desconsoladamente en un andén de metro. El suyo era un llanto lento. Pegado a la mejilla. Posiblemente el poso de una tristeza anterior.
Estaba mirando el móvil, paralizada. Quizás alguien, al otro lado de la línea, había roto con ella hace unos días. Y aún no lo había asumido.
Quién sabe.
Como ella, una tercera fémina, que sollozaba a la salida de un hospital. Sentada en las escaleras de la entrada, la mujer sujetaba sus piernas, encogida, formando un pequeño bulto de desgracias que, según parecía, se le venían encima. "¿Por qué a mí, díos mío, por qué a mí?", se preguntaba retórica, mientras se balanceaba.
¿Un embarazo no deseado? ¿Una enfermedad incurable?
Y la cuarta, fuiste tú. Pero no alcanzo a comprender por qué llorabas.


