martes 8 de diciembre de 2009

¿Por qué lloran las mujeres?



En lo que va de mes -tan sólo ocho días- he visto y oído llorar a cuatro mujeres.

La primera estaba sentada en un banco. Traje de ejecutiva y perfecta manicura. Y un maletín, suyo supuse, abierto en canal. Con todos los papeles desperdigados por el suelo.

La mujer lloraba y gimoteaba, vencida. Hastiada. Y en medio de todo, un deseo: morirse.

¿Posible causa de su desazón? Tal vez un despido, o demasiadas facturas que pagar (entre los papeles había varias, de hecho).

La segunda mujer se desahogaba desconsoladamente en un andén de metro. El suyo era un llanto lento. Pegado a la mejilla. Posiblemente el poso de una tristeza anterior.

Estaba mirando el móvil, paralizada. Quizás alguien, al otro lado de la línea, había roto con ella hace unos días. Y aún no lo había asumido.

Quién sabe.

Como ella, una tercera fémina, que sollozaba a la salida de un hospital. Sentada en las escaleras de la entrada, la mujer sujetaba sus piernas, encogida, formando un pequeño bulto de desgracias que, según parecía, se le venían encima. "¿Por qué a mí, díos mío, por qué a mí?", se preguntaba retórica, mientras se balanceaba.

¿Un embarazo no deseado? ¿Una enfermedad incurable?




Y la cuarta, fuiste tú. Pero no alcanzo a comprender por qué llorabas.

sábado 5 de diciembre de 2009

Sobre películas 'moñas'

No soy yo de ver muchas pelis 'moñas'. De amor, vaya. Y no las veo, digo, no por mi condición de macho viril y testicular, sino por lo previsible de la cinta en cuestión. A saber: chico conoce chica. Chico y chica dan largos paseos como dos moñas por Central Park, los campos Elíseos, o la Gran Vía, si me apuran.

Ríen, comparten un helado, y a él, que es muy torpe, se le cae encima. Y entonces ella, en una revelación, ve los lamparones de chocolate en su camisa, y se da cuenta de que es el hombre de su vida. Tras lo cual llega la noche, y el momento del primer beso: un piquito de mierda.

Después follan a oscuras, y todo es maravilloso hasta la mitad de la película, cuando surge un problema del tipo 'el fulano sigue casado, aunque ya no esté con su mujer', y ella se cabrea mucho muchísimo y le pide que se marche de casa, no sin antes tirarle los zapatos a la cara, e insultarle entre sollozos.

Y todo es muy triste, y la pobre, ay, se salta la dieta y se compra una tarrina enorme de helado del Ben & Jerry´s, y se la come a solas en su casa. Y, claro, se acuerda de los momentos que compartió con él, que en ese instante está con Matthew, su amigo de la universidad, emborrachándose en un bar irlandés y diciendo cosas como: "La quiero tío y voy a luchar por su amor".

Y en esas, tachán-tachán, llega la escena cumbre. Por lo general en un aeropuerto. Ella ha decidido irse del país para olvidarle, y está en la cola de embarque. Y él, que se ha corrido toda la ciudad entera porque no había un puto taxi, llega sudoroso y hecho un cristo. Y le dice, no te vayas, te quiero, y quiero casarme contigo. Y la gente de alrededor se pone de su lado y zanja la cuestión con un "bésale mujer, que es buen muchacho".

Y ahí acaba la película, con la cámara girando alrededor de ellos mientras se besan, y la peña aplaudiendo.

Fin.




Por eso, insisto, no veo pelis 'moñas'. Porque se sabe de antemano cómo van a acabar. Aunque, como en todo, también hay excepciones.

Hace unos años vi Los puentes de Madison, y, ostia puta, me encantó. Sobre todo esta escena en concreto, que me puso el corazón de corbata.




Si no han visto la peli, y quieren verla, no sigan bajando pues es el final de la misma.

Si no, delen al play. Y tiren fuerte del manillar:

viernes 4 de diciembre de 2009

Siempre me enamoro de noche


Siempre me enamoro de noche. Nunca de día. Y además, entre la una y las seis de la mañana. Es mi franja amorosa. Cuando tengo las defensas bajas.



El problema viene al despertarme, que nunca me acuerdo lo que estaba soñando.






Imagen sacada de javiervallas.es

jueves 3 de diciembre de 2009

Otoño



Hoy es uno de esos días grises, otoñales, que hacen de Madrid una ciudad cualquiera.

En otoño, todas las ciudades se parecen. Hay hojas secas, y sucias paredes mugrientas, que lloran mensajes agrietados. La lluvia huele a orín. Y en la calle, un pobre pide que sea julio y le sirvan un tinto de verano bien frío. Helado.

Y uno camina entre la gente, entre los escombros de un jueves cualquiera, y se da cuenta de que en otoño también las personas se parecen demasiado. Altos, bajos, rubios, morenos. En lo sustancial, todos buscamos un imposible: que florezcan las flores en diciembre.

Que el amor no sea tan complicado.

miércoles 2 de diciembre de 2009

¡Viva el sida!

Ayer fue el Día Mundial contra el sida. Y en Intereconomía lo celebraron por todo lo alto:




¡No al condón, ni un ápice de goma para esos iletrados de uñas largas y sucias, y clima nefasto!



P.D.: 0:41-0:46. Sin comentarios.




Visto aquí.

sábado 28 de noviembre de 2009

Te guardé una entrada para el desconcierto



Me comenta yomisma que ya tenemos las entradas para ver a Los Secretos el 18 de diciembre en las Ventas. Y esta vez no tengo que cubrirlo. De modo que pienso ponerme hasta las patas de nostalgia y dejarme hasta la última cuerda de la garganta.

Y como canten esta canción de José María Granados, que nunca cantan en los conciertos, ya podré morirme tranquilo.

martes 24 de noviembre de 2009

Dos locos



Me duele la piel de estar en tu espalda
Me duele la risa de usarla en la playa
Que mira la vida contigo mojada
Me duele el reloj, ya se que se acaba

No acabes amor, que empieza la duda
Nos queda un colchón de salitre y cura
Por manta un avión con alas de luna
Sonríen los dos, le escribe en la nuca

Somos dos notas comunes
En un jardín de tu barrio
Soy una especie de colgado, colgado

Somos el norte y el este al sur de piedras y charcos
Somos dos locos, enamorados, por un rato

Fueron brillando a lo lejos como la estela de un faro
Fueron gaviotas, volando largo
Fueron sirenas y luces, con sus padres a buscarlos
Jamás volvieron a ser humanos, humanos.



.....


¿Te imaginas que nos hubiésemos fugado juntos?